La discusión que sacudió al Centro Democrático (CD) este fin de semana no fue solamente un cruce de declaraciones entre Paloma Valencia y María Fernanda Cabal.
En el fondo, la disputa confirma una pelea mucho más profunda por el control político de la derecha colombiana y por quién logrará representar a un electorado que busca una identidad más definida después de la llegada del proyecto de Abelardo De La Espriella.
La controversia comenzó durante la reunión convocada por el expresidente Álvaro Uribe con dirigentes de su partido, un encuentro que pretendía marcar la ruta de ese espectro político frente a la relación con el gobierno entrante y los desafíos electorales que vienen. Pero la jornada terminó marcada por una fractura ideológica luego de que Paloma Valencia afirmara que el Centro Democrático “no es un partido de derecha”.
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La frase abrió una nueva discusión dentro del uribismo, porque mientras un sector considera que el partido debe conservar una identidad propia, ligada al legado de Álvaro Uribe y con énfasis social, otro grupo sostiene que negar la etiqueta de derecha significa perder la esencia que le dio origen a la colectividad.
En ese segundo sector está María Fernanda Cabal, quien convirtió la polémica en una defensa abierta de una nueva corriente política y en una reafirmación de su ruptura con el Centro Democrático.
“Yo no ayudé a construir durante 15 años un partido de derecha para que ahora algunos se avergüencen de decirlo. La vida, la familia, la libertad, la seguridad, la propiedad privada, la iniciativa empresarial y un Estado austero y limitado no son una utilería de campaña. Son nuestras banderas”, dijo Cabal en un extenso mensaje publicado en X.
La posición actual de la excongresista tiene como antecedente su salida formal del Centro Democrático el 26 de enero pasado.
La entonces senadora presentó una carta de seis páginas dirigida al director del partido, Gabriel Vallejo, en la que argumentó que abandonaba la colectividad por lo que consideraba falta de garantías, reglas poco claras y problemas en el proceso interno que terminó escogiendo a Paloma Valencia como candidata presidencial del partido.
El episodio fue un punto de ruptura dentro del uribismo. Cabal, quien durante años había sido una de las voces más fuertes del ala derecha, concluyó que la estructura partidista del CD ya no representaba la línea política que ella defendía. Su salida no fue interpretada como un retiro de la política, sino como un movimiento para buscar una nueva plataforma.
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Expertos consultados por EL COLOMBIANO plantean que la exsenadora entendió que por fuera del partido tendría mayor libertad para construir un proyecto propio, atraer sectores inconformes y disputar un espacio que, según su lectura, el Centro Democrático estaba dejando vacío. Ese espacio es el de una derecha más ideológica, más firme en sus posiciones y menos interesada en ubicarse en zonas de centro.
Cabal Vs. Paloma
La renuncia al Centro Democrático, vista hoy, tiene una finalidad política clara: consolidar un movimiento propio bajo la idea de una “nueva derecha”.
La apuesta de Cabal, y lo ha dejado claro en sus intervenciones, es que existe un sector del electorado que se siente representado por una derecha más definida, con posiciones más fuertes en asuntos como seguridad, libertad económica, propiedad privada, reducción del Estado y defensa de valores tradicionales.
Su diagnóstico es que los partidos tradicionales de derecha han perdido claridad y que, al intentar ampliar su base electoral, terminaron alejándose de quienes históricamente los apoyaron.
Ese fue precisamente el mensaje que lanzó este fin de semana contra su antiguo partido. “El Centro Democrático enfrenta una crisis ideológica que ya no puede ocultarse”, escribió Cabal, al cuestionar que algunos dirigentes defiendan que el partido es de derecha mientras otros intentan presentarlo como una fuerza de centro. “Entonces, ¿qué somos y a quién representamos?”, preguntó.
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Para Cabal, la discusión no es una estrategia electoral ni una diferencia de nombres. Es una disputa sobre los principios que deben guiar una organización política. “La vida, la familia, la libertad, la seguridad, la propiedad privada, la iniciativa empresarial y un Estado austero y limitado no son una utilería de campaña. Son nuestras banderas”, afirmó.
Las fuentes consultadas también creen que lectura política que surge tras esta pelea es que el proyecto de De la Espriella buscaría convertirse en el referente de una derecha más radicalizada y con menos complejos para asumir esa identidad.
En ese escenario, la figura de María Fernanda Cabal resulta estratégica. Su transformación política —pasar de ser una dirigente central dentro del uribismo a convertirse en una promotora de una nueva corriente por fuera del Centro Democrático— le permite presentarse como una figura de ruptura.
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Su mensaje conecta con sectores que consideran que el uribismo perdió fuerza al moderar su discurso y que ahora buscan una representación más cercana a las nuevas derechas internacionales.
Cabal misma, en su mensaje de X, utilizó ejemplos extranjeros para explicar su visión. Mencionó el caso de Vox en España, el Partido Republicano en Chile y La Libertad Avanza en Argentina como movimientos que, según ella, surgieron porque partidos tradicionales abandonaron sus principios. “La historia castiga la tibieza”, afirmó.
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Y trasladó esa lectura al caso colombiano: “Después de un Centro Democrático que fue perdiendo claridad y carácter, llegó Gustavo Petro. Cuando la derecha duda, se esconde o adopta el lenguaje de la izquierda, la izquierda avanza”.
Con estas palabras, la exsenadora Cabal abrió un nuevo capítulo en la disputa ideológica dentro del Centro Democrático, al cuestionar el rumbo que ha tomado el partido y el papel de la oposición frente al saliente Gobierno.
Durante la reunión del Centro Democrático convocada por el expresidente Uribe, y denominada “Unidad, Doctrina, Futuro”, Paloma Valencia defendió una visión del partido basada en la combinación entre seguridad, libertad económica y políticas sociales, y cuestionó la idea de que la colectividad deba asumirse únicamente desde una identidad de derecha.
“Este partido tiene muy claro que una de las maneras cómo uno logra defender la democracia en semejante crisis es que la gente no tenga hambre, pueda tener condiciones de vida y que sienta que su dolor puede ser atendido”, afirmó durante su intervención.
La exsenadora, quien viene de perder las elecciones presidenciales, insistió en que el Centro Democrático no debe identificarse con las nuevas corrientes de derecha internacional y sostuvo que el modelo del uribismo tiene una característica propia: la combinación entre economía de mercado y programas sociales.
En ese sentido, aseguró que el Centro Democrático “no es un partido de derecha” y defendió los gobiernos de Álvaro Uribe al recordar políticas como la creación de Familias en Acción y Colombia Mayor. “¿Y por qué sabemos que ese modelo funciona, a diferencia del de Milei, o del de Bukele, o el del “Tigre”? Porque este modelo ya se utilizó y funcionó”, afirmó Valencia.
- ¿Por qué están enfrentadas Paloma Valencia y María Fernanda Cabal en el Centro Democrático?
- La discusión surgió por diferencias sobre la identidad ideológica del Centro Democrático. Mientras un sector plantea una definición más amplia del partido, otro defiende que debe asumirse abiertamente como una colectividad de derecha.
- ¿Por qué Paloma Valencia dijo que el Centro Democrático no es un partido de derecha?
- La senadora planteó que el partido tiene una identidad política propia que trasciende las etiquetas tradicionales. Su postura abrió un debate interno sobre cómo debe definirse el uribismo frente al nuevo escenario político colombiano.
- ¿Qué representa hoy el Centro Democrático dentro de la política colombiana?
- El Centro Democrático continúa siendo una de las principales fuerzas de oposición y mantiene como eje el legado político de Álvaro Uribe. Sin embargo, enfrenta debates internos sobre liderazgo, estrategia e identidad ideológica.
- ¿Cómo puede afectar esta división al futuro de la derecha en Colombia?
- Las diferencias internas podrían influir en el liderazgo de la oposición, las alianzas políticas y la representación del electorado de derecha. Su impacto dependerá de la capacidad del partido para construir consensos y definir una estrategia común.