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La travesía de Zapata Olivella en la Fiesta del Libro

  • Dos libros sobre su vida y obra, uno escrito por George Palacios y otro por William Mina están disponibles en la Fiesta del Libro. FOTO archivo nereo lópez - colprensa
    Dos libros sobre su vida y obra, uno escrito por George Palacios y otro por William Mina están disponibles en la Fiesta del Libro. FOTO archivo nereo lópez - colprensa
Por valeria murcia valdés | Publicado el 07 de octubre de 2020

Ser colombiano, en su más amplia concepción, fue una de las ideas que este autor quiso comprender. La Fiesta del Libro recuerda su legado.

Un vagabundo y un errante, así se miraba así mismo Manuel Zapata Olivella, como un Don Quijote o como Arturo Cova en La Vorágine, pero en búsqueda de una identidad que vería en rostros hermanos tanto en regiones de Colombia, como en Centroamérica e incluso en el Sur de los Estados Unidos, por donde transitaría a finales de la década de los 40.

Hoy, casi 80 años después se le recuerda como uno de los hombres colombianos que más se preocupó por conocer ampliamente los aportes étnicos, sociales y políticos de la raza negra y las herencias indígenas. Este año se cumplen 100 años de su natalicio y la Fiesta del Libro lo recuerda dentro del tema de las diásporas africanas en Colombia con obras como Changó, el gran putas, una donde la multiculturalidad estuvo delante y la tradición oral fue la base de su “realismo mítico”.

En movimiento

Se predispone a viajar, primero a través de la literatura y luego caminando y pidiendo aventones, cuando siendo un estudiante de Medicina en Bogotá, se dio cuenta de que su carrera no le daba las respuestas que él quería encontrar “para curar el alma, la situación de pobreza de muchos colombianos”, dice el autor e investigador George Palacios, profesor del departamento de lenguajes de Clemson University y autor del libro Manuel Zapata Olivella (1920-2004) pensador político, radical y hereje de la diáspora africana en las Américas, que se presentará en la Fiesta del Libro el domingo 11 de octubre. Ese mismo día habrá un homenaje de danzas dedicado al autor por parte de la compañía Sankofa Danzafro.

No se graduó porque consideró que “las causas de la enfermedad social no estabanen el cuerpo sino fuera de sí mismo”, añade el profesor William Mina, doctor de la Universidad Complutense de Madrid y profesor de la Universidad del Cauca.

Pasa por Tumaco, Cartagena, cruza a Panamá, llega a Guatemala, viaja a México y tiene la experiencia de cruzar la frontera con EE. UU. Al mirar las diversas realidades afro e indígenas en su recorrido se reencuentra “con esa otra América que estaba antes del descubrimiento y que el quiere ver en vivo”, añade Mina. De esa travesía surge Pasión Vagabunda.

Ser colombiano

En su familia hubo ascendencia indígena, europea y negra: “Manuel está buscando darle forma y fisionomía a su rostro porque parte de su ser está fuera de sí mismo”, apunta.

A comienzos del siglo XX se daban debates sobre qué es eso que constituye lo que es ser colombiano “y allí participaban médicos, pensadores e intelectuales”, cuenta Palacios. “Se proponía que debíamos alejarnos del trópico y el litoral”

Zapata Olivella subvierte esa idea y es uno de los pensadores que observa “con buen ojo” el aporte que hacen las poblaciones étnicas a la construcción de la nación y se preocupa por conocerlas.

En Colombia, “la construcción de esa memoria y ese pasado, desde un punto de vista político, social y cultural, se hizo sin los afro y sin los indígenas”, suma Mina. “El gran aporte de Zapata Olivella como antropólogo, intelectual, en sus novelas, ensayos y cuentos, es involucrar la participación activa de los indígenas (como en los Pasos del Indio) como personaje de primera categoría en la historia de Colombia y su aporte a la construcción del estado-nación”. Que el hombre colombiano viera que esa construcción de lo que es, es dada en igualdad de condiciones por parte de diferentes corrientes: afro, indígenas y europeas.

En un par de semanas el profesor William Mina estará dictando un seminario en la Universidad de Harvard sobre cómo se entrelazan la intelectualidad, la literatura y el multiculturalismo en la obra del escritor Manuel Zapata Olivella.

Dentro de las fronteras colombianas, sin embargo, no siempre ha tenido tantos oídos. En un año de homenajes para Zapata, investigadores de su obra esperan que deje de ser excluido como pensador, y que sus letras como sus palabras sigan haciendo que mute la mirada sobre una identidad mestiza rica en diversidad.

Contexto de la Noticia

Peregrinación del origen (fragmento) POR: FELIPE RESTREPO DAVID, editor independiente y doctor en humanidades

“Manuel dio una de sus últimas entrevistas para televisión en un patio de hortensias y de rosas en flor: él está en el centro, envuelto en una ruana café, su cabello está casi blanco y ha pasado de los ochenta años con una tremenda historia tras de sí. Y a pesar del tiempo hay algo que conserva con la misma fuerza, un gesto que resplandece volviéndolo a iluminar: la carcajada que le cubre el rostro, y que parece que lo levantara de su silla cuando estalla como un carnaval.

La entrevista transcurre en tono sereno y más bien solemne, sus pausas no son para descansar o para distanciarse sino para pensar, lo que en su caso es puro recuerdo. La memoria lo traicionará en detalles pero no en lo esencial. Ese Manuel es el mismo que una vez entregaría su humanidad entera a su creación y a su trabajo. Entre el brevísimo recorrido que hace de su vida, un detalle es precioso: “Mi mamá me dijo que cuando me parió, lo primero que vi no fue la luz sino el agua. Esa noche caía un aguacero de aquellos que no se olvidan”. Y no agrega nada más; después de otro silencio, habla de su padre severo y de su hermana Delia, decisiva en su trayectoria, y habla y habla de los otros como quien atraviesa puentes sobre ríos. No es que el agua sea el eje de su narrativa, dramaturgia o ensayística; aparece sí, pero no con la intensidad que representa, por ejemplo, la tierra para Rulfo o la biblioteca para Borges. Es que esa sensación de agua sonora haciéndose sentir en esas gotas que caen como infinitos ejércitos son el espíritu que tanto animó su obra. Torrente de lo incontenible, fuerza que se abre camino en los lugares más insospechados, y cuya vida es ese movimiento de sentirse siempre libre, desatada, inundándolo todo.

En esa imagen del nacimiento hay una clave de comprensión, no tanto literaria como humana. El viajero que Manuel fue es esa lluvia que cae, y que ese remoto 17 de marzo de 1920 quiso tragarse su casa. Él es esa agua que se riega entera mientras intenta andar casi con desesperación. Andar hacia su mar: peregrinar a su origen. O, lo que sería lo mismo, regresar”.

Valeria Murcia Valdés

Periodista que entiende mejor el mundo gracias a la música, que atrapa cada momento que puede a través de su lente fotográfico y a la que le fascina contar historias usando su voz.


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