De su época figurativa quedan recuerdos: cuando pintaba bodegones y paisajes sentía un vacío en lo que hacía. “Parecía que pintaba para vender”. Como artista, dice Julio Monsalve, creía que debía apartarse y entrar a un estilo que llevara sus emociones al límite. Halló el arte abstracto: “Es como pintar el pensamiento, esa inconciencia que se plasma”.
La obra de este pintor y grabador antioqueño está llena de chorreados, colores, paletas, líneas y contornos que recuerdan la época del expresionismo abstracto.
Prefiere trabajar en las noches, si bien técnicamente piensa que no hay hora fija. Desde su taller en Carmen de Viboral dice preocuparse por lo que siente y lo que dicta su conciencia y estado de ánimo.
Algo de esto se va a encontrar en su exposición Espacio habitado, abierta en la Alianza Francesa de Medellín. Su más reciente serie, del mismo título, está conformada por 12 óleos y acrílicos en mediano y gran formato. Según el artista, son espacios habitados porque siempre el ser humano ha habitado un lugar: “Tenemos la necesidad de ocupar algo, incluso esta sala”, comenta.
Se refiere al lugar de exposición, en el que hay un hilo conductor: “El negro predomina en los tonos, que hace las veces de la tinta cuando se escribe”.
Regístrate al newsletter