Llegó a la Medellín proveniente de Bogotá, con un morral pequeño y una bolsa de tela. Estuvo caminando por el centro antes de participar en su charla de la Parada Juvenil de la Lectura en la UVA de la Imaginación en Villa Hermosa. Tiene tres aretes, un piercing y sus brazos llenos de tatuajes. A simple vista pocos pensarían que se trata de un librero. Marco Sosa lleva ocho años al frente de La valija de fuego, una librería, como dice él, “con un aire propio, una impronta y una personalidad definida”.
El lugar, ubicado en Chapinero, Bogotá, en la carrera séptima con la 46, ha roto todos los estereotipos. No es un lugar silencioso, ni minimalista, ni tranquilo. Por el contrario, hay música, punk o rock preferiblemente, cientos de afiches y un ambiente distinto, “yo lo llamo un nodo cultural. No nos interesa tener un nicho, somos volubles, la literatura es una puerta abierta al infinito, es un campo abierto”, dice.
El nombre de su librería nació en honor a Aldo Pellegrini, uno de los precursores del surrealismo en América Latina, “así se llama uno de sus poemas y su antología poética”. Y en esa valija cabe de todo, podría pensarse que es muy segmentada pero Sosa aclara que allí llegan niños con sus madres, estudiantes, profesores o personas mayores, todos buscando algo que les llame la atención, “el oficio de librero implica una buena curaduría y yo elijo libros de ciencia ficción, literatura asiática, primeras ediciones, anarquismo o cuestiones de género, apoyamos artistas locales con serigrafías, calcomanías y más. Tenemos un contacto muy fuerte con artistas de Bogotá que llevan sus artículos para vender, hay de todo y eso le da su encanto”.
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