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“Yo no estudié y estoy melo”: el polémico Westcol y su llegada a las entrevistas políticas

El ascenso de Luis Fernando Villa Álvarez, conocido como Westcol, está marcado por millonarias cifras en la plataforma Kick y sentencias judiciales por discursos de odio; ahora entrevista a Gustavo Petro y pronto a Álvaro Uribe Vélez.

  • El presidente Gustavo Petro con el influencer Westcol, quien ha tenido varias polémicas por comentarios machistas. FOTO Presidencia
    El presidente Gustavo Petro con el influencer Westcol, quien ha tenido varias polémicas por comentarios machistas. FOTO Presidencia
Daniel Rivera Marín

Editor General

hace 3 horas
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Westcol ha crecido con su audiencia: empezó haciendo videos en vivo mientras jugaba videojuegos, luego se grabó contando sus aventuras con músicos que emergían en la escena del rock de Medellín y ahora, que quiere ser padre y está a cinco años de llegar a los 30, se quiere mostrar como un hombre interesado por la política y el periodismo. Hace videos que simulan ser documentales y ahora entrevista al presidente Gustavo Petro —en las próximas semanas entrevistará al expresidente Álvaro Uribe—. Pero, ¿quién es Westcol?

Luis Fernando Villa Álvarez es el nombre de pila de esta celebridad de internet que nació el 2 de febrero de 2001 en Ciudad Bolívar, Antioquia. Su trayectoria digital inició en 2015 a través de YouTube y se consolidó en Twitch antes de migrar a la plataforma Kick en 2023, tras las restricciones de esta última sobre los juegos de azar.

Westcol opera bajo uno de los contratos más lucrativos del mercado hispanohablante, con ingresos que, según sus propias declaraciones, superan los 1.000 millones de pesos mensuales solo por su actividad directa en streaming. Su modelo de negocio se basa en una estructura de capas que incluye ganancias de hasta 17.000 dólares por una sola transmisión y eventos masivos como Stream Fighters, que ha alcanzado picos de más de cuatro millones de espectadores.

Sin embargo, su ascenso financiero ha estado marcado por un historial de declaraciones que han escalado hasta el nivel judicial. En 2024, la Corte Constitucional emitió la Sentencia T-061-24 tras una transmisión en la que Westcol profirió ataques violentos contra la población LGBTIQ+, sugiriendo el uso de la fuerza contra personas trans y amenazando de muerte a hombres homosexuales. La sentencia le ordenó capacitarse en derechos humanos y publicar un informe sobre los daños de la discriminación. A esto se suman múltiples polémicas por misoginia y violencia económica; el streamer ha defendido públicamente un modelo de relación basado en el control financiero para “humillar” y “tratar mal” a sus parejas, asegurando que es una estrategia para evitar que lo abandonen.

Sus maneras también han generado tensiones diplomáticas y gremiales. Fue declarado persona non grata en El Salvador por comentarios despectivos hacia las mujeres de ese país y ha protagonizado ataques directos contra periodistas locales, a quienes ha amenazado por la publicación de titulares críticos sobre su gestión. Es bajo ese perfil de opulencia material —que incluye propiedades de 4.000 millones de pesos y vehículos de alta gama como la Tesla Cybertruck— y un discurso que elude la corrección política tradicional, que Westcol se presenta ahora como entrevistador de los dos protagonistas de la política colombiana de los últimos veinte años.

El apretón de manos entre el presidente Gustavo Petro y el influenciador Westcol prefijo los términos de conversión de una entrevista inédita que por momentos llegó a tener casi un millón de espectadores. El muchacho antioqueño entró directo al Palacio de Nariño vistiendo de paño negro y debajo del blazer una camisa blanca perfectamente planchada, mientras el primer mandatario estaba de jean, chaqueta informal y gorra; cuando se saludaron este advirtió la mano fría, a lo que Westcol respondió: “Es que allá afuera me dejó esperando como una hora y media”.

Westcol en la Casa de Nariño en una posición extraña para él, por eso antes de empezar la entrevista a Petro advirtió que la suya era una conversación común, de un tipo que no sabe nada de política: “Me siento como ansioso de darle la mano al ‘Presi’, ¿de ahí pa’ arriba qué más hay? La élite, guevón, los iluminatis... buena pregunta esa para Petro, la de los iluminatis. A ver si se nos pone un poquito nervioso, es que yo no le voy a hacer preguntas que le hacen normalmente”.

La conversación fue sobre todo un diálogo de malentendidos, dos generaciones encontradas para desoírse. Westcol desde el primer momento quiso ir en “representación” de unos jóvenes a los que no les interesa la política —“yo no voy a ver una conferencia o un debate, yo soy como ustedes”—, sus seguidores, que no saben por quién votar en las elecciones presidenciales.

El diálogo comenzó con un recorrido por los pasillos de la Casa de Nariño, justo por un corredor donde están expuestos los retratos de casi todos los presidentes colombianos. Mientras Petro intentaba trazar una línea histórica que explicara la “aristocracia” de Colombia —mencionando apellidos como Valencia, Pastrana y Lleras que se repiten en el poder—, Westcol procesaba la información desde una lógica completamente distinta: donde el presidente veía un entramado familiar que se turna en el poder, el streamer veía una “rosca”: “épale, ahí tiró un código; todos son herederos. ¿Usted dice que ahí hay una rosca?”. Por el tema, que ha sido trascendental para Petro, pasó de largo, como algo menor.

