Por qué llega otra vez Shakespeare a La Hora 25? ¿Por qué se aparece de nuevo por aquí con ese personaje oscuro, Macbeth?
La verdad, él nunca se ha ido de esa casa teatral del barrio Cristóbal. Él es uno más de quienes deambulan por el cafetín, la oficina de los asuntos pragmáticos, los corredores, las gradas de los espectadores y, claro, el escenario que él debe sentir suyo. No se trata del mismo Macbeth que montó La Hora 25 hace veinte años. “El teatro es un elemento vivo, cambiante”, explica Farley Velásquez. Muchas cosas han cambiado desde entonces. Sin embargo, lo constante son las concepciones shakespereanas sobre la humanidad: pervive lo oscuro, lo sórdido, la hechicería, la ambición de poder, el deseo de dominar al otro, conseguir las metas por el camino corto de la violencia.
Macbeth es una historia de traición y ambición desmedidas. Tres brujas despiertan su ambición: le anuncian que será barón, título con el que se llamaba a los compañeros del rey, y luego rey. Esa ambición es alentada por su esposa, Lady Macbeth, quien lo insta a asesinar al rey, hospedado en su casa, para acelerar el vaticinio. Después, dolido por su maldad, habla con brillantez: “No es un asesino el que habla: es la humanidad entera”, explica Farley. Porque el crimen, como la creación, habita en ella.