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Los secretos de dos municipios a los que aún no llega el virus

  • Vegachí es un municipio plano a orilla de carretera, pero solo tiene habilitada una entrada de 13 que hay. FOTO Juan Antonio sÁNCHEZ
    Vegachí es un municipio plano a orilla de carretera, pero solo tiene habilitada una entrada de 13 que hay. FOTO Juan Antonio sÁNCHEZ
Los secretos de dos municipios a los que aún no ha llegado el virus
Publicado el 21 de agosto de 2020

Visitamos Yalí y Vegachí, dos de las 4 localidades sin covid, junto a Nariño y Pueblorrico.

Suena casi milagroso, pero es cierto: de los 125 municipios antioqueños, hasta ayer aún había cuatro sin casos de covid confirmados: Yalí, Vegachí, Nariño y Pueblorrico ajustaron 152 días sin que el letal virus haya tocado a sus ciudadanos.

Para explorar los secretos de las localidades que aún sacan pecho por ser no covid visitamos a Vegachí y Yalí, en la subregión Nordeste, distantes entre sí 15 kilómetros y en el mismo corredor vial de la Troncal de la Paz, aunque Yalí no está a orillas de la vía.

Vegachí cercado y sin rumba

Con trece entradas posibles y considerado por la Secretaría Seccional de Salud como de alto riesgo por estar al borde de una carretera departamental, el alcalde Ulilo Acevedo no pensó mucho para aplicar la primera medida que podría blindar a su gente del virus: cerrar todos los ingresos y dejar solo uno habilitado.

“Pusimos cercos y barricadas para evitar que los vehículos pudieran entrar. Solo dejamos una entrada para los que vienen de Medellín, con un puesto de control todos los días las 24 horas, donde se registra a todas las personas, se les toma la temperatura y solo se autoriza a las que tengan permiso dentro de las excepciones nacionales”, explica.

Adicional, toda persona que salga más de un día del municipio, al regresar debe someterse a 14 días de aislamiento que el mandatario llama voluntario y que ha tratado que se cumpla con rigurosidad: “No es fácil el control, porque tenemos poco pie de fuerza, pero la gente ha colaborado cumpliendo”, dice.

Desde la primera semana cuando se decretó la cuarentena (16 de marzo) se impuso toque de queda y nunca se ha levantado. Va de 8:00 p.m. a 5:00 a.m. del día siguiente los siete días de la semana.

Para los comerciantes, especialmente los de bares y discotecas, no ha sido fácil, pues varios ya cerraron totalmente y uno que otro se reinventó. Es el caso de Claudia Ramírez, dueña de la discoteca Banaska, la más popular, visitada por vecinos de Remedios, Segovia y Yalí los fines de semana.

“Aguanté con el local cerrado hasta el 3 de junio. Ese día monté un almacén de variedades, que lo maneja una sola persona y al menos nos hemos defendido”, dice. En la disco laboraban ocho empleados. Además de haber sido la mejor decorada, tenía shows con artistas. Su idea es volver a la disco, pues la rumba deja más utilidad y da más empleo.

Otro que vio en la pandemia una oportunidad fue Luis Tamayo, que alquiló un local y puso legumbrería: “vi la gente sufriendo, sin trabajo, y monté el negocio. Antes iba de pueblo en pueblo vendiendo, pero ya no se puede, entonces me inventé la legumbrería en la que al menos trabajamos varias personas”, sostiene.

A unos pasos de su local está el billar La Rambla, que luego de varios meses cerrado ahora puede vender tinto y gaseosa. Su dueño (no revela el nombre) dice que pasó de vender hasta $800.000 un buen fin de semana a no más de $80.000. “En semana si mucho vendo $20.000 y eso que yo hago hasta el aseo”, dice.

Gustavo Hernández, cliente hace diez años, opina que el billar podría funcionar con una o dos mesas y aplicando medidas de bioseguridad: “esto lo necesitamos porque el desespero y el encierro nos va a matar, el billar desestresa, acá son rígidos en las normas”.

