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Laura Sarabia y la historia de por qué es la funcionaria con más poder en el Gobierno

La joven, que cumple 30 años el próximo mes, logró convertirse en la persona en la que más confía el presidente Gustavo Petro. ¿Qué es lo que la hace tan poderosa?

  • Laura Sarabia Torres tiene menos de 30 años y poca experiencia en el sector público. Trabajó antes con Armando Benedetti y luego pasó a ser la escudera de Petro FOTO cortesía
    Laura Sarabia Torres tiene menos de 30 años y poca experiencia en el sector público. Trabajó antes con Armando Benedetti y luego pasó a ser la escudera de Petro FOTO cortesía
25 de febrero de 2024
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Laura Sarabia solía acompañar al entonces senador Armando Benedetti a todos los lugares a los que iba. Su agenda era 24/7, no solo para estar presente en las plenarias y asesorarlo en términos de leyes, sino para sacarlo de problemas o, incluso, llegar a cuidarlo de imprudencias en los eventos sociales. En poco tiempo, Benedetti se dio cuenta de la capacidad de trabajo de la joven profesional en relaciones internacionales de la Universidad Militar y la convirtió en su primera asesora.

Sarabia llegó a conocer cada uno de los detalles y secretos de la vida de Benedetti. Para los periodistas que cubrían la fuente de Congreso en ese tiempo, o que hacían investigaciones sobre Benedetti, era recurrente que la asesora del senador conectara las llamadas cuando se buscaba corroboración o hacerle alguna pregunta al congresista. Sarabia hacía el puente con su jefe de prensa, y en las llamadas grupales los periodistas preguntaban y la asesora escuchaba atentamente sin importar la hora. Podían ser las cinco de la tarde o las diez de la noche, Sarabia siempre estaba ahí. Era tal su conocimiento del detalle de la vida de su jefe, que le llevaba las cuentas. En la indagatoria de la Corte Suprema por enriquecimiento ilícito al hoy embajador, este explicó que “nunca había tocado la puerta de un banco”, entre otras porque sus cuentas y movimientos los manejaba Sarabia y su equipo.

De esa relación ya se conoce el desenlace. El pasado viernes 23 de febrero Laura Sarabia volvió a ser posesionada en la Casa de Nariño, esta vez como directora del Departamento Administrativo de Presidencia. En Palacio ya no habrá jefe de gabinete y director del Dapre, dos cargos independientes, como sucedía antes de que Sarabia tuviera que irse con su antiguo jefe por el escándalo de su exniñera. Ahora, el poder de la logística de la casa militar, la seguridad presidencial, la agenda del mandatario y la línea al gabinete de ministros y directores de entidades centrales, la concentrará la funcionaria de manera exclusiva.

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La carrera de la nueva directora del DAPRE es meteórica en política. Se graduó de Relaciones Internacionales, fue pasante en 2015, trabajó como voluntaria del Partido de La U en 2016, entró al Congreso a trabajar en una UTL, hizo su maestría en marketing político en el Externado, pasó con Benedetti a la campaña presidencial por el candidato Gustavo Petro y, una vez su proyecto ganó las elecciones, Sarabia empezó a convertirse en la mujer poderosa del Gobierno, lugar que indudablemente la mantiene hoy al lado más próximo del mandatario.

Los escándalos que la rodean

Nunca en la historia de los cargos de poder en la Casa de Nariño había sucedido que una persona tuviera que irse por orden del presidente en medio de un escándalo nacional y, unos meses después, regresara con más fuerza a Palacio.

El 27 de mayo del año pasado, la revista Semana reveló el caso de la exniñera de Sarabia, Marelbys Meza, acusada de haberse robado alrededor de 30 millones de pesos en dólares del apartamento de la jefe de gabinete. A Meza le realizaron un polígrafo en el edificio Luis Carlos Galán de Presidencia sin que fuera funcionaria del Gobierno y, luego, se denunció que su número personal había sido involucrando supuestamente en un expediente del Clan del Golfo para poder interceptarla. El jefe del polígrafo, el coronel Óscar Dávila, se suicidó, según el dictamen de Medicina Legal, días después en un hecho extraño frente a su apartamento en Ciudad Salitre, en Bogotá. El caso por el polígrafo a la exniñera y las interceptaciones todavía sigue en investigación.

Luego de una semana de reuniones en las que por un día, no se supo el paradero del presidente, Sarabia, Benedetti y el mandatario se reunieron una noche sin esquemas de seguridad. Esa misma semana de inicios de junio, Petro anunció que ambos salían del Gobierno.

Tras eso, la revista publicó solo días después los audios de casi cuarenta minutos en los que se escuchaba al entonces embajador en Venezuela insultar con todo tipo de palabras de alto calibre a su ex subordinada. “Es que quieren que diga quién puso la hp plata, con lo que pasó ayer no me da miedo Laura. Prepárense porque yo en cualquier momento reclamo mi espacio político, y si lo quieres tomar como una amenaza, tómalo como una amenaza (...) Tú no vales verga, nos jodemos todos, se caen las torres gemelas. Ni Petro trabajó más que yo en esa hp campaña (...) No te estoy amenazando, pero ahora sí te amenazo hp. A ti y al presidente, si tú quieres que te amenace yo salgo y cuento todo lo que sé, que sé bastante para acabar con el mundo; con el de ustedes y con el mío”, decía Benedetti.

¿Por qué es tan poderosa?

Aunque Sarabia no aparecía en las grabaciones, porque jamás envía notas de voz, el país entendió que ella podía llegar a conocer una secuencia de irregularidades que todavía están pendientes de aclararse. Su nombre quedó atado invariablemente a las grabaciones de su exjefe que hablaban también de aportes de hasta 15.000 millones de pesos que no habrían sido reportados a las cuentas de la campaña. ¿Cómo se explica entonces que Sarabia haya alcanzado tal nivel de poder como para volverse inmune a los escándalos?

EL COLOMBIANO hizo reportería con varias fuentes del alto Gobierno y con personas cercanas, que pidieron no ser citadas, para entender por qué la nueva directora del Dapre es tan poderosa.

Una fuente dijo que la familia Petro confía plenamente en Laura, porque se ganó la confianza de todos, más allá del presidente. “Es que no solo trabaja para el presidente, la familia confía plenamente en ella porque lo resuelve todo. A la familia en general le afectó mucho su salida a mitad del año pasado porque lo consideraron injusto. Las hijas le tienen mucho aprecio. Incluso les dolió más lo de Laura que lo de Nicolás Petro”, dijo a este diario.

Otra fuente del Gobierno aseguró que son varios factores. “Tres cosas: Su prudencia, su eficacia, su capacidad de trabajo. Tiene lo que pocos logran, la confianza del presidente y no tiene agenda política propia. Su agenda es la del presidente. Y tiene la habilidad de tender puentes, en mi caso no la conocía pero en poco tiempo se ganó mi reconocimiento”, agregó.

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Una fuente más dijo que son muy pocas las personas que tienen la confianza del mandatario. “Petro no confía en nadie. En los únicos que confía son en Laura, Augusto Rodríguez de la UNP, Fernando García de Migración, y Carlos Ramón. He visto muy cercano también a María José Pizarro”.

Además de que es una “máquina de trabajo”, como la describió otra persona que la conoce, es claro que Sarabia también mantiene un tono sosegado que le permite al presidente moderar la conversación con sectores a los que, por su personalidad y sus convicciones, es difícil llegar.

Los hitos de Sarabia

Sarabia logró una reunión que para muchos era impensable en esta administración. Pudo hacer que el presidente y la primera dama, Verónica Alcocer, se reunieran en Cartagena con los principales “cacaos” del país. En esa reunión, de la que salió una fotografía de Petro al lado de los empresarios y que se leyó entre líneas como parte de un acuerdo para construir, estuvieron Luis Carlos Sarmiento y su hijo, Julio Mario Santo Domingo y Carlos Julio Ardila, pero participaron también los dueños de los grupos económicos más grandes. En ese almuerzo se logró concretar una inversión de 100.000 millones de pesos para proyectos sociales de impacto en La Guajira, a cargo del Grupo Aval.

Unas semanas después se destrabaron también los desacuerdos entre el Grupo Empresarial Antioqueño y el grupo Gilinski para que este último pudiera hacerse con las mayorías en Nutresa, una operación que tenía que ser aprobada por el Gobierno. Sarabia también intermedió. Mientras que fue directora del Departamento de Prosperidad Social, la alta funcionaria llamó a reuniones con toda la banca privada para lograr acuerdos entorno a las tasas de interés, con el fin de que más personas pudieran acceder a crédito y para arreglar la política de transferencias de programas de Gobierno a través de las aplicaciones de los bancos. Ese proyecto, que había funcionado muy bien durante la pandemia, se detuvo porque la exdirectora, Cielo Rusinque, privilegió las transferencias a partir de la banca pública y causó filas en varias ciudades.

Sarabia no es solo una persona que decidió trabajar sin pausa estos cuatro años, a pesar de que acaba de ser mamá junto a su esposo, a quien conoció en la UTL de Benedetti, sino que es un puente que el presidente ha sabido usar frente a situaciones, lugares o personas con las que él quizás no se siente cómodo.

“Tiene uno de los esquemas de seguridad más grandes del Gobierno”, dijo otra fuente a este diario, lo que demuestra que su grado de poder y de protección por parte del jefe de Estado está lejos de dudas.

Sus enemigos

El enemigo más importante que tiene Sarabia es Benedetti. Pero por ahora con la embajada en Roma, ese parece un riesgo controlado.

Dentro del Gobierno hay ministros que no se sienten cómodos con que una mujer tan joven y que no había tenido hasta ahora mucha más experiencia en el sector público les de línea. Hay que recordar que quien llamó a los primeros ministros que salieron del Gobierno: Alejandro Gaviria, Cecilia López y María Isabel Urrutia, fue la propia Sarabia. El presidente no les dio la noticia de su terminación de contrato; fue su jefe de gabinete.

No es totalmente de izquierda

Un dato adicional sobre sus convicciones políticas es que Sarabia no es de izquierda radicalmente, pero entiende la visión kenyesiana del presidente sobre la intervención estatal, ponerse del lado de los pobres, y el protagonismo que el Gobierno quiere darle a lo público, sobre el sector privado. En eso sí cree, pero no en las banderas revolucionarias que sostiene la izquierda y que le reclaman al mandatario. De hecho, su familia es de militares. Su padre es un coronel retirado del Ejército, por lo que está bien enterada de las lógicas de las fuerzas y eso le ayuda también a manejar mejor la seguridad de Petro y la logística de sus movimientos por el país.

Con esa combinación, Sarabia juega como un polo a tierra para el presidente. Aterriza sus ideas y está pendiente de que los planes del Gobierno tengan éxito. Prueba de ello es la revelación de este periódico sobre los chats que ella misma escribió esta semana a congresitas del Partido Conservador para tratar de imponer a Vicente Blel como presidente, en vez de Efraín Cepeda. Aunque esa jugada no le salió porque Cepeda se quedó en el cargo y los godos anunciaron que no votarán la reforma a la salud.

El otro hecho importante sobre su carrera es que conoce bien el mundo de la política, porque trabajó con Benedetti, uno de los políticos más sagaces que llevaba toda su carrera siendo cercano a los medios y logrando poder con los gobiernos que apoyó, desde Uribe con el Partido de La U.

Sarabia conoce de las transacciones y los acuerdos que hay que hacer en política para gobernar, a pesar de que su exjefe se quejaba de que no le habían dado ni un ministerio, ni un cargo en Barranquilla, de donde es el embajador. “Acaso me han dado algo, Laura”, le decía en los audios.

Al final, la pelea con Benedetti se la terminó ganando. Aunque este regresó al Gobierno, en lo que muchos consideran un premio para mantenerlo en silencio, lo hizo lejos de Bogotá y así es más fácil evitar que genere problemas. Mientras tanto, Sarabia estará al lado de Petro en cada uno de sus movimientos, hablándole al oído y decidiendo los enroques de poder del Gobierno.

Sus retos serán poder maniobrar la Casa de Nariño con un presidente que es víctima de sus impulsos, lograr los cambios propuestos y evitar más escándalos.

En cualquier caso, nadie tiene más poder que Sarabia hoy en palacio y el presidente parece estar conforme.

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