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El futuro en estas películas era el año 2019, ¿qué tanto acertaron?

  • 35 años después de la entrega de Blade Runner se estrenó su secuela, con el mismo nombre, pero la historia es en 2049. FOTO captura
    35 años después de la entrega de Blade Runner se estrenó su secuela, con el mismo nombre, pero la historia es en 2049. FOTO captura
Por Jonathan Montoya García | Publicado el 09 de febrero de 2019
En Definitiva

2019 fue el año en el que directores de cine como Ridley Scott decidieron que transcurrieran las historias que llevaron al cine hace más de 30 años. Predijeron cosas que están pasando.

Hubo escritores a quienes les encantó imaginarse el futuro, uno de ellos fue Philip K. Dick. El novelista estadounidense de ciencia ficción hizo decenas de textos con planetas contaminados, ovejas eléctricas, androides, luchas y caos. Una visión turbulenta que muchos no quisieran que se hiciera realidad.

Aquello que pensó Dick le dio ideas a creativos del cine que llevaron algunos de los relatos del escritor a la pantalla grande o se basaron en ellos; así surgieron títulos como Asesinos cibernéticos, Blade Runner, Total Recall, Minority Report y Paycheck, filmes que le mostraron el futuro a quienes no han leído sobre él.

Las películas de estas temáticas dieron cuenta de distopías, según el docente de cine fantástico de la Universidad Pontificia Bolivariana César Leguizamón, porque deben tener éxito y este se consigue, sobre todo, cuando las historias que se cuentan no muestran un futuro perfecto, si es así, es posible que sea aburrido para el espectador.

“La ciencia ficción es un género catastrófico”, opina el profesor investigador de la Universidad de la Sabana y Phd en comunicación Jerónimo León Rivera Betancur. Para él, es muy raro encontrar un producto cinematográfico perteneciente a esa temática que sea alegre, pues en general busca llamar la atención en el presente sobre lo que podría ser el futuro.

Estas producciones han sido apocalípticas, de historias indeseables y especulativas, aunque también han acertado en lo que presentaron como parte de sus universos narrativos.

Investigadores de la Universidad de Hawaii, entre los que está Philipp Jordan, realizaron un estudio, en 2018, llamado Exploring the Referral and Usage of Science-Fiction in HCI Literature (Explorando la referencia y el uso de Ciencia-ficción en la literatura de HCI).

En ella diagnosticaron que “existen numerosos ejemplos de productos, dispositivos y sistemas interactivos en el mundo real cuyo origen se remonta a la ciencia ficción. Desde el reloj de pulsera utilizado por el detective ficticio Dick Tracy hasta los comunicadores de Star Trek, que son anteriores a los teléfonos móviles. De la videoconferencia y la desobediente Inteligencia Artificial (IA), como se muestra en Odisea al Espacio (2001), a los videoteléfonos y robots de Fritz Lang en 1927.

Todo eso que describe Jordan existe ahora, sin embargo, las películas también han mostrado tecnologías que aún no son realidad: los carros voladores son ejemplo, aunque hay avances en ello.

Estamos en el futuro

En 1980, 2019 parecía aún lejano para los directores de cine del género Sci-Fi (ciencia ficción), casi 40 años los separaba de ese periodo que para ellos significaba el futuro. Para imaginárselo hay que vivir el presente, expresa el profesor Rivera.

Por esa razón, asegura el docente investigador de la Sabana, el futuro cambia a medida que se transforma el presente. El que visualizaron en los 80, pensado en contexto de la guerra fría, no es el mismo que advirtieron en los 90, cuando el concepto de estas películas fue de introspección, y que revivió la tensión entre máquina y humano, indica Jerónimo Rivera.

El género en el que se enmarcan estas películas (ver recuadros) está cruzado por la ciencia, por eso no es gratuito que haga parte de su nombre. La relación de Sci-Fi con la realidad es fuerte, explica el Phd, no es fantasía y por esa razón se imagina lo posible, lo que podría ocurrir. La ciencia ficción se anticipa, revisa el futuro. Así fue 2019 de acuerdo con estas tres películas y un libro .

