Aunque en su gran mayoría tienen esperanza de que se concreten los diálogos de paz, los obispos del país guardan sus reservas. Advierten que es necesario ir más allá de una firma en La Habana y que el Gobierno haga presencia en las regiones más apartadas.
Así lo narran los obispos de Quibdó, Tumaco, Tibú y Santa Marta y los arzobispos de Cali y de Medellín, quienes presentan los retos que hay en sus regiones, advirtiendo que sus jurisdicciones han sido las más golpeadas por el conflicto durante los últimos meses.
El obispo de Tibú, monseñor Omar Alberto Sánchez, quien está en el corazón del Catatumbo, advierte que aunque confía en que se firme la paz en La Habana, considera que el reto que tiene el Gobierno es saber gerenciar esa paz. Cuenta que su territorio está controlado no solo por las Farc sino que también hay presencia del Eln, el Epl y de las bandas. “La situación es desoladora”, denuncia.
El de Tumaco, monseñor Gustavo Girón, relata cómo ha vivido ese municipio sin energía y sin agua durante el último mes y dice que a pesar de estar en el centro del conflicto, cree en los diálogos. “Con armas no se puede lograr la paz”, advierte. Destaca que para él, el posconflicto dura 20 años.
El obispo de Quibdó, monseñor Juan Carlos Barreto, cuenta cómo un año después de que denunciara una crisis humanitaria en su departamento, hoy en día continúa. Hasta ahora el Gobierno Nacional ha hecho una intervención pausada a través de la Defensoría del Pueblo. Además agrega que el reto del próximo alcalde de Quibdó es buscar la transparencia en la ejecución de los recursos.
El obispo de Santa Marta, Luis Adriano Piedrahíta, destaca que el foco de la atención en su ciudad está centrado en que es prioritario resolver la carencia de agua en los hogares.
El arzobispo de Cali, monseñor Darío Monsalve, subraya que hablar de posconflicto en Cali y en Colombia es una “entelequia”. Denuncia que en la capital del Valle el sistema de contratación pública “se ha vuelto un camino del lavado de activos del narcotráfico”.
Por último, el arzobispo de Medellín, Ricardo Tobón, aunque es un esperanzado, cree que los mandatarios paisas deben centrarse en disminuir las brechas entre pobres y ricos. Señala que en la ciudad persiste una estructura compleja de bandas y que el posconflicto es solo “término acuñado”.
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