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La gran broma de Shostakóvich sonará esté sábado en Medellín con Filarmed

Este sábado es el quinto concierto de temporada de Filarmed. Le contamos detalles del programa que tendrá como invitado al músico alemán Nils Mönkemeyer, uno de los músicos más destacados de su generación.

  • Ana María Patiño-Osorio es la primera mujer que asume el cargo de Directora Titular en Filarmed, y también la directora más joven en los 43 años de historia de la orquesta. Foto cortesía
    Ana María Patiño-Osorio es la primera mujer que asume el cargo de Directora Titular en Filarmed, y también la directora más joven en los 43 años de historia de la orquesta. Foto cortesía
Sara Kapkin

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hace 1 hora
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Para muchos, la Sinfonía novena del compositor ruso Dmitri Shostakóvich es una burla. Compuesta en 1945, tras la derrota de la Alemania Nazi en la Segunda Guerra Mundial, La obra prometía ser una pieza inmensa, de celebración, una oda a la Unión Soviética. El mismo compositor lo dio a entender así en declaraciones a la prensa de su país meses antes del estreno, cuando anunció que estaba trabajando en “una sinfonía de victoria con un canto de alabanza”.

Lea también: Nils Mönkemeyer, uno de los mejores violistas del mundo tocará este sábado con Filarmed

Parecía que iba a ser una obra luminosa, que evocaría la victoria soviética sobre las tropas nazis, pero nada estaba más alejado de la realidad.

–Escribió una burla absoluta, una sinfonía que nadie esperaba, con una orquestación más pequeña, el inicio mismo es casi una burla de frente a la Unión Soviética, pero también es una obra cargada de mucha nostalgia, tristeza y mucha oscuridad, sin dejar de lado una parte llena de sarcasmo e ironía. Yo a veces tengo la sensación de estar viendo El gran dictador, la película en la que Chaplin se burla de Hitler, porque Shostakóvich se está burlando, pero esa burla también le duele –dice Ana María Patiño-Osorio, Directora Titular de la Orquesta Filarmónica de Medellín (Filarmed).

Shostakovich los engañó a todos. Compuso una obra breve –una pieza de menos de 30 minutos, articulada en cinco movimientos–, para muchos ligera y lúdica, contraria a la tradición de hacer de la novena la gran sinfