arzobispo de medellín - Monseñor Ricardo Tobón
“Veo a Medellín como una ciudad pujante, con futuro, pero también con dificultades y problemas. Es una ciudad en la que ha habido un gran desarrollo urbanístico, que ha ganado mucho en educación, en la que se sigue una gran pujanza económica. Al mismo tiempo pasan cosas muy graves. La primera es la inequidad. Crece la distancia entre ricos y pobres. No podemos esconder el problema de la seguridad, ya que todavía vivimos en una ciudad violenta. Estamos como el pueblo de Israel, postrados ante el becerro de oro. Entonces, por el dinero generamos violencia, enfrentamientos entre grupos y personas. Por el dinero desbaratamos la familia. Por eso es que Medellín está necesitando una transformación cultural, esto no se remedia con programas a corto plazo o parciales, es necesario tener una gran meta para toda la ciudad, unirnos todos en un pacto social frente a los objetivos esenciales y comprometernos en un desarrollo político, educativo y ciudadano en construir una nueva cultura. Hoy en día el poder territorial está en manos de muchas personas: unos violentos, otros no violentos... Ahora, no creo que en Medellín se pueda hablar de posconflicto. Posconflicto es un término acuñado en ciertos ambientes donde se sueña con que pase el conflicto, en realidad, si vemos que hay tanta agresividad en las familias, extorsión en todos los barrios... debemos señalar que aún no sabemos convivir plenamente, aún no hemos llegado a un posconflicto. De todas formas, todos queremos salir de la violencia, porque queremos la paz. Considero que un desafío muy grande que tiene el próximo alcalde de Medellín es construir equidad, darle oportunidades a todos, disminuir esa brecha tan grande entre los que tienen mucho y los que no tienen lo indispensable para vivir. Hoy en día en Medellín tenemos bandas en muchos sectores de la ciudad, hemos tenido en los últimos meses un tiempo de relativa calma, pero en la ciudad hay una estructura de bandas y esto preocupa porque no tendríamos que tener organizada la juventud para la violencia, sino tener la juventud organizada para su propia formación”.
arzobispo de cali - Monseñor Darío Monsalve Mejía
“El control de la ciudad lo tienen las bandas. Cali siente el fenómeno de la extorsión, del robo, del atraco, de los homicidios que probablemente han disminuido, pero que se siguen dando y sobre todo, de una economía ilegal, criminal que desde hace muchos años se mezcló con la economía formal y ahora es un gran sector de la economía. En Cali nunca se ha podido tener un plan desarme bien direccionado porque la clase dirigente de la ciudad es muy propensa a los sistemas de seguridad privados y lamentablemente también a favorecer toda esa línea de limpieza social tan grave que ha tenido momentos muy críticos. Por eso y por otras cosas, hablar de posconflicto es una entelequia, tanto en Cali como en cualquier lugar del país. El conflicto urbano arrecia y hay zonas donde la población siente que no hay Estado que los involucre como gestores de su convivencia en el territorio, es la ley del armado, la ley del más fuerte. Entonces, posconflicto en Cali no tenemos, pero yo anhelo que toda la región Pacífico -que está tan herida por todos los fenómenos de violencia- se convierta en un eje de participación de las poblaciones en los territorios para construir una paz duradera. La tarea del próximo alcalde de Cali contempla una agenda urbana muy compleja. Considero que hay que comenzar a desmontar la corrupción que se ha agravado, ya que hasta se le da un cierto rostro de normalidad. Es un círculo: la corrupción a través de la contratación y la contratación del clientelismo y del ingreso de nuevos contratistas que hacen parte del lavado de activos. Creo que el sistema de contratación se ha vuelto un camino del lavado de activos del narcotráfico. Es decir, que tenemos contratistas de peso que incursionan en grandes contratos del Estado. Esta es la primera vez que digo esto en público, por eso, insisto en que hay que seguirle el hilo a la contratación y explorar los vínculos de la macro contratación que está haciendo el Estado por todas partes. El próximo alcalde de Cali no encontrará la plata lista para nadar en ella, lo que va a encontrar son problemas muy sustantivos de ciudad”.
obispo de santa marta - Monseñor Luis Adriano Piedrahíta
“Lo que he percibido es la presencia de bandas criminales en la ciudad. La presencia de la guerrilla principalmente en la Sierra Nevada, ya no se da, pero sí hay presencia de bandas criminales. A diferencia del país, Santa Marta tiene otras problemáticas y tienen que ver con el clima, ya que la ciudad está sufriendo por el calor, son meses enteros de sequía. La problemática del agua también hace sufrir a los habitantes de Santa Marta. En los pocos meses que llevo en la ciudad, yo hasta finales del año pasado estaba en Urabá, no me explico cómo no se tenía previsto ese tema del agua. Además, me he dado cuenta que en gran parte de la Costa hay mucha corrupción, eso se percibe, se habla mucho de eso. También considero que hay asuntos que han impedido el progreso de una ciudad como Santa Marta. Uno no se explica cómo en una capital está acabándose el estadio de fútbol, acabándose el teatro municipal. El próximo alcalde de Santa Marta tendrá que ser muy equitativo, en el sentido que no puede ser sectario y también deberá resolver definitivamente el tema del agua. Frente a la paz, considero que en Santa Marta sí se puede hablar de posconflicto en la medida en que estamos llamados a buscar la reconciliación”.
