¿Qué tiene él que yo no tenga?

Carolina Correa Cano
Aprendiz de Comunicaciones
Prensa Escuela EL COLOMBIANO

Las relaciones humanas están siempre permeadas por emociones y por ideas que nos hacemos de los demás. Precisamente, son esos sentimientos los que determinan nuestros comportamientos dentro de la sociedad, día a día. 

Liliana Zambrano en su columna ¿Qué tiene él que yo no tenga?, publicada por el Taller de Opinión del periódico El Colombiano, en su edición del 8 de junio, se refiere a uno de esos sentimientos: la envidia. 

Esta estudiante de Comunicación Social define la envidia como la incapacidad de aceptar el triunfo del otro, “la tristeza ante el bien ajeno”. De esta manera, le propone al lector que reflexione sobre todo lo que él mismo debería cambiar para lograr aquello que tanto anhela.

Prensa Escuela lo invita a leer este texto y a dialogar con sus estudiantes sobre cómo la sociedad determina lo que se debe anhelar de los otros: estilos de vida, logros, riquezas y medidas corporales, entre otras características. Asimismo, lo invitamos a responder el interrogante de qué se entiende por éxito desde su entorno académico.

Que esta columna sea la oportunidad de descubrir si a lo largo de la historia se han deseado y envidiado los mismos elementos que hoy quisieran tener hombres y mujeres.

La misión fallida de la educación

Carolina Correa Cano
Aprendiz de Comunicaciones
Prensa Escuela EL COLOMBIANO

En Prensa Escuela resaltamos la producción de contenidos responsables. En esta ocasión, reconocemos el trabajo realizado por un joven universitario en la columna que el Taller de Opinión de El Colombiano publicó el 11 de junio de 2015.

En ella, el estudiante Diego Alejando Cifuentes plantea dos interrogantes que no deberían perderse nunca de vista: ¿para qué somos educados en Colombia? ¿Cuáles son los fines sociales de la educación en nuestro país? Cuestiones que surgen desde su propia experiencia académica.

Lo invitamos a leer esta columna de opinión que lleva por título La misión fallida de la educación, en la que el autor expone una misión del Ministerio de Educación que pareciera no trascender del papel a la cotidianPrensa Escuelaidad.

Que este texto sea la oportunidad para valorar la palabra de los jóvenes, pues son ellos quienes proponen transformaciones fundamentales en la educación que reciben diariamente.

Asimismo, esperamos que lo inspire para examinar las preguntas que guían su labor como docente y a continuar propiciando espacios en los que sus estudiantes analicen el entorno educacional en el que se encuentran.