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Víctor Gaviria conversa de los 30 años de Rodrigo D, no futuro

30 años después de su estreno el director antioqueño habla de Rodrigo D, no futuro, un clásico colombiano.

  • FOTO carlos velásquez
    FOTO carlos velásquez
Publicado el 28 de agosto de 2020

Para hacer sus “películas de realidad”, Víctor Gaviria aprendió que se tenía que rodear de gente. Adquirió la costumbre de hablar en plural porque sus trabajos los hace en combo. “Debe ser así, vos solo no sos capaz de interpretar toda esa realidad”, dice el realizador antioqueño que recibió la semana pasada el Escudo de Antioquia, categoría oro, “por su aporte cultural al país”.

Siempre ha hecho sus cintas en el casting. Su método consiste en encontrar historias y actores al mismo tiempo. La primera que hizo, Rodrigo D, no futuro (1990), trata sobre un joven de Medellín que no sabe bien qué es lo que quiere y que encuentra en el punk una forma de salir de su vacío existencial.

En registros audiovisuales del casting se ve cómo a la oficina del director llegaban los jóvenes de las comunas, pistolocos, estudiantes, punkeros y metaleros, amas de casa, que cuentan sus historias personales y que luego se vuelven parte de ese retrato de ciudad contado desde las laderas del Valle, a finales de los años 80, cuando era sacudida por la violencia de Pablo Escobar y el Cartel.

Así surgió Rodrigo D, No futuro, que tomó el nombre de la italiana Umberto D (1952), un referente del neorrealismo italiano, movimiento que se basaba más en historias realistas, con personajes de clase baja, trabajadores y pobres, grababas en las calles. De ahí que, en una de sus notas de prensa hace 30 años, este diario lo citó como el “neorrealista antioqueño”.

Hoy, parte de la nueva generación de directores de cine de Medellín y Colombia ven al director de 65 años, y a su primera película, que grabó cuando tenía 30, como una influencia. Ejemplo son Los días de la ballena, Los Nadie o Matar a Jesús.

En tres décadas, el cineasta de Liborina, Antioquia, ha realizado cuatro filmes: Rodrigo D. No futuro (1990), La vendedora de rosas (1998), Sumas y restas (2004) y La mujer del animal (2016). Con las dos primeras logró ser selección oficial de largometrajes en el Festival de Cine de Cannes, uno de los más importantes certámenes del género en el mundo. Hasta ahora, el único colombiano que lo ha logrado.

¿Por qué cree que Rodrigo D es tan exitosa?

“Fue en parte la coyuntura. La rodamos en 1986 (fue estrenada en 1990). En ese año se cristalizó la metodología del actor natural. No había argumento, se trataba de construir una historia a partir de las anécdotas y vida de los muchachos de las comunas que llegaban a mi oficina. Todos estaban metidos en esa aventura de la delincuencia y había un delirio en los barrios, donde cientos de jóvenes creían que ese era un camino, en parte, por el espejismo que fue Pablo Escobar; parecía que había llegado un padre a indicarles la ruta a esos niños resentidos, casi todos sin papá y con una precariedad tremenda. Ocurre un fenómeno sociológico extrañísimo y por eso se desata esa guerra entre el Cartel, entre los muchachos soldados y los grupos armados”.

Hubo mucha investigación...

“Sí. En esta cinta se cristaliza esa búsqueda por la realidad. Por un lado, estaban esos muchachos que se decían a sí mismos “pistolocos” y, del otro, los que no habían aceptado ese camino y no habían terminado el bachillerato, que es el personaje de Ramiro, esos que buscaban otras salidas en la música, el punk, caminando la ciudad a ver quién les prestaba guitarras y baterías. Todos ellos llegaron a la oficina donde hicimos el casting. Entonces la cinta se llena de una verdad tremenda, esa de todas las películas de realidad. La vida es la de estos muchachos y el guion está hecho con lo que cuentan”.

Son el espejo de la realidad...

“Sí, con todos esos pequeños relatos se arma. Es una mezcla de voces que empiezan a hablarme por un lado del punk y del metal, y por otro lado la pillería y los “pistolocos”. Eso se condensa en un gran mensaje que ellos me dicen en las entrevistas, ellos estaban confrontados con un “no futuro” que se les presentaba como una sentencia de muerte, además de un mensaje de exclusión muy berraco, una cierta insurrección delincuencial motivada, en parte, por el Cartel. Eso produjo este largometraje, que se convirtió en un documento”.

