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La fiebre de oro incita los atracos de película en Medellín

Dos muertos, 17 detenidos de varios casos y un método similar forman el rompecabezas de estos asaltos.

  • Varios transeúntes lograron grabar la balacera en el exterior de una fundidora de la avenida Las Vegas, en El Poblado, entre los asaltantes y las patrullas de la Policía. FOTOS CORTESÍA Y ARCHIVO
    Varios transeúntes lograron grabar la balacera en el exterior de una fundidora de la avenida Las Vegas, en El Poblado, entre los asaltantes y las patrullas de la Policía. FOTOS CORTESÍA Y ARCHIVO
  • A la izquierda, el atraco en la fundición de oro de la avenida Las Vegas; a la derecha, el del edificio Forum. Más de 10 motociclistas pasaron a recoger a los asaltantes en las afueras de los lugares. FOTOS DE CORTESÍA.
    A la izquierda, el atraco en la fundición de oro de la avenida Las Vegas; a la derecha, el del edificio Forum. Más de 10 motociclistas pasaron a recoger a los asaltantes en las afueras de los lugares. FOTOS DE CORTESÍA.
  • En la recepción del edificio, un hombre de civil que portaba un fusil dirigía a los demás asaltantes. CORTESÍA.
    En la recepción del edificio, un hombre de civil que portaba un fusil dirigía a los demás asaltantes. CORTESÍA.
  • Escena del crimen en el barrio La Loma de los Bernal, en el suroccidente de Medellín, donde fue asesinado alias “Fercho” el pasado 14 de septiembre. FOTO: SANTIAGO OLIVARES TOBÓN.
    Escena del crimen en el barrio La Loma de los Bernal, en el suroccidente de Medellín, donde fue asesinado alias “Fercho” el pasado 14 de septiembre. FOTO: SANTIAGO OLIVARES TOBÓN.
Por Nelson Matta Colorado | Publicado el 07 de noviembre de 2021

Los dos asaltos más truculentos y espectaculares que han presenciado los habitantes de Medellín en los últimos cuatro meses tienen tantos elementos en común, que parecen planeados por las mismas mentes criminales.

El primero sucedió el pasado 26 de julio en el barrio Los Balsos N°2, donde los ladrones irrumpieron en la comercializadora de oro Land Green SAS, ubicada en el piso 17 del edificio Forum, y extrajeron 12 lingotes de oro de un kilo cada uno, valorados en $2.400 millones; $400 millones en efectivo y joyas, celulares, un revólver, un radio y dos portátiles, para un estimado total de $2.850 millones.

En el segundo, ocurrido el 4 de noviembre en el barrio Manila, ingresaron a una fundición y usurparon 3.148 gramos de oro sin purificar, por valor de $550 millones; una escopeta, otro radio y un chaleco antibalas, para un avalúo cercano a los $565 millones.

A simple vista se nota que coinciden varios asuntos: en ambos casos iban por el metal precioso, en vecindarios concurridos de El Poblado y en horas de la mañana. Pero al analizar el modus operandi en detalle, surgen tres similitudes que tienen cavilando a los detectives de la Sijín y el CTI: la procedencia de los implicados, el arsenal empleado y el método de ejecución.

1. Convocatoria criminal de varias ciudades

El primer factor es el lugar de origen de los involucrados, una selección de bandidos que proceden de tres lugares principalmente: 1). Bogotá, donde al parecer se consiguen los carros para los asaltos; 2). La Costa Atlántica, en la que se adquieren las motos; 3). El noroccidente de Medellín, de cuyas comunas (Castilla, Doce de Octubre y Robledo) se recluta la mayoría de los autores materiales.

En el hurto de Forum, según el expediente conocido por EL COLOMBIANO, un informante les contó a los policías, en una entrevista confidencial del pasado 5 de agosto: “Después del robo, se regó el rumor de que habían sido unos pelados del barrio con unos ‘rolos’ (bogotanos), que supuestamente traían carros para que no les cogieran cola acá en Medellín y que habían conseguido varias motos de diferentes partes. Escuché que en esa vuelta había estado un man que le dicen ‘El Loco’, otro que le dicen ‘El Rolo’, un tal ‘Darío’ y ‘Tavio’, este último vive en Pedregal (un barrio del Doce de Octubre)”.

