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“En Eafit he pasado los mejores años de mi vida”: Juan Luis Mejía

Juan Luis Mejía Arango, rector de esta universidad que celebró de forma virtual 60 años. Una fiesta y una época llena de enseñanzas.

  • FOTO cortesía eafit
    FOTO cortesía eafit
11 de mayo de 2020
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Hay varios hábitos que Juan Luis Mejía Arango, rector de Eafit, ha echado de menos en estos días de aislamiento preventivo: las caminatas por el campus universitario en las que podía disfrutar de las orquídeas, que asegura, deben estar florecidas en este mayo. Cuenta también que tiene añoranza de la gente, le hacen falta los conciertos y ese ritual de la fruta mañanera (papaya, mango o banano) en la frutera de la cafetería central.

Con melancolía y todo, le tocó cambiar los planes del 60 aniversario de la institución educativa para el 4 de mayo: ese lunes y en un escenario virtual, la universidad conmemoró oficialmente sus primeras seis décadas de historia. Cerca de una hora y media para agradecer a los 18 pioneros que le dieron vida a Eafit. Palabras de reconocimiento y afecto de autoridades, líderes de la sociedad, estudiantes, egresados, directivos, administrativos y amigos.

El cierre musical fue con La Orquesta Sinfónica de la institución, que interpretó el primer movimiento del concierto para trompeta de Haydn con cada músico desde su casa. Para Mejía ese fue un gran momento, como tantos que ha tenido en cerca de 16 años como rector.

¿Qué significa hoy educar?

“El concepto de educación tiene varias dimensiones, la primera es la transmisión de conocimiento de una generación a otra y las instituciones educativas somos como los portadores del acervo cultural y científico acumulado por la humanidad a través de su historia. Una segunda fase, que está cobrando más importancia hoy, es que es interacción social. Eso, que no lo puede dar la remota, es lo que más estamos extrañando ahora, la posibilidad de construir sociedad y formas de convivencia a partir de valores, de rituales consuetudinarios. No es solo la transmisión de conocimiento, es la posibilidad de vivir juntos en armonía”.

Y educar en la incertidumbre, como hoy...

“A veces reflexiono sobre qué estaremos pensando de esta pandemia dentro de dos años. Si hablamos de lecciones la primera sería lo vulnerables que somos los seres humanos. Mire, que un bicho imperceptible, casi de lo nano, haya puesto en jaque a la humanidad pone en evidencia lo frágiles que somos y eso nos lleva a una gran reflexión que debe estar presidida de humildad: el peso de no sentirnos los reyes de la naturaleza, de que podemos usarla y abusarla. Lo otro es que esta añoranza que tenemos del abrazo y la cercanía nos lleve a replantearnos unas nuevas formas de vivir en sociedad, creo que nos desgastamos tanto e inútilmente nos enfrentamos y confrontamos. Y lo tercero es el modelo de desarrollo. Hace poco leía que el 1 % de la humanidad tiene más riqueza que el resto del mundo entero, los modelos de equidad social tienen que replantearse y nos lo está demostrando esta fragilidad”.

Y ante ese panorama, ¿cómo y
qué hay que enseñar de ahora en adelante?

“Las formas de transmitir conocimientos y enseñanzas van a salir enriquecidas de esta crisis, primero porque no va a desaparecer la presencialidad, pero va a salir beneficiada por toda esta fortaleza de la educación remota que hemos experimentando a la fuerza en estos dos meses. El papel del maestro va a adquirir una nueva dimensión, va a salir con herramientas que antes no contaba, la educación ha encontrado los recursos de la tecnología para complementarse”.

Puede ahondar un poco
más en ese papel del maestro...

“El profesor dejó de tener el monopolio de la información. Esta se encuentra a un clic de distancia, entonces ese maestro es hoy un estudiante más, un compañero de sus estudiantes en la aventura del conocimiento. Obviamente tiene una mayor experiencia en la vida, una visión más amplia del mundo, pero siempre tiene que ser el mejor estudiante de todos. Hoy el que deje de adquirir conocimiento simplemente lo deja el tren de la historia. El gran reto que tiene es estar actualizado en sus temas, acompañar a sus estudiantes, pero sobre todo tener la humildad de decir: estoy aprendiendo”.

Ha celebrado muchos cumpleaños de la universidad, ¿pensó que iba a festejar estos 60 cuando ingresó en 2004?

“Mis ciclos laborales eran más cortos, de tres o cuatro años, y pensé que la universidad sería así. Gracias a la generosidad del Consejo Superior que me ha aguantado todos estos años, pues ya llevo 16, pero han sido para mí, los años más felices de mi vida. A veces miro para atrás y pienso que todo lo que hice antes fue una preparación que la vida me fue dando para poder llegar a Eafit. Me he sentido realizado profesionalmente, acogido y con libertad de hacer, actuar y pensar, que es lo más importante en una universidad”.

¿Y celebrarlo desde la virtualidad?

“Estaba pensando la diferencia entre la conmemoración de los 50, los 55 y esta. Teníamos muchos preparativos, concierto, un gran encuentro, pero bueno, la vida nos obligó a hacerlo de manera virtual, creo que salió muy bien. Quiero agradecer a los que participaron, pero muy especialmente el esfuerzo que hizo la orquesta, ahí sí hay una reinvención total de cómo puede funcionar desde casa y ponerse de acuerdo en una sinfonía, eso me pareció maravilloso”.

