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Angosta, la editorial, que cumple seis años publicando antioqueños

La editorial se ha especializado en promover nuevos talentos, especialmente de la región, y estimular la industria local.

  • Alexandra Pareja es cofundadora de la Editorial Angosta, un proyecto que le cambió la perspectiva de lo que se necesita saber para emprender en la cultura. FOTO carlos Velásquez
    Alexandra Pareja es cofundadora de la Editorial Angosta, un proyecto que le cambió la perspectiva de lo que se necesita saber para emprender en la cultura. FOTO carlos Velásquez
Publicado el 05 de julio de 2022

Alexandra Pareja, cofundadora de Angosta Editores, siente un vacío cuando ve que le envían un manuscrito desde otro país. “Cómo le digo... Los autores siempre están esperando un sí”, dice con cara de angustia, porque ella esos “sí” los tiene reservados para las buenas firmas locales y algunos pocos amigos. Angosta, cuyo logo es un embudo, se propuso desde el principio ser una editorial abierta a todas las propuestas, pero exigente con el nivel de sus publicaciones, por eso, a pesar de que reciben aproximadamente 50 manuscritos al mes, tiene un poco más de 30 libros, entre los que se cuentan textos de José Ardila, Sara Jaramillo Klinkert, Lorena Salazar Masso, Juan José Hoyos y Manuela Gómez.

¿Por qué publicar autores nuevos y locales, si su cofundador, Héctor Abad Faciolince, bien podría tener obras de autores latinoamericanos consagrados que le aseguren más ventas y presencia internacional? Pareja explica que para Abad Faciolince fue difícil conseguir ese primer “sí”, una oportunidad fundamental para eventualmente vivir de la literatura, así que quiso abrir la editorial para ser esa puerta que tantas veces se le cerró.

Por eso en Angosta se leen todos los manuscritos y se contestan todas las comunicaciones, además, se respeta a los escritores que “hacen la fila”, como dice Pareja, es decir, que no recurren a sus contactos para tener más posibilidades, sino que se someten al mismo proceso que cualquier otro aspirante, pues lo importante para los editores no es la firma sino la calidad del texto.

También es cierto que no se le puede decir que no a los amigos que quieren publicar con ellos, por eso tienen textos de autores más consagrados y extranjeros como Juan Villoro, además, tienen una colección dedicada a rescatar clásicos como Voltaire. Pero su mayor interés es encontrar las perlas más preciosas en el mar de potenciales autores. “Todo el mundo quiere escribir y todo el mundo piensa que escribe bien”, afirma Pareja.

Siendo fieles a su filosofía han logrado ser sostenibles, “podemos cubrir nuestros gastos fijos, sin poner en apuros a los inversionistas”, explica, aunque todavía esperan dar ganancias. Para eso les gustaría llegar a otras latitudes y desde hace un tiempo tienen los ojos puestos en España, pero la dificultad y el costo del proceso de exportación para unos pocos ejemplares, los desanima. Además, sería sumarle una carga extra a la lista de tareas que ya deben cubrir con poco personal. En un emprendimiento como este, todos terminan haciendo todo y Pareja, además de sus labores editoriales, también ejerce de comercial y administrativa, así le haya tocado aprender sobre la marcha.

Al final el negocio del libro es más de amor que de dinero, aunque este último sea un factor determinante para que el amor pueda seguir existiendo. Los próximos años se vienen con ganas de seguir creciendo, en títulos y en personal, por lo pronto celebran con la ópera prima de Marita Lopera, La vida fue hace mucho

Contexto de la Noticia

radiografía la vida fue hace mucho

La novela de Marita Lopera hace parte de la colección Ópera Prima, un proyecto que salió favorecido con el estímulo Cocrea, que permite a empresas patrocinar proyectos culturales como una forma de pagar sus impuestos. La novela es el viaje de Alea que busca la “vida en un desierto de agua, restos o vestigios de lo que ya no existe ni en la tierra ni en el mar, ni en su pasado ni en su presente. En un barco sin nombre, recorre una ribera costera que, como la memoria, ha sido labrada por el desgaste. Tras un tiempo a la deriva, aparece una única coordenada en el mapa: cabo Tiburón”, el reto es llegar, pero tal vez no resista más.

María Antonia Giraldo Rojas

Periodista cultural del área de Tendencias de EL COLOMBIANO.


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