Las cámaras de identificación de placas (LPR) del Sistema 123 detectaron que dos carros usados por la banda aquel día, un automóvil BMW Serie 3 y un Ford Fiesta, salieron de la frontera de Castilla y el Doce de Octubre.

Después del golpe, regresaron escoltados por varias motos a la misma zona. La caravana recorrió Barrio Antioquia, Belén Fátima y fue captada por otra cámara en la carrera 74 con la calle 81 del barrio López de Mesa, allá en el Doce.

Al día siguiente, el Ford Fiesta fue incautado en un parqueadero de Pedregal, y a las 48 horas la Sijín encontró el BMW en la carrera 50 con la calle 10 sur, cuando era transportado por un camión tipo cama baja.

El chofer del planchón contó que “me contactaron por Whatsapp para llevar ese carro a Bogotá, por $400.000”. Dentro del vehículo había gorras y chaquetas de Policía, con las que los asaltantes se habían disfrazado.

En cuanto al robo de la fundidora, entre los 10 detenidos “hay tres personas oriundas de Bogotá y uno de la Costa norte”, detalló el coronel Rolfy Jiménez, subcomandante de la Policía Metropolitana.

Estas personas se habían hospedado en un hotel de la carrera 70, el cual fue allanado por las autoridades, sin encontrar nada sospechoso.

En esa lista de capturados también hay tres residentes del noroccidente de la ciudad (dos del Doce y uno de El Diamante). De igual manera, la Policía señaló que las motos y el taxi usado para escabullirse fueron rumbo a esos sectores.

A la izquierda, el atraco en la fundición de oro de la avenida Las Vegas; a la derecha, el del edificio Forum. Más de 10 motociclistas pasaron a recoger a los asaltantes en las afueras de los lugares. FOTOS DE CORTESÍA.
A la izquierda, el atraco en la fundición de oro de la avenida Las Vegas; a la derecha, el del edificio Forum. Más de 10 motociclistas pasaron a recoger a los asaltantes en las afueras de los lugares. FOTOS DE CORTESÍA.

2. Ejecución al estilo de los comandos

La segunda y la tercera similitud entre los dos eventos radican en su ejecución y arsenal, dos asaltos al estilo comando y con la misma clase de armamento: fusiles con silenciador, subametralladoras y pistolas 9 m.m.

Ambos golpes se dieron en cuatro pasos, comenzando con la suplantación de autoridades. En Forum, unos llegaron con chaquetas y gorras de la Sijín, otros de civil y dos con uniformes de la empresa Miro Seguridad, los cuales tenían la misión de suplantar a los guardas de la recepción y el sótano del edificio.

En la fundición, los primeros ingresaron con bandejas de comida, simulando ser los domiciliarios que traían el almuerzo para los empleados a esa hora. Otro par vestían como agentes de tránsito, con lo que lograron desviar el flujo vehicular de la av. Las Vegas.

En ambos escenarios a los guardas de seguridad les robaron el arma de dotación y les amarraron las manos y pies con zunchos plásticos.

El siguiente movimiento fue violentar entradas. En este último caso, emplearon una volqueta robada con guardabarros reforzado, con la que derribaron la puerta frontal.

En Forum usaron un ariete de metal para destruir la chapa de la oficina 1701, en la cual funcionaba la comercializadora de oro. Allí los asaltantes reconocieron al contador, lo empujaron contra la caja fuerte y lo obligaron a abrirla.

Los testimonios del informante y los rehenes sirvieron para identificar al presunto sospechoso que usó el ariete: Carlos Giraldo Quintero, alias “Tavio”, de 32 años y residente en Pedregal. Lo capturaron en dicho barrio el 29 de septiembre.

Él dijo ser un trabajador independiente, aunque el informante indicó que “ese pelao como que vende vehículos, muchas veces lo ve uno en carros y motos lujosas”.

El tercer paso fue la incursión armada. Llama la atención que en los dos episodios, entre todos los automotores empleados, participó una camioneta blanca tipo Van.

Mientras unos sometieron a los empleados y visitantes de los negocios, otros tenían la función de buscar el oro.

