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Estudiar desde la posibilidad de crear

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Por Isabel Vallejo | Publicado el 09 de agosto de 2019
en definitiva

Involucrar todos los sentidos en el aprendizaje estimula el desarrollo de habilidades y talentos. El arte como eje educativo es una estrategia presente en diferentes modelos de formación.

Hay colegios que han sumado a su metodología de aprendizaje, modelos y miradas alternativas abordadas desde el arte; una combinación que busca incentivar en los estudiantes una visión más holística del mundo.

En este tipo de currículo, por ejemplo, los fraccionarios y la geometría se aprenden desde la experiencia de porcionar una torta o hacer una pizza; el abecedario desde las imágenes, el movimiento, el diseño de formas; los números desde el conteo de piedras y el salto de un lazo, y la historia desde el arte de la palabra y la narrativa. Lo que no quiere decir que se excluya la teoría de las asignaturas. Lo que se teje es una transversalización de todas las manifestaciones artísticas en las distintas clases, como una oferta de valor para la formación de niños y jóvenes de manera más integral. AsÍ, cada estudiante aprende a su ritmo y en respuesta a sus propias necesidades y curiosidades.

“Utilizar el arte no como un fin, sino como un medio nos permite gestionar el aprendizaje y generar una mayor recordación. En la educación tradicional, generalmente, conectamos lo visual y lo auditivo, mientras que con el arte tocamos todos los sentidos. Despertamos la creatividad, la percepción, el tacto, la escucha y el aspecto visual. Además, si aprendemos de manera divertida, liberamos neurotransmisores que nos generan felicidad, lo que nos lleva a aprender de forma más natural”, explica la psicóloga Martha Isabel Parra.

Otras habilidades que desarrollan estos métodos son la capacidad de escucha, de ponerse en el lugar del otro, de trabajar en equipo, de cooperar sin competir, de ayudar, de tolerar la frustración, de ser libre, independiente y caminar hacia un propósito que apasione.

Experiencias locales

En Medellín, el Instituto Musical Diego Echavarría es uno de los centros educativos que encauza la sensibilidad a partir de un plan de estudios musical formal. “El arte hace parte de la creación humana y estamos convencidos de que, más allá de preparar a los estudiantes en la técnica y formarlos para el trabajo y la productividad, hay que permitirles que desarrollen sus talentos y habilidades, dándoles las herramientas para que involucren todos sus sentidos. En el Instituto trabajamos bajo el formato orquesta sinfónica, los niños exploran con cuerdas y cuando llegan a sexto grado escogen el instrumento con el que van a continuar su formación y se gradúan con un recital. Están los instrumentos de percusión, de viento... El piano sí los acompaña todo el tiempo, porque es muy completo y contribuye al desarrollo del oído armónico”, indica Inés Giraldo, directora general de esta escuela.

Por su parte, en La Estrella, Antioquia, el colegio Waldorf Rudolf Steiner opera bajo la pedagogía Waldorf, que consiste en que cada alumno aprenda a través de sus propios descubrimientos. El método ayuda a sus estudiantes a desplegar su imaginación, sensibilidad, creatividad e inteligencia por medio de competencias artísticas como el teatro, las artes plásticas, la danza, la fotografía, la pintura, entre otras. “En el alma de los niños se encuentran sus facultades principales: el pensar, el sentir, el actuar. Cuando están en nivel preescolar, es decir, en los primeros siete años de vida, hay que moldear su aspecto físico, son puro movimiento; de los siete a los catorce años hay que enfocarse en sus pensamientos desde las emociones y las sensaciones, y entre los catorce y los veintiuno, en su despertar al conocimiento”, explica María Cristina Carvajal, coordinadora académica.

Entre otras pedagogías alternativas se encuentra el método Montessori, que ve en la motivación propia el desencadenante del aprendizaje. Así, el desarrollo del ser como eje central del proceso de formación, la personalización de la enseñanza, las experiencias como puentes de aprendizaje, las actividades al aire libre y la promoción de habilidades son los puntos en común de los currículos, en los que el arte se conecta con la sensibilidad humana.

Contexto de la Noticia

PARA SABER MÁS La espontaneidad en la niñez

“El arte debe estar presente en su cotidianidad. La fantasía es parte de su realidad y debe estimularse para contribuir a su desarrollo físico e integral. En los primeros siete años de vida, los niños son ciento por ciento creativos”, explica María Isabel Parra. La pintura, la expresión corporal o el teatro fortalecen la autoestima y les brinda diferentes herramientas para expresar sus emociones. La enseñanza musical les aporta beneficios relacionados con el entendimiento de los números y ejercicios matemáticos. La especialista sugiere leerles a los niños cuentos de manera lúdica e invitarlos a interactuar con objetos que les aporten fantasía de forma positiva.

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