Pico y Placa Medellín
viernes
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Las balaceras entre combos delincuenciales ajustan tres meses, pese a la intervención de las autoridades.
Cada vez que en el vecindario se prende la balacera, la abuela Carmina* se aleja de la ventana, por donde ya se han colado proyectiles. Agarra el teléfono y se refugia en su cuarto, a llamar uno por uno a los hijos que residen en la zona. Quiere confirmar que no estén en la calle, y si lo están, que aún vivan.
Su nieto de cinco años le dice que “si siguen dando bala, nos van a matar”. Y ella le contesta, entre el ruido de los cañones: “no, ellos se matan entre ellos. ¿Por qué a nosotros, si no tenemos nada que ver en el conflicto?”.
La zozobra de esta escena se ha repetido cada día, cada madrugada o noche, durante los últimos tres meses, en su casa de Los Cerezos y otras más de ocho barrios en el corregimiento Altavista y la frontera con Belén, en el suroccidente de Medellín.
Los habitantes de este sector conviven desde hace una década con bandas que, en la búsqueda del control territorial, el cobro de extorsiones y las venganzas, provocan rachas de violencia con relativa frecuencia, a pesar...