Quizá la mejor manera de entender el encuentro es relacionarlo con un colegio: Petro fungía de profesor, parecía haber llevado a Westcol hasta la Casa de Nariño para darle una clase, pero él parecía el alumno que desconfía de lo que le enseñan, que considera que su experiencia es más importante que lo que dice un hombre con el que lo separan ya muchas décadas.

El tercer comentario que aparece en la entrevista, colgada en el canal de Youtube de Westcol —donde tiene casi dos millones de seguidores—, dice: “Tengo 74 años y este joven ha hecho una entrevista mucho mejor que los periodistas de renombre”. No se sabe muy bien de donde viene, pero señala una marca de los cambios de los tiempos en la comunicación, pues mientras un periodista le pregunta por temas de Estado como las reformas, sus peleas con el Congreso y las Cortes, y además tiene la capacidad de contrapreguntar, la Westcol es una conversación para el entretenimiento, una manera de la política soft y el periodismo que no es periodismo, pues no incomoda al poder. Allí no hay cuestionario, hay desentendidos.

Según una respuesta de la Presidencia a un derecho de petición que EL COLOMBIANO le envió meses atrás, de las 27 entrevistas concedidas por Gustavo Petro entre 2025 y las primeras semanas de 2026, 25 fueron para medios internacionales. En el registro nacional solo aparecen dos excepciones: una con el personaje de humor Juanpis González —un espacio más cercano al espectáculo que al escrutinio— y otra para una cadena radial en el marco de una visita a Washington. El dato no es menor: el mandatario parece haber sustituido la interpelación de la prensa local por la proyección de una imagen global, blindada ante las preguntas domésticas que incomodan.

Al elegir a un streamer o un canal extranjero antes que el cuestionario de un periodista nacional, se consolida una estrategia de comunicación que elude la rendición de cuentas inmediata. Se prefiere la audiencia masiva y emocional de las redes o el prestigio cosmopolita de lo internacional, dejando un vacío en el diálogo con quienes conocen los detalles minuciosos de la gestión pública. Lo que queda es un monólogo segmentado donde el disenso se etiqueta como ataque y la complacencia se celebra como la “verdadera” comunicación, mientras el periodismo de rigor asiste, desde la barrera, a la transformación de la política en un contenido más de la economía del entretenimiento.

Hay un momento en el que Petro le cuenta al influencer que ganó las elecciones de 2022 por un millón de votos de los jóvenes que participaron en las protestas del estallido social de 2021; sin embargo, este le responde que sus audiencias, entre las que cuenta a niños, estudiantes de colegio y universitarios, no toleran que hable de política: “Todos se asustan... me dicen que no hable de política... no sé si ellos no quieren porque ya están cansados de lo mismo, porque no ven un cambio, porque les da miedo, pero cuando anunciamos el streaming no querían que yo tuviera relación con la política”.

El presidente le responde que el corazón de los seguidores de Westcol está en Antioquia —cosa que el muchacho niega, replicando que están por todo el país—: “Y allí hacer política, y sobre todo política, no la oficial, no la de la corriente dominante que todos hablan es muy peligroso”, y continúa con recuerdos de su juventud y la persecución de juventudes de izquierda. Y viene entonces el contragolpe: “Yo siento que, y yo hablo con ellos todos los días, están como cansados que hablen de muerte y de guerra todos los días”.

Petro tiene momentos en esta entrevista como los de su campaña de 2022, cuando hacía análisis estructurales de realidad sociales, pero esos análisis se quedan cortos para Westcol; además, Petro está completamente en sus cabales, no como cuando atendió a Daniel Coronell. Uno de los diálogos:

—Qué consejo le daría usted como presidente a un joven para salir de la pobreza.

—Yo primero le digo: estudie.

—Pero ahora me dijiste que la educación está suave.

—Pero para poner los números exactamente, la cobertura de jóvenes en edad de estudiar en la educación superior era del 50 por ciento, ahora al final de este año llegamos al 60 por ciento...

—Pero después el salario es malo o no consigue trabajo aunque tenga los estudios, por eso los jóvenes ya ni siquiera están decidiendo estudiar o no. O véame a mí, que soy streamer y puedo llegar a generar.

—Pero esto que estamos haciendo aquí hay que estudiarlo...

—Yo no estudié, la verdad, y estoy melo.

Luego, Westcol tiene otro desencuentro con Petro, pues dice que ante la criminalidad lo más importante es la mano dura, el castigo, mientras el presidente se detiene a explicarle las desigualdades sociales. Donde uno ve supuesto pragmatismo, el otro ve un problema social de estructura y desigualdad. El streamer celebra la mano dura aplicada por Nayib Bukele en El Salvador y avala la justicia por mano propia y la legítima defensa.

Quizá Petro en algún momento se da cuenta que su contendor político es toda una generación que entienden la revolución de otra manera. Las formas políticamente incorrectas de Westcol son las mismas de siempre, solo que ahora parecen revolucionarias, en un giro casi cómico y trágico de la historia, quizá por esos sus audiencias aplauden y se ríen de sus chistes machistas y homófobos.

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