La última escena es la huida, para la cual se usaron entre 10 y 15 motos, que recogieron a los compinches y escaparon por distintas vías, para luego encontrarse en el noroccidente. Se estima que en cada hurto hubo, por lo menos, 30 asaltantes, que no tardaron más de 8 minutos en su incursión.

Esta metodología sugiere que los bandidos recibieron idéntico entrenamiento y que el plan pudo haber sido fraguado por las mismas mentes maestras.

En la recepción del edificio, un hombre de civil que portaba un fusil dirigía a los demás asaltantes. <b>CORTESÍA.</b>
En la recepción del edificio, un hombre de civil que portaba un fusil dirigía a los demás asaltantes. CORTESÍA.

3. Fiebre de oro entre las bandas locales

De los hechos se deduce que no se trata de delincuencia común, sino de ardides del crimen organizado.

Aunque los casos de Forum y la av. Las Vegas son los más sonados, hay varios de este estilo en los últimos dos años. El pasado 16 de mayo falsos policías robaron $3.000 millones en joyas y dinero, en un condominio de El Poblado; el 15 de diciembre anterior, otros disfrazados de la Dijín atracaron una joyería del Centro, llevándose $195 millones en oro, alhajas y efectivo, por citar algunos episodios (ver la cronología).

Tanto El Poblado como el Centro son consideradas “comunas despensa” en el argot delincuencial, es decir, zonas en las que “todos” pueden delinquir sin permiso porque no hay un único grupo mafioso que las regente.

Analistas de la Fuerza Pública consideran, además, que actualmente hay un desorden en las jerarquías ilegales de la ciudad, en ausencia de los capos de antaño, razón por la cual las bandas más influyentes (como “la Oficina”, “la Terraza”, “los Chatas” o el Clan del Golfo) no tienen la capacidad para regular los hurtos, como antes lo hacían, según su conveniencia.

Otra hipótesis es que, teniendo cómo hacerlo, han perdido interés en dicho control, lo que deja el camino expedito para que otros grupos atraquen a sus anchas.

La Policía sospecha de tres confederaciones ilegales que estarían inmiscuidas en los robos con suplantación de autoridad: “Robledo” (o “los Pesebreros”), “la Oficina del Doce” y “Picacho”, que agrupan a la mayoría de los combos barriales del noroccidente.

El interés por hurtar oro implica que hay un mercado negro bastante activo, sobre todo después de la pandemia, cuando los precios internacionales del metal se incrementaron, debido a la desconfianza en las acciones y divisas, muchas de las cuales tambalearon por las cuarentenas.

“En Antioquia y Chocó hay muchas comercializadoras y compraventas informales, que reciben ese oro sin preguntar si es robado o no, y fácilmente lo camuflan en el comercio legal”, apuntó un agente judicial (ver el recuadro).

El problema de fondo es que donde hay mafias y oro, no faltan los muertos.

Escena del crimen en el barrio La Loma de los Bernal, en el suroccidente de Medellín, donde fue asesinado alias “Fercho” el pasado 14 de septiembre. <b> FOTO: SANTIAGO OLIVARES TOBÓN.</b>
Escena del crimen en el barrio La Loma de los Bernal, en el suroccidente de Medellín, donde fue asesinado alias “Fercho” el pasado 14 de septiembre. FOTO: SANTIAGO OLIVARES TOBÓN.

4. La muerte rodante llegó a cobrar

En la noche del 13 de agosto de 2021, Fernando José Romero Pabuena, de 39 años, jugaba parqués con un conocido en la acera de su casa, en el barrio Belén Rincón. En ese momento llegó un sicario y le propinó varios disparos, antes de huir en una motocicleta.

Romero sobrevivió de milagro, y al ser dado de alta decidió mudarse de vecindario, por seguridad, a la Loma de los Bernal. Sin embargo, su sentencia ya estaba dictada.

A las 9:00 a.m. del 14 de septiembre siguiente conducía su moto en compañía del hijo de 14 años, y al pasar por la carrera 81 con la calle 4G de Los Bernal fue interceptado por otros mercenarios, que lo acribillaron.

El adolescente solo sufrió golpes en la caída, pero tuvo que contemplar la muerte de su padre. La familia contó que Romero era de Caucasia, Antioquia, y que trabajaba en un parqueadero de Envigado.

