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Independencia, mirada a un proceso

  • ILUSTRACIÓN Ricardo Macía
    ILUSTRACIÓN Ricardo Macía
Por Marta Cecilia Ospina Echeverri* | Publicado el 29 de julio de 2019

La Batalla de Boyacá selló la revolución que los neogranadinos iniciaron una década atrás.

“Santafereños: si dejais perder estos momentos de efervescencia y calor, si dejais escapar esta ocasión única y febril, antes de doce horas sereis tratados como sediciosos; ved los grillos, los calabozos y las cadenas que os esperan” (José Acevedo y Gómez, 1810). Esta frase, recordada por la historiografía patriótica en letras de bronce, marcó un buen número de generaciones de colombianos, aquellos que fuimos formados desde la premisa de culto al héroe que sacrificó su vida por la patria en las gestas independentistas. Ella nos remite a una coyuntura crítica para la Corona española y para sus colonias en América. Un momento que involucra, además de la abdicación del monarca Fernando VII en 1808, la ocupación de la península ibérica por parte de las tropas francesas al mando de Napoleón Bonaparte. En esa oportunidad los cabildos de la metrópoli y los de sus colonias conformaron juntas de autogobierno para rechazar la invasión gala y demostrar su lealtad al destronado monarca. Esta forma particular de resistencia frente al invasor revela otra realidad en todo el imperio: el lugar de las ciudades y sus clases más poderosas para actuar políticamente, incluso por encima de las decisiones del Consejo de Regencia o de las cortes de Cádiz.

Pero estas juntas transitaron en breve tiempo de la lealtad a la declaratoria de la independencia absoluta. La frase citada, una exhortación de José Acevedo y Gómez al pueblo santafereño en 1810, plantea tanto el rechazo al gobierno monárquico como la afirmación de las ideas liberales en un momento de crisis definitivo para la Corona española.

Pasada esta primera coyuntura, las declaratorias de independencia no se hicieron esperar. Ciudades y cabildos se apresuraron, además, a reclamar su soberanía, a escribir sus propias Constituciones Políticas y a organizar sus gobiernos. La “eclosión juntera” es el término que hoy preferimos los historiadores para calificar ese primer momento, anterior al de “La Patria Boba”, acuñado para señalar los errores que la enorme división traería para defender el estatus de repúblicas independientes. Los sucesos posteriores, es decir, la derrota de los franceses en Europa, el encarcelamiento de Bonaparte, la restitución del trono español a los borbones en cabeza de Fernando VII y la Reconquista española de las colonias americanas, marca un momento de quiebre en el cual la resistencia patriota puso a prueba su capacidad militar. Los patíbulos en algunos lugares de la Nueva Granada no fueron suficientes para amedrentar a los que ya se invocaban como republicanos. Aprendida la lección de que las milicias locales eran insuficientes, la guerra tomó otros aires. La unión de fuerzas era una prioridad y con este precedente se pudo organizar los contingentes dispersos y disciplinar los caudillos y soldados bajo un mismo código de actuación militar.

El genio militar de Simón Bolívar, merecedor de innumerables tributos, concibió el proyecto de concertar fuerzas venezolanas y neogranadinas para adelantar las distintas campañas militares. A su vez, la inclusión de distintos grupos étnicos y poblacionales en los ejércitos, volvió la guerra un fenómeno de mayor envergadura. El mismo que tuvo particularidades territoriales con sus propias dinámicas, tensiones, procesos de negociación diversos, entre otros. La diplomacia y la organización de los nuevos gobiernos se conjugaron en un proyecto que impulsaría la unión de vastos territorios en una gran república: Colombia. Después de todo, la independencia fue alcanzada por fuerzas combinadas de neogranadinos y venezolanos. La guerra del Pantano de Vargas y la de Boyacá no pueden entenderse sin considerar esta fructífera alianza. La llegada del Libertador a Bogotá con sus huestes fue un desfile, una ovación, un reconocimiento que el pueblo santafereño le hizo a las fuerzas patriotas.

Este bicentenario no puede convertirse en una mera exaltación de una gesta militar exitosa. El proceso que se dio involucra actores diversos, tensiones en torno al proyecto político que debía tomar las riendas de unos territorios decididos a superar la dependencia colonial. La expresión citada atrás amerita una relectura que vuelve urgente la reflexión sobre nuestra historia política.

*Doctora en historia de la Universidad Nacional y docente del Departamento de Historia de la Universidad de Antioquia.


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