¿Es la que más recuerda

la gente?

“También de La vendedora de rosas hablan mucho. Tiene el mismo tono de película de realidad. Sabes, Rodrigo D tiene otra cosa, incita mucho a la vocación por el arte y el cine. Casi todos estos jóvenes, como Laura Mora, cuando hablo con ellos dicen que les marcó en su profesión, que vieron que aquí había una posibilidad de preguntarse sobre la vida, no solo hacer un buen filme, o ser exitoso y hacer plata, como en los de corte comercial”.

El cine podía ayudar a contar esas historias...

“Y de esta ciudad tan traumatizada por la historia, de una sociedad tan convulsionada. Los años 80 en Medellín eran el resultado de las décadas anteriores, en las que llegaron muchas poblaciones provenientes del campo desplazadas por la violencia. Ahí se creó una ciudad cuyo signo fundamental es tremendo, que es la exclusión”.

Aparece una Medellín que no estaba en el registro. ¿Cómo buscó las locaciones?

“Yo antes era poeta y conocía a Medellín por Elí Ramírez. Yo intuía la ciudad por él, pero nunca había ido a esos barrios. Escribí el guion con Luis Fernando Calderón, nos inspiramos en una crónica de Ángela María Pérez sobre un muchacho que se iba a tirar de un edificio. El texto tenía tanto de verdad que nos animamos a escribir la historia”.

¿No conocía la ciudad?

“No. Me fui en una moto con Gonzalo Mejía y así llegué al barrio El Diamante, en Robledo, donde terminé rodando. Ese lugar era la frontera con la ciudad formal en ese entonces. No era tampoco un barrio tan lejano, estaba en el límite, de ahí para allá seguían muchos más barrios de autoconstrucción, de invasión, desconocidos. Eran otros puntos de vista de Medellín. Era emocionante llegar al 12 de octubre y sentarse a mirar el Valle, esa constelación de la noche que va de Norte a Sur. Nunca lo habíamos visto desde ese punto de vista”.

¿Y el lenguaje también
fue un descubrimiento?

“Las verdades surgían de la improvisación de los pelaos. Luego dos profesores lo bautizaron como parlache, esa forma de hablar donde ya no se decía ‘hijueputa’ sino ‘gonorrea’, parcero, traído, coger de quieto y todo ese léxico de los torcidos: los dos caras, los doblados, picar arrastre. Esas personas creaban una dramaturgia de la delincuencia en la que no podías confiar en nadie y en una guerra social absurda en la que cualquiera podía matar”.

Su hija Mercedes está por estrenar un documental

sobre usted. ¿Por qué dice que fue muy duro verlo?

“Ella estudiaba Psicología. En un momento nos dice que quiere estudiar cine y se va para Buenos Aires. Luego viene a ayudarme con La mujer del Animal, un rodaje que la abruma porque tiene unos personajes muy ambiguos, al borde de todo, muchas veces de las instituciones y con un pie al otro lado de la ley, sea porque han hecho parte de bacrim (bandas criminales) o han vendido droga. Es una experiencia que yo he manejado todos estos años pero ella no. Eso para ella fue una carga inmensa”.

¿Y por qué le dio duro?

“Porque de alguna manera en su documental (Como el cielo después de llover, aún sin estrenar en Colombia) muestra a un papá muy contaminado por esa realidad que no es muy ejemplar y no está muy cerca de esos valores de la inclusión sino de la exclusión, junto a lugares tenebrosos como la prostitución, casas de vicio y bacrim, esa población que uno puede juzgar y que he aprendido a conocer”.

¿En qué va su quinta

película Sosiego?

“El rodaje iba a ser en junio, con la pandemia tuvimos que parar porque es una historia de tres personajes con muchos extras y figurantes del barrio. Estamos esperando que se abra el contacto social, pero creo que vamos a tener que esperar a cuando haya vacuna, creo que ya será a mitad de 2021. Con esta película también pretendo contar un pequeño trozo de la historia de Medellín”.

Ronal Castañeda

Periodista. Estudiante de maestría en Estudios y Creación Audiovisual.


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