No obstante, en la base de datos judicial desde 2009 le figuraban 16 anotaciones por concierto para delinquir, porte ilegal de armas, hurto calificado y agravado, lesiones culposas, receptación y constreñimiento ilegal. En 2017 había sido condenado a cuatro años y medio de prisión por el Juzgado Promiscuo del Circuito de Chinú (Córdoba), por porte ilegal de armas.

La víctima era apodada “Fercho” y al parecer había integrado una banda denominada “los Ferchos”, conocida por robar motos y autopartes en Córdoba, Sucre y Bajo Cauca, es decir, en la ruta a la Costa Atlántica.

Los agentes de la Fiscalía siguen una pista, según la cual “Fercho” habría suministrado algunas de las motos a los asaltantes de Forum, y a raíz de eso fue aniquilado.

Este es el segundo homicidio relacionado con la oleada de robos de oro. El 13 de junio pasado mataron a Juan Camilo García Vásquez, alias “la Camila”, en su casa del barrio López de Mesa.

Estaba en detención domiciliaria, tras haber sido capturado por su presunta participación en un atraco a la mina La Ye, de Zaragoza (2020), en el que hombres disfrazados de funcionarios de Corantioquia robaron 47 lingotes de oro avaluados en $7.500 millones.

“La Camila” comenzó a cooperar con las autoridades y fue clave para detener a seis supuesto miembros de la banda “Robledo”, que no solo estarían implicados en el hurto a la mina, sino en el de los $3.000 millones del condominio de El Poblado.

En retaliación a sus confesiones, un sicario lo visitó en su propiedad y le disparó en la cabeza.

Los dos muertos y los capturados hacen parte del enigma que deben resolver los investigadores. Por el caso de Forum está preso alias “Tavio”; por el de la fundidora, 10 supuestos atracadores (uno fue dejado ayer en libertad por tratarse de una confusión); y por los hechos del condominio y la mina, hay otros seis.

Aún así, todos ellos son meros peones de los cerebros del crimen, personajes en la sombra que pasan meses planeando el rompecabezas de la fiebre del oro en Medellín.

Contexto de la Noticia

¿Por qué el oro está en la mira de la delincuencia?

POR GUSTAVO OSPINA ZAPATA

A la pregunta de por qué el oro se ha vuelto un objetivo de la delincuencia en Medellín
y Antioquia, Rubén Darío Gómez, secretario general de la Confederación Nacional
de Mineros de Colombia (Conalminercol), responde que parte de la culpa la tiene
el Gobierno, que implementó una persecución al oro, asociándolo a la criminalidad.
“Al equiparar el oro, que es una actividad
que genera regalías, a la cocaína, que es una actividad criminal, lo puso en el ojo del
huracán y hoy es un botín perseguido
por los delincuentes”.

Añadió que en este fenómeno también tiene que ver la pandemia, que generó crisis en los diferentes países y obligó a los estados a adquirir reservas del metal. “En unos estados se disparó la demanda y en otros la venta. Hay una mayor demanda mundial y un mercado internacional que el gobierno no es capaz de controlar”. Gómez indicó que en Colombia, por la persecución a los mineros informales y a los ilegales por parte de las autoridades, la producción ha disminuido. Lo dice en cifras: “En 2012 y 2013 las estadísticas de Planeación Nacional registraban una producción de 62 toneladas. En el actual periodo es de 32 toneladas. Ese oro informal antes figuraba en las estadísticas porque generaba regalías, ahora con la criminalización que se ha hecho no es así”. Sin embargo, la Agencia Nacional de Minería registra en 2020 una producción de 41 toneladas contra 61 de 2016, un caída no tan pronunciada. Un comercializador de oro que pidió reserva de identidad dice que con el estigma que ha puesto el gobierno sobre la actividad ni los bancos les permiten abrir cuentas a los mineros, el pago se les hace en efectivo por parte de las comercializadoras, con los riesgos que ello conlleva. “Además, como a los informales los tildan de ilegales, para la delincuencia es más fácil robarles a otros ‘delincuentes’ porque no hay investigaciones”.

Egresado de la U.P.B. Periodista del Área de Investigaciones, especializado en temas de seguridad, crimen organizado y delincuencia local y transnacional.


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