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El recurrente cambio de voto en la etapa final de la campaña política

Diferentes escuelas de Ciencia Política han identificado, al menos, siete motivaciones diferentes que influyen para que el ciudadano vote o no por determinado candidato.

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    Morphart
08 de mayo de 2018
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Por más fidedigna que sea una encuesta, nunca será del todo precisa. La legislación electoral solo permite publicarlas hasta una semana antes de elecciones, lo que significa que la información se empieza a recoger faltando dos semanas para la elección, tiempo suficiente para quemuchas personas cambien su decisión.

El voto útil o estratégico empieza a rondar la conciencia de miles de personas, que si bien durante toda la campaña tuvieron una opción preferencial, a última hora deciden cambiarlo porque, por sus propios cálculos, o inspirados en esas últimas encuestas, creen que perderán su voto, entonces buscan otra opción más afín, pero con opción real.

En el plano local ocurrió algo parecido en las elecciones de 2015 para la Alcaldía de Medellín. Juan Carlos Vélez era el líder absoluto en las encuestas, y quien tenía opción de alcanzarlo era Federico Gutiérrez, por eso, al final, muchos simpatizantes de Alonso Salazar apoyaron al candidato de Creemos.

Las tipologías de voto

Otro segmento poblacional vota por convicción, o para que no gane otro, o por un interés económico, social o político, por filiación partidista o pastoril, o por libre opinión.

Según Patricia Muñoz Yi, docente de Ciencia Política de la U. Javeriana, existen cuatro grandes escuelas que intentan explicar por qué la gente vota. La primera es la economicista, que explica el voto por razones económicas, la evaluación costo-beneficio o sobre cuánto va a mejorar la condición de trabajo, los ingresos o las condiciones de mi empresa.

“Ese voto es muy decisivo en Estados Unidos. Un ejemplo fue la reelección de Bill Clinton, cuando la economía estaba pasando por un buen momento. El escándalo sexual con Mónica Lewinsky no logró hacer mella”, dijo.

En segundo lugar está el voto por razones sociodemográficas, como el género, la edad, el estrato socioeconómico, los niveles de ingresos o educativos. “De allí las hipótesis de que los adultos votan más que los jóvenes”, precisó Muñoz.

La tercera escuela lo explica por razones psicológicas o emocionales, por los efectos que la campaña puede producir, las motivaciones positivas o negativas, como la alegría, el entusiasmo o el temor, la angustia o el miedo.

El cuarto resulta mucho más amplio, el de opinión, libre de ataduras partidistas, que se le atribuye a ciudadanos informados y que predomina en sectores urbanos. Puede estar marcado por diferentes factores como la consulta de programas, la construcción de imagen a través de medios y redes sociales, rasgos comunicativos, o grupos de competencias como las personales, historia de vida, experiencia.

“Otros privilegian competencias profesionales, los resultados, o la inteligencia social, que es la capacidad de relacionarse con otros, o los principios éticos que han caracterizado al candidato a lo largo de su vida personal y profesional”, agregó Muñoz.

Cultura política

La Constitución Política de Colombia consagra el voto programático, es decir, que la ciudadanía debe acercarse a las urnas por considerar que las propuestas de su candidato son las mejores, pero la realidad es otra.

Jhon Fredy Bedoya, del Instituto de Estudios Políticos de la U. de Antioquia, explicó que está el votante informado, el desinformado y radical, que lo hace por titulares de prensa y redes sociales y elimina cualquier discusión. Por último, el que toma de decisión amparado en la esperanza.

“Este último es interesante porque la gente elimina lo racional y escoge tratando de encontrar un candidato que los represente, que encarne su visión del mundo. El voto por interés, el pastoril, fidelizado y partidista no representa una visión clara de las ideologías, lo que refleja falta de cultura política”.

No obstante, para Muñoz, más que vacíos de cultura política serían deficiencias en los procesos pedagógicos y de formación de competencias o cultura ciudadana, que están asociados a la construcción de la cultura política.

“Rasgos asociados al clientelismo, a la compraventa del voto, la escasa responsabilidad cívica, la falta de control político, las pocas exigencias en la rendición de cuentas terminan marcando la actitud de los ciudadanos frente al voto”.

Para Alicia Peñaranda, del Centro de Análisis Político de la U. Eafit, las diferentes motivaciones del voto no son excluyentes, en el sentido de que una persona que vota por un partido también lo está haciendo para atajar a otro.

Al final, al momento de marcar la tarjeta electoral, lo emotivo y lo humano terminan imponiéndose.

Infográfico
El recurrente cambio de voto en la etapa final de la campaña política

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