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“El humor necesita flexibilidad”, entrevista con la ilustradora española Flavita Banana

La viñetista estelar del diario El País, de España, llegó por primera vez en Colombia como invitada al Salón Visual Bacánika 2023. Estuvo en Medellín y EL COLOMBIANO habló con ella.

  • Flavita Banana y su paso por Medellín. FOTO Jaime Pérez.
    Flavita Banana y su paso por Medellín. FOTO Jaime Pérez.
  • Flavita Banana en su paso por Medellín. FOTO Jaime Pérez
    Flavita Banana en su paso por Medellín. FOTO Jaime Pérez
08 de junio de 2023
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Flavita Banana en su paso por Medellín. FOTO Jaime Pérez
Flavita Banana en su paso por Medellín. FOTO Jaime Pérez

Flavita Banana es el nombre artístico de la ilustradora española Flavia Álvarez quien desde muy joven descubrió su pasión por dibujar. Estudió Arte y Diseño y cursos superiores de ilustración en la Escola Massana de Barcelona y se dio cuenta de que lo suyo era trabajar situaciones con gran contenido narrativo. “Su trabajo destaca por un trazo potente, donde la energía se une al sentido del humor”, dicen las reseñas de sus libros.

Es autora de los textos Las cosas del querer, y de su edición revisada y ampliada Las cosas del querer unos años después, Archivos estelares y Archivos cósmicos; e ilustradora de Curvy.

Las viñetas del diario El País de España tiene su firma desde 2016 y EL COLOMBIANO conversó con ella en su paso por Medellín, invitada al Salón Visual Bacánika 2023.

Tradicionalmente la ilustración o las viñetas (historietas) son un campo muy masculino...
“Totalmente. Creo que todo lo relacionado con el humor generalmente siempre ha sido muy masculino. Se ha asociado que el humor es de hombres y el humor de mujeres es de temas de mujeres, por ejemplo. Tampoco había muchas cómicas antes ni literatura de humor hecha por mujeres. Entonces no es solo eso, sino que además poder dedicarte a una profesión gráfica requiere unas libertades que yo creo que antes no teníamos ni como opción, porque tampoco creo que los humoristas gráficos hombres fueran a academias o cosas así, sino que se formaron por sí mismos, o sea, tenían un tiempo para poder hacerlo y nosotras históricamente no. Ahora está empezando a haber cada vez más, gracias a las redes sobre todo, porque desafortunadamente por ejemplo en prensa no se está ampliando el cupo de más viñetas, lo que daría lugar a que quizá más mujeres pudieran trabajar de ello, pero sí, mis compañeros son hombres todos”.

Eso también quiere decir que las temáticas femeninas o temáticas de mujeres no han estado en el humor gráfico...

“Si te fijas en alguna dibujante como la española Núria Pompeia, que vivió en los años 50, 40, sí hacía viñetas un poco reivindicativas de la mujer, pero solo ella. También es que yo ahí tengo un poco de dicotomía, es decir, no sé si me preocupa más que no se haya hablado de las mujeres en la viñeta o que no haya habido mujeres haciendo viñetas de lo que les dé la gana. Ambas cosas un problema enorme, obviamente. Y toda la razón, no creo que ningún hombre viñetista tuviera interés en retratar lo que era ser mujer, por supuesto. Ahora cada vez hay más chicas que hacen humor gráfico. Si te fijas, a mí me pasó lo mismo. Siempre que empezamos a exponer nuestra opinión en público hablamos de lo doméstico. Lo doméstico como hogar y como el espacio que nos rodea. Entonces las mujeres siempre hablamos de nuestros cuerpos, de relaciones amorosas, del hogar, del feminismo. Sin embargo los hombres cuando empiezan a dibujar, dibujan de todo, lo que les dé la gana: superhéroes, política, deporte, ficción extrema, ciencia ficción. Entonces, está bien, yo creo que estemos poniendo sobre la mesa estos temas que se tienen que conocer, pero también me gustaría que haya más chicas que crean que su opinión respecto a cualquier otro tema también es válida para ser publicada y dicha”.

Usted mencionaba, que no hay muchos espacios y llegar a uno como El País, un medio tan masivo es complicado. ¿Resulta rentable dedicarse a esta profesión?

“No, por la parte de dibujar en prensa y te lo digo ya, pagan muy poco, porque es que realmente no hay dinero, o sea, la prensa si no quiere acabar repleta de anuncios, pues no puede pagar mucho más a los colaboradores. Eso debe suponer un tercio de mis ganancias mensuales quizá. Para poder vivir de ello, creo que hay que diversificar. Si por ejemplo te sigue mucha gente en redes, pues puedes, aunque no me guste la palabra, monetizar a esa gente que te sigue, es decir, abrir una tienda online, por ejemplo. Y luego, el hecho de tener más o menos seguidores, suele llevar a que algunas marcas quieran colaborar contigo. Que eso está bien, porque también puede ser un plus, pero el problema es que muchas veces no les importa mucho tu trabajo, solo realmente quieren utilizar tus seguidores. Entonces está complejo el tema. Pero en prensa sí, yo creo que en prensa nacional en España, que ya debe haber 5 o 6 periódicos distintos, soy la única chica. Porque son muy mayores y si no muere alguien, no entra otro”.

