Pico y Placa Medellín
viernes
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El problema del Teatro de Metropolitano dejó en evidencia los avatares de las instituciones para mantenerse a flote. Es un trabajo que, de todas maneras, vale la pena. La rentabilidad es social.
Siempre se ha dicho que los artistas viven por amor al arte. El imaginario colectivo ha elaborado una lista de actividades para morirse de hambre: pintar, actuar, cantar, bailar o vender pinturas, actuaciones, cantos, bailes. La cultura en general.
Sin embargo, si bien es cierto que los artistas y los gestores de arte no son los que más ganan y ni siquiera ganan como deberían, se sostienen, eso sí, moviéndose como locos para conseguir los recursos. A pesar de que en un país como este y en una ciudad como esta no se consideran los asuntos del espíritu como de primera necesidad.
Cada una de esas entidades culturales vienen a ser, como llamaba Gonzalo Arango, en su Medellín a solas contigo, “una fabriquita para alimentos del alma”, tan importantes...