EL FUTURO ES UN SUEÑO

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Viajar a Tokio, la capital de Japón, podría ser para algunos un viaje al futuro. No es gratuito que la ciudad de 2.187 kilómetros cuadros y casi 14 millones de habitantes sea llamada la capital mundial de la tecnología.

Allá, entre rascacielos hay un barrio ideal para los gomosos tecnológicos, Akihabara, en el que se encuentra lo último.

Pero ese no es el Tokio que imaginó el dibujante de manga Katsuhiro Otomo, en su libro de cerca de 2.000 páginas y que le tomó 8 años escribir, Akira.

Según la historia, en 1988 el mundo está a punto de ser destruido a causa de una guerra nuclear, un tema recurrente en las historias de ciencia ficción de esa época, comenta el profesor investigador de la Universidad de la Sabana, Jerónimo Rivera.

Treinta años después existe una nueva ciudad, Neo-Tokio, sin embargo, aparentemente con más problemas de los que había antes, entre ellos errorismo y desempleo. Su protagonista es Shotaro Kanedad, un delincuente motociclista.

En 2019 de Akira, el gobierno de Neo-Tokio oculta un grupo de mutantes con poderes psíquicos. Adicionalmente hay autos que vuelan y representaciones holográficas de personas.

En 2017, por ejemplo, durante los premios Billboard, en Estados Unidos, “revivieron” a Michael Jackson mediante un holograma, simulando su presencia en el escenario mientras cantaba la canción Slave to the rythm, una canción inédita que fue incluida en el disco Xscape (2014). Tuvieron que recrear cada movimiento del Rey del Pop por medio de potentes computadores.

PARECE UN PARAÍSO, PERO NO

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Una lotería que los lleve a la isla, eso esperan ganarse los habitantes de un mundo creado después de que el planeta aparentemente quedó destruido por la contaminación y La Isla es el único lugar posible de habitar, una especie de paraíso.

Sin embargo, un par de habitantes del complejo –Lincoln Six Echo y Jordan Two Delta– se enteran de que son réplicas de personas del mundo real (que no está destruido) y que la Isla no existe, solo es una forma de sacarlos engañados de su hábitat cuando los seres desde los que son clonados necesiten, por ejemplo, el transplante de algún órgano.

Sus protagonistas –Lincoln y Jordan– tratarán de escapar de ese mundo porque su anhelo es vivir. Esa trama de la película dirigida por Michael Bay y estrenada hace 14 años (en 2005), sucede en 2019.

El mundo que se presenta en el filme, en general, es muy similar al actual, los desarrollos tecnológicos que exhibe son pocos, por ejemplo, una moto voladora que Lincoln Six Echo desconoce, pero aún así manifiesta quererla cuando la ve en la ciudad por primera vez.

La producción se centra en el tema de la clonación, algo que, por ahora, ningún sistema legal en el mundo permite si esta se realiza con fines reproductivos.

El artículo Clonación humana y otros conflictos éticos en La isla, publicado por la Revista de Medicina y Cine de la Universidad de Salamanca en 2009, señala que “actualmente es técnicamente posible clonar un ser humano por medio de transferencia nuclear, que consiste en reemplazar el núcleo de un óvulo con el núcleo de una célula adulta (por ejemplo, de la piel) del individuo que se va a clonar. Las células del blastocisto o embrión así obtenidas (células madre embrionarias) pueden usarse para investigación y en terapia regenerativa (la llamada clonación terapéutica)”.

Ese panorama no ha cambiado, sin embargo, esa técnica de reemplazar el núcleo de un óvulo no es exactamente clonación, dice un experto en transgénesis animal llamado Lluís Montoliu, investigador científico del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en el Centro Nacional de Biotecnología, consultado por el biólogo y divulgador científico Santiago Campillo para el portal especializado en tecnología Xataca.

El experto manifiesta que “teniendo en cuenta que el 98 % del material genético de la célula está ahí, nos dejamos un 2 % aproximadamente en el citoplasma, en las mitocondrias, por lo que stricto sensu no deberíamos estar hablando de clonación”.

Así es que por ahora no pasará lo que La Isla contó: encontrarse en la calle con una copia idéntica.