¿Dentro del humor gráfico latinoamericano, hay algún referente que haya nutrido su trabajo?

“Son argentinos todos: Quino, Mordillo, Cran. No conozco muchos más, creo que la mayoría de los que más me gustaron siempre eran franceses o belgas. Pero en España también hay tradición, aunque piensa que del 78 hacia atrás, al existir una dictadura, había viñetas, pero eran muy suaves porque no se podía criticar nada. Entonces, no, latinoamericanos no mucho”.

¿Cómo sabe que algo de la realidad se puede convertir en una obra? ¿Cómo es el proceso para saber qué puede convertirse en una viñeta?

“A veces he tenido ideas que yo misma he descartado porque creo que es algo muy concreto que va a interpelar a un sector muy chiquito, como cuentas de Instagram con humor gráfico de celíacos, todas son bromas de celíacos porque los celíacos se mueren de risa con eso. Me parece como un nicho muy pequeño, un target muy chiquito, eso no me interesa mucho.

Hay cosas, vivencias personales que podría retratar, cosas como tatuajes, como dejarme las canas, como que duermo muchísimas horas, pero creo que lo importante es recordar siempre para quién lo estás haciendo, que es para el público, y al público, sobre todo con el tema del humor gráfico, le gusta sentirse identificado. Si un tema es demasiado concreto, entonces no creo, yo lo suelo descartar. Lo demás, creo que se puede hacer de todo”.

Hay una idea de que las militancias, no sé si la palabra quepa en su caso, las militancias, digamos en el caso del feminismo, no tienen humor, porque esto riñe con el humor, ¿qué piensa de eso?

“Bueno, porque las militancias siempre han sido muy serias porque han sido muy verticales, muy rígidas, es decir, muy patriarcales, unas militancias que no se permitían reírse de sí mismas, gente con creencias muy firmes y muy coherentes que no dejan escapar ni una pizca de sonrisa ni de humor.

Creo que todo lo estático y lo rígido, obviamente no da lugar para el humor, por eso no ha habido mucho. Imagínate el marxismo, aunque creo que Lenin fue uno de los pocos dictadores que permitía los chistes hacia él, o sea, que se publicaran viñetas de humor que se rieran de él, no sé si yo me hubiera atrevido a hacer alguna, pero sé que él estaba de acuerdo.

¿Qué ocurre, por ejemplo, con el feminismo? Que al no ser un movimiento rígido, sino en constante adaptación, en constante aprendizaje y que no pretende disciplinar sino que es más bien una forma de ver el mundo, de organizar las cosas de una forma más flexible, más horizontal, más indulgente también no me imagino una persona muy metida en un ismo político comportándose de esta manera y creo que eso riñe mucho con el humor, porque el humor necesita flexibilidad”.

¿Y el feminismo tiene esa flexibilidad?

“Sí, obviamente hay escuelas que cada una lo vive a su manera, hay movimientos más radicales feministas, una lucha más física quizá, más de manifestaciones o protestas más violentas, y creo que tiene que haber de todo, no sé si ellas también se ríen, ojalá, pero creo que puede haber muchas formas de defenderlo”.

¿Usted no le pondría mucho problema si alguien califica su trabajo como feminista?

“A ver, me parece perfecto cuando las viñetas que son de feminismo. A veces me ha molestado un poco cuando me han catalogado como la viñetista feminista, porque no todas tratan de ese tema, es decir, tú puedes ser feminista y no dirán el reportero feminista, o en mi caso yo qué sé, también soy agnóstica y no van diciendo la dibujante agnóstica, pero creo que a veces el añadido feminista vende mucho, entonces quien te lo pone tiene un interés, y suelen ser medios de comunicación que quieren que les lean, o editoriales que quieren vender más libros, bueno, eso siempre pasa, los movimientos sociales se usan como marketing”.

Ahora que menciona palabra libros, muchas de sus viñetas también son personas leyendo...

“Sí, es súper importante para mí, y también creo que fue un poco el inicio de que las cosas fueran bien, se empezaron a compartir más y más mis viñetas, precisamente las de libros, porque suelen ser mujeres leyendo, y creo que es una comunidad muy orgullosa de sí misma, una mujer lectora que va a clubes de lectura y cosas así, está muy orgullosa de su condición de lectora, y le gusta poder ver viñetas donde se siente identificada, y pequeñas cosas que ocurren con los libros. Fue a raíz de esas imágenes que empecé a tener más visualizaciones y todo. Y he seguido haciéndolo porque dibujar lo que te ocurre el día a día y lo que conoces es más sencillo”.