¿Qué tanto ha cambiado la universidad que fundaron en 1960 y la que hay ahora?

“Mucho, la sociedad ha cambiado y el gran éxito es que la universidad ha sido capaz de adaptarse a los cambios sociales. A principios de los 60 ese cambio de escuela de negocios a universidad generando nuevas áreas del conocimiento, primero ingeniería, después humanidades, derecho, economía, etcétera. Luego dimos otro salto, de ser una universidad que solo transmitía conocimiento, a una universidad que aspira a generar conocimiento. Cada etapa ha ido dando respuesta a unas necesidades sociales”.

¿Y qué ha permanecido?

“Unos valores basados en la integridad. También la audacia, crear Eafit fue un acto audaz en su momento, enmarcada en unos rígidos parámetros éticos. Una capacidad de adaptación a las necesidades de la sociedad, un respeto a la iniciativa privada que considero algo importante. Lo otro es la adaptación, cómo vamos incorporando nuevas áreas de conocimiento”.

¿Qué valor representa a Eafit?

“Una gran armonía con la sociedad. El gran peligro de la universidad es aislarse y volverse un ente autosuficiente que se autocomplace con su producción. Lo importante es esa sintonía con las necesidades del sector privado, con los requerimientos del sector público, del tercer sector, son nuestro elemento diferenciador”.

¿Cuáles han sido los retos
más difíciles desde que cerraron
la universidad y “abrieron” las casas?

“Yo mismo me asombro. En una semana fue capaz de pasar de la presencialidad a la educación remota. Eso implicó que en ocho días tuvimos que capacitar más de 2.000 profesores en diversas herramientas, adecuarlas y actualizarlas. Otro punto fue la forma de conectividad con los estudiantes, en una semana tuvimos que abrir más de 13.800 cuentas en eafit.edu.co y luego poder acompañar a todos aquellos profesores y estudiantes que no tenían dispositivos, hemos prestado más de 450 computadores personales para quienes no contaban con uno en su hogar. Por último, cómo facilitar la conectividad a aquellos estudiantes becados que o viven en lugares muy remotos o que no tenían conexión, entonces les dimos un apoyo financiero para que pudieran pagar internet. Una reinvención en una semana, ya vamos en la octava y creo que el objetivo que nos trazamos de terminar satisfactoriamente el semestre lo vamos a cumplir”.

Acaba de hablar de reinventarse,
un término del que muchos hablan...

“Sí, lo hicimos en esta coyuntura, pero ahora tenemos un gran reto. Los expertos en estrategia marcan tres etapas: la reacción y la resiliencia, que es en la que estamos. Nos falta la reinvención. Hacia un futuro y desde todas las organizaciones, estamos tratando de otear cómo será el mundo pospandemia. Es un reto inmenso en el que estamos, tratando de imaginarnos un futuro cercano y lejano”.

¿La educación virtual y la presencial
son complementarias o reemplazables?

“Evidentemente es distinta una relación directa y personal a una mediada por un dispositivo y por la red, pero creo que en el futuro van a ser complementarias, y que el mundo va hacia allá. Esa añoranza que tenemos ahora de campus se va a fortalecer y la vamos a complementar con las nuevas tecnologías. La presencialidad en un futuro va a seguir siendo importante porque la institución no es solamente transmisión de conocimiento, sino esa posibilidad de relacionamiento entre los seres humanos, de construir sociedad, de pensar críticamente, eso es fundamental para la democracia. Esos otros atributos no visibles y que no son posibles por la virtualidad van a tener más vigencia. La universidad como epicentro cultural, como el lugar en el que puedes disfrutar de un concierto, de una conferencia, de un cine club, epicentro deportivo, esas otras dimensiones del ser humano que hacen parte de la formación integral, serán determinantes en el futuro”.

¿Cómo va a cambiar el mundo en materia educativa después de esta pandemia?

“Vamos a vivir una primera etapa de reencuentro, lo que llaman normalidad, en uno o dos años, pero hay varias cosas que van a cambiar. Lo que entendíamos por educación, en una etapa de la vida, lo que la sociedad ha dicho de que entre tal y tal edad no entre al mundo laboral si no que capacítese, se rompió. Uno de los grandes cambios hoy es la educación para el resto de la vida. Ahí hay un cambio trascendental, las instituciones educativas tenemos que pensarlo, sobre todo las universidades. El mundo está generando conocimiento a una velocidad tan acelerada que hay algunos autores que dicen que en esta década la humanidad va a renovar conocimiento cada 72 días. Por lo tanto, los conocimientos que adquirimos cada vez van a ser más efímeros y hay que renovarlos permanentemente, ahí está una de las grandes transformaciones de la educación”.

¿Qué es lo que ha aprendido en estos días de cuarentena?

“Mi primer aprendizaje ha sido tecnológico, yo soy muy torpe tecnológicamente, me tienen que ayudar en todo y bueno, ya soy experto en Teams, en Zoom (risas). Le perdí el miedo a ese tipo de relación. He aprendido a valorar mucho más la presencialidad, la interacción humana, la cercanía con los otros seres. Más que un aprendizaje, ha sido una nostalgia y una valoración mayor, de la posibilidad de vivir en sociedad”.

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