Johan Uribe, secretario de Gobierno, asegura que esa rigidez ha permitido los resultados positivos en la lucha “contra la peste”. Sabe que el control es complejo, ya que se dispone de muy pocos policías. Es un pueblo de 11.810 habitantes (censo 2018). Se vive de la agricultura, el ganado doble propósito y la minería: “Repartimos 11.000 tapabocas, hacemos campañas de socialización por las calles y el pueblo, a las 8:00 de la noche, ya está cerrado, pero no faltan los que violan las normas”. Hasta ayer habían sido sancionadas 413 personas con comparendos en los cinco meses de la cuarentena.

El secretario de Salud, José Ríos, dice que el hospital no tiene capacidad para atender ningún paciente grave: “nos tocaría acudir al apoyo departamental, no tenemos ni una cama UCI”, advierte al alertar a la gente para que no se confíe, pues admite que también ha habido algo de suerte y que difícilmente ese cero covid se mantendrá.

“Eso sí, trataremos de prolongar ese cero hasta lo más que podamos”, asegura el mandatario Acevedo.

En Yalí, Las Vegas ya murió

Desde que inició la pandemia, en Yalí se han hecho once pruebas de covid y todas han dado negativas. El cero lo atribuye el secretario de Gobierno, León Darío Barrera, a los controles estrictos que se han hecho de la entrada y salida de ciudadanos.

“Al que va a salir y al que va ingresar le hacemos un control exhaustivo, tiene que traer permiso, explicar a qué viene y someterse a seguimiento. También dejamos habilitada la entrada solo para los que vienen por la Troncal”. Allí hay un puesto de control donde se toma la temperatura y se consignan los datos de cada persona. A Yalí hay ingresos desde Remedios y por Maceo y Yolombó, pero todos cerrados.

Está a tres horas de Medellín. Sus 7.608 habitantes (censo 2018) también viven de la agricultura, la ganadería y la minería. Aunque está en el corredor de la Troncal, no queda al borde de vía sino sobre una colina que lo blinda de que los viajeros quieran ingresar, pues hay que tomar un desvío y subir una vía inclinada.

Jairo Taborda, educador, sostiene que esto los ha blindado de contagios. “De acá no sale gente y tampoco entran, compartimos entre nosotros. También hay que abonarle al alcalde -Norberto Piedrahíta- que hace muchas jornadas de desinfección de calles, ha decretado toques de queda y ley seca muy seguido, entonces no hay aglomeraciones”.

Aunque no hay datos oficiales, prácticamente todos los negocios de rumba cerraron. El músculo de las familias no les daba para sostener locales solo con domicilios, como le ocurrió a Las Vegas, la discoteca más famosa del pueblo, cuyo propietario (no revela su nombre) montó una miscelánea con tienda y legumbrería y ahora se siente mejor.

“Vi que iba pa’la ruina y monté esto. Como estoy bien ubicado (en la zona rosa), ya tengo clientela”. Su conclusión es que ya Las Vegas murió, pues le parece mejor lidiar con señoras que con borrachos.

La única diversión que tienen los yaliseños, por ahora, es el parque de la zona rosa, donde hay un letrero gigante que dice Yo amo Yalí (la palabra amo representada con un corazón) y desde donde pueden contemplar las montañas y disfrutar un concierto de aves que sobrevuelan por la zona arborizada.

Pero aún así no se angustian. El mototaxista Ómar Castrillón dice porqué: “acá todos nos conocemos y siempre hemos vivido tranquilos, es cuestión de paciencia y de querer cuidarnos”.

Infográfico

Contexto de la Noticia

Paréntesis vegachí, con un caso en estudio

El miércoles, en Vegachí, se encendieron las alarmas porque un ciudadano residente allí salió contagiado por covid-19. Se trata de una persona que salió varios días y al regresar, la empresa en la que labora le hizo la prueba y dio positivo. La epidemióloga de la Secretaría Seccional de Salud, Marta Londoño, explicó que el caso está en estudio y aún no ha sido cargado a la localidad, pues aunque reside allí, “ha tenido alta movilidad por varios municipios y fue diagnosticado en otra localidad, por lo cual, por línea de tiempo, hasta que no se defina en qué municipio se infectó no se puede notificar”.

Gustavo Ospina Zapata

Periodista egresado de UPB con especialización en literatura Universidad de Medellín. El paisaje alucinante, poesía. Premios de Periodismo Siemens y Colprensa, y Rey de España colectivos. Especialidad, crónicas.

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