PODRÍA CONVERTIRSE EN UNO

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¿Cuál es el deporte más famoso de 2019? El fútbol, seguro, por la exposición mediática que tiene y la cantidad de personas que se decantan con él. El Mundial de Fútbol de Rusia tuvo 3.572 millones de espectadores, precisa el registro que hizo la Fifa de la cobertura oficial del evento.

En 2019 de la película Heatseeker (1995) del director Albert Pyun, conocido por sus filmes de bajo presupuesto o tipo B, el deporte estrella es kickboxer robótico.

El protagonista es Keith Cooke, quien interpreta un Chance O’Brien, un sujeto que se opone a las mejoras en otros luchadores que puede generar el uso de cierta tecnología que los convierte en cíborgs.

Por estos días, en 2019 de la vida real existen estos sujetos cibernéticos. En España, Moon Ribas fue reconocida por el gobierno como la primera mujer cíborg después de que se insertara un sismógrafo en sus pies.

Como ella hay otros, Neil Harbisson y Manel Muñoz (que estuvieron en Medellín en 2018) y existe la Cyborg Foundation, que tiene como propósito guiar a los humanos que quieren transformarse en estos seres mediante el uso de sensores electrónicos.

Harbisson, cofundador de la fundación, es un cíborg porque tiene una antena que le da la posibilidad de ver colores que son imperceptibles para lo humanos.

Se la implantó a causa de un problema médico que lo imposibilitaba para ver los colores como cualquier otra persona.

Así es que el director Pyun no estaba muy equivocado.

BLADE RUNNER, LA DE 1982

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Los Ángeles, noviembre, 2019, señala en su comienzo Blade Runner, la película de Ridley Scott que se estrenó en 1982, hace 37 años. El mundo de hoy no es exactamente el que se imaginó el director y sus guionistas Hampton Fancher y David Peoples (basándose en el libro Sueñan los androides con ovejas eléctricas, de Philip K. Dick).

La primera escena del filme muestra ráfagas de fuego en el cielo de la ciudad y un carro volador que la atraviesa. Allí, en Los Ángeles de 2019, hay “un ser virtualmente idéntico al hombre y conocido como Replicante”, un robot cuyo nombre original es Nexus, y que fue fabricado, a comienzos del siglo XXI, por la compañía tecnológica Tyrell.

En Blade Runner algunos animales están extintos y para recordarlos se construyeron versiones robóticas de ellos.

No hay celulares, tabletas o relojes inteligentes, nada de la tecnología que hoy está al alcance de la gente. Denis Villenueve, director de Blade Runner 2049, la secuela de la película de hace 37 años, le contó al portal de noticias Cnet lo que se imaginó en esa época Scott, pues había coescrito el guion de ese filme con Lansden Fancher, que también participó en esta segunda entrega. Esto fue lo que quiso con la película: “Soñar desde el sueño en lugar de hacerlo desde la realidad”. Por esa razón el futuro que exhibe este filme es alternativo y aunque hay androides, también teléfonos públicos y viajes espaciales.

¿Qué hay ahora?

Lo único que se ha conocido recientemente como Nexus, en el ecosistema tecnológico, es un teléfono que Google fabricaba en conjunto con otras empresas. El más reciente se hizo con Motorola y fue el 6, lanzado en octubre de 2014. Robots sí hay, pero no aún con las capacidades de los Replicantes de Blade Runner, no usan la Inteligencia Artificial de esa manera. Por ahora y algunos de asistencia, informativos o “profesores”, como keeko o Cancan, cuya interacción con los humanos es todavía muy limitada.

Carros voladores no existen, sin embargo hay empresas trabajando en ellos, como Rolls-Royce, Uber, Volocopter y Airbus, todas en general estiman que esta tecnología estará lista el próximo año.

Sobre los viajes espaciales para visitar otros planetas, aún son imposibles para los seres humanos. No obstante, cerca de la tierra, a 400 kilómetros, está la Estación Espacial Internacional (iSS) en la que hay por estos días tres personas, y se espera que esa sea la plataforma de despegue del hombre hacia otros mundos.

Contexto de la Noticia

Jonathan Montoya García

Periodista de la Universidad de Antioquia. Interesado en temas de tecnología y cultura. Disfruto del cine y la música.

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