¿Es verdad que usted se pagó sus propios estudios?

“Sí, porque era en una escuela privada. Yo quería hacer esa carrera, sí o sí y mi madre no podía pagarlo, entonces me puse a trabajar, pero si tienes la suerte de que tus padres te lo puedan pagar, por favor disfruta, pero sobre todo disfruta. En mi caso creo que era prácticamente una de las mejores alumnas de mi clase, la más aplicada, pero porque sentía cada euro que había invertido en poder estar allí. Y claro, me sorprendía mucho que hubiera compañeros que en cuanto se proponía un proyecto sobre tal cosa, pues que estaban ya quejándose. Mierda, pero te has metido aquí a estudiar porque querías, ahí es cuando también te das cuenta que hay mucha gente que estudia porque se supone que tienes que estudiar, no porque realmente les apetezca. Y ahí aparece la presión social con todas estas estructuras tan rígidas y que ojalá desaparezcan y podamos ser como nos dé la gana, y equivocarnos y volver para atrás, y ponernos a estudiar una carrera a los 60 años, esta flexibilidad es la que ojalá logremos algún día”.

¿Dibuja siempre? ¿Siempre está en función de hacer viñetas?

“No, dibujo los días que tengo que hacer viñetas, pero todo el día si estoy pensando. En mi caso ya dibujé mucho, la carrera, los inicios en cuando no encuentras mucho tu estilo, entonces estás probando todo el tiempo, entonces el dibujo es bastante sencillo en mi caso, no requiere de estar mucho rato, pero la idea sí que me resulta muy importante que sea la adecuada, entonces como yo tengo que mandar una viñeta a El País, día por medio, pues el día que tengo que mandar estoy dedicada a ello, incluso el día intermedio también, dándole vueltas, ¿qué tema voy a tocar?, ¿me voy a ir por otro lado o por la actualidad?, si me siento más valiente ese día y quiero meter más caña contra algo con lo que no estoy de acuerdo, o si estoy más relajada y voy a hablar de cualquier cosa, pero sí pensando estoy todo el tiempo y sobre todo muy alerta de cualquier cosa que pueda ver u oír, una conversación y decir, de aquí voy a sacar una buena viñeta”.

Y has sentido en algún momento, eso que se llama la autocensura, ese límite que uno mismo se pone...

“Sí, es muy rápido, es un instantáneo cuando ocurre, es como que vas por un camino en tu cabeza, en una línea, voy a hablar de esto, y de repente paras y dices, no, y ese no, ¿por qué?, en ocasiones porque me va a dar problemas con el público, porque me puede dar problemas con el periódico, porque yo que sé, lo que me estoy metiendo es con el uso que hacen de la información, los medios de comunicación, no sé, meterlo en un diario, como que no, porque no me parece interesante, porque me parece un camino demasiado fácil la viñeta que estoy tomando, o por ejemplo, si ha ocurrido algo en la actualidad muy feo, dramático, muy terrible, me obligo a no hacer viñetas de eso, porque me parece muy mal aprovechar que esté ocurriendo algo muy malo para sacar una viñeta muy buena, que es lo que hace muchísima gente. Imagínate que estalle una guerra en Colombia, con otro país, y de repente haces la mejor viñeta de tu vida, la que te va a abrir todas las puertas, no sé, yo no dormiría tranquila, no es que llegue a censurarme sino que la idea no prospera”.

Y para alguien que está siempre pendiente de la realidad y está pendiente de las pequeñas cosas para encontrar viñetas, ¿qué le ha propiciado este viaje a Colombia?

“Creo que para cualquier europeo salir de Europa es una cura de humildad. Yo ya había salido muchas veces de Europa a Latinoamérica y a Asia, África, a todas partes, pero cada vez me doy cuenta de cosas que damos por hechas y hay una cierta sensación de superioridad que te meten en la cabeza allá. Hay mucho racismo, bueno, lo habéis podido ver con el tema del fútbol, pero en general hay mucho racismo así y siempre que vengo a Latinoamérica y esta vez me ha pasado también en Colombia, he pensado, conozco a tanta gente que es que le obligaría a venir y enseguida es que nada más llegar les encantaría tanto. Hay una porción del mundo que cree que realmente en Latinoamérica o en el hemisferio sur en general es más o menos como el 24 horas de los occidentales, ¿no? y nada que ver y de hecho sobre todo nosotros tenemos que aprender. Lo que más me encanta es la naturaleza, o sea todo lo verde, los recursos que hay, eso me fascina, nosotros no tenemos nada, estamos todos apretados, llenos de edificios. Lo natural es lo que más me llevo”.

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