obispo de tumaco - Monseñor Gustavo Girón Higuita
“En Tumaco estamos mal porque hay mucha violencia, muertes, bombas, guerrilla, paramilitares, grupos diversos. Allá tenemos la paz en entredicho. El poder del territorio está repartido, hay áreas que domina un grupo, áreas que domina otro. El Ejército y la Armada tratan de controlar, pero no alcanzan. Es muy difícil controlar un territorio que es casi todo selva y ríos, sin vías de comunicación. La emergencia ambiental que se vivió hace unas semanas es fruto de este mismo conflicto y del robo de petróleo que nos ha afectado mucho. Las Farc escogieron Tumaco para hacer la ofensiva y somos los más inocentes en eso. En todo caso estamos padeciendo. Está el caso de las voladuras de torres que ordinariamente se hace casi cada mes, cada dos meses. Eso nos deja semanas sin energía. Mientras que el derrame de petróleo nos dejó un mes sin agua. Con todo esto, no nos interesa que nos nombren en Bogotá, sino que haya paz y bienestar. Que el Gobierno se acuerde o no se acuerde de nosotros, pues eso es otra cosa, con que nos nombren no ganamos nada. Aspiramos a que llegue el entendimiento y por eso es que creo en los diálogos y sé que hoy por hoy ninguna guerra se puede ganar con armas. El arma más poderosa es la negociación. No solamente creo en los diálogos de paz, sino que pienso que son absolutamente necesarios. Le repito: con armas no se logra la paz. No creo que 80 años de guerra se resuelvan en tres años de diálogo. Considero que son cerca de 20 años de diálogos porque hay que reeducar a la gente y eso no se logra en poco tiempo.
Obispo de quibdó - Monseñor Juan Carlos Barreto
“En el Chocó persiste la crisis de derechos humanos. Esto se debe a que no se logra una mejoría real en salud, educación, seguridad alimentaria, conflicto armado. Son temas que se han quedado en los mismos niveles o se han agravado. Todo esto configura un panorama muy difícil para la población. La situación de orden público golpea fuertemente tanto en zonas urbanas como rurales. De otra parte, continúan las dificultades que se viven a partir del daño ambiental que causan los cultivos de uso ilícito y la minería que se ejerce de manera irresponsable. En síntesis, no se ha logrado una mejoría real y significativa frente a la crisis humanitaria. Debo reconocer que se han hecho gestiones que ofrecen signos de esperanza, pues a través de acciones lideradas por la Defensoría del Pueblo, la Oficina de la ONU para los Derechos Humanos y la alianza entre organizaciones sociales y la Diócesis se ha logrado que el Estado, a través de funcionarios de alto nivel, se haga presente en el departamento y pueda conocer las problemáticas. Desafortunadamente, a la vuelta de un año de haber lanzado la alerta de crisis humanitaria en el Chocó, no se ha avanzado como quisiéramos, pero confiamos en el seguimiento que la Procuraduría realizará a la Resolución Defensorial para el Chocó. Algunas de las comunidades durante este año, han sufrido desplazamiento, muchas están confinadas y otras están en sus territorios sin mayores posibilidades de una vida más digna, en una situación permanente de zozobra y abandono. En el Chocó se tiene que pensar en un posconflicto urgente porque la población no resiste más la presión de la pobreza y de la guerra. Para lograrlo es necesario que los actores armados manifiesten una mayor voluntad de paz, es necesario que el Estado, al perseguir a los actores armados ilegales, tenga en cuenta también el bienestar y la seguridad la población. Un cese bilateral al fuego sería deseable, aunque sabemos que las condiciones para que se dé son difíciles. Entre tanto, la tarea de los próximos mandatarios en Chocó es realizar un muy buen manejo los recursos públicos, estar muy cercanos a las comunidades e integrarse con el Gobierno Nacional.
Obispo de tibú - Monseñor Omar Alberto Sánchez
“Tibú está en alta tensión por varios factores. El principal es por las decisiones que han tomado las Farc de hacer presión en este último mes. Sumado a la presencia del Eln en la zona que también tiene mucho interés en mostrar su contundencia militar, la capacidad que tienen de controlar el territorio. Además, desde hace un año tenemos el aumento progresivo de la presencia del Epl, situación que yo no la vi hace cuatro años cuando llegué. Hoy son muy visibles. Esto ha hecho que este momento sea muy crítico para la zona. Además, también tenemos bandas criminales en Puerto Santander. Es desoladora la situación en el sentido de que no será tan fácil la paz en un río tan revuelto. A esto se le suma que en la región hay liderazgos muy marcados, de organizaciones y movimientos sociales muy importantes, como la Asociación de Campesinos. Ahora bien, soy un esperanzado con la paz, creo que esta es la mejor oportunidad que ha tenido el país para encontrar una salida. Esta negociación no le va a resolver todos los problemas al país ni al Catatumbo, pero vendrán soluciones. Es un proceso que va a tardar años, se necesita cumplir sus etapas, superar sus crisis porque no es un asunto que va en línea recta. Los acuerdos tienen que darse y desde ahí tenemos que ir superando la situación. A la paz hay que saberla esperar. Y yo espero que en 20 años el Catatumbo finalmente comience a experimentar un clima de paz. Una de las preocupaciones más grandes que tengo con el tema del posconflicto no es tanto que las Farc finalmente firmen, sino la capacidad que el Gobierno va a tener para gerenciar esa paz. Al Gobierno a veces lo superan sus propios desafíos, los retos que él mismo se pone. Por ejemplo, hoy en día las promesas que se le han hecho a la región evolucionan a una velocidad mínima. En un contexto de conflicto ya el Gobierno debería haber hecho apuestas muy grandes, por ejemplo, en las vías. A la complejidad de la zona se le suma que toda la región está invadida de coca. Allá la coca se puede coger con la mano desde el carro, se ve desde la carretera”.