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Así eran los métodos de “Los Toderos” para atracar turistas en Santa Marta

Una foto seductora en Tinder era el señuelo para ponerles las citas a los incautos. Algunos recibieron escopolamina antes de ser robados. Hay 18 víctimas conocidas

  • Así fue la captura de alias Gabito, presunto jefe de “Los Toderos”. FOTO: CORTESÍA DE POLICÍA.
    Así fue la captura de alias Gabito, presunto jefe de “Los Toderos”. FOTO: CORTESÍA DE POLICÍA.
  • Este era el perfil de Tinder con el que la banda engañaba a los turistas en Santa Marta. FOTO: CORTESÍA POLICÍA.
    Este era el perfil de Tinder con el que la banda engañaba a los turistas en Santa Marta. FOTO: CORTESÍA POLICÍA.
03 de abril de 2024
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Una cuota de cuatro celulares diarios. Esa era la exigencia que Gabriel Julio Carrillo Mendoza, alias “Gabito”, les hacía a los ladrones que integraban su banda “los Toderos”, en la ciudad de Santa Marta.

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Las truculentas modalidades que usaban para atracar a sus víctimas fueron descubiertas por la Policía y la Fiscalía en una investigación que duró casi un año, según el coronel Edwin Urrego, director de la Dijín de la Policía.

Según el oficial, en ese tiempo se conocieron 18 casos, y en dos de ellos los afectados resultados con heridas de consideración.

Este era el perfil de Tinder con el que la banda engañaba a los turistas en Santa Marta. FOTO: CORTESÍA POLICÍA.
Este era el perfil de Tinder con el que la banda engañaba a los turistas en Santa Marta. FOTO: CORTESÍA POLICÍA.

Una de sus estrategias era usar un perfil falso de la red social Tinder como anzuelo. Exponiendo una foto seductora, una supuesta mujer de 20 años llamada “Kate” accedía a encuentros con turistas nacionales y extranjeros, en sitios públicos de Santa Marta.

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Pero cuando el inocente llegaba, no era un “mujerón” el que lo recibía, sino los secuaces armados de “Gabito”, quienes lo encañonaban y le hurtaban sus pertenencias. Uno de los intimidados fue un visitante italiano.

En otros hechos, los ilusos eran intoxicados con drogas en su licor, como benozodiacepinas y escopolamina, y una vez quedaban a merced de los delincuentes, perdían sus objetos de valor.

El Rodadero y la zona rosa de la ciudad costera eran los sitios seleccionados para buscar a las presas. Cada día, “Gabito” hacía videoconferencias con sus ladrones, instruyéndolos sobre la forma en la que iban a emboscar al objetivo, preferiblemente mujeres y turistas, y las armas y los vehículos que iban a usar, a los cuales sugería alterarles las placas con adhesivos.

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“Los lugares predilectos para llevar a cabo dichos hurtos eran los sectores aledaños a las universidades públicas y privadas, por la cantidad de estudiantes que transitan en las calles, y los sitios de alta afluencia de público más visitados, a quienes asechaban y una vez eran perfilados lanzaban el ataque de forma violenta con armas de fuego; ya cometido el hurto, de forma rápida salían del sector con rumbo hacia las afueras de la ciudad, dejando campaneros que se encargaban de detener el tránsito para que no fueran perseguidos”, indicó la Dijín en su reporte del caso.

Luego de cometer los hurtos, los bandidos se reunían para estudiar el botín. “Gabito”, de acuerdo con la Policía, analizaba los números de IMEI de los celulares. Aquellos que tenían reportes negativos, eran enviados para la venta en el extranjero; los otros se comercializaban en Colombia.

Seis de los presuntos integrantes, incluyendo el cabecilla, fueron capturados en los barrios Los Almendros, 20 de Julio y Obrero, de Santa Marta.

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El séptimo, Jorge Luis Muñoz Bedoya (“Cocao”), de 24 años, había huido antes de la ciudad, amenazado de muerte por otra organización criminal. Se refugió en la localidad de Los Mártires, en Bogotá, y para mantener su fachada empezó a trabajar en una empresa de aseo; aún así, los policías lo ubicaron.

En la audiencia de control de garantías, la Fiscalía les imputó cargos por concierto para delinquir, hurto calificado y agravado, y receptación. “Gabito” y otros cuatro de sus compinches aceptaron la responsabilidad, y dos más se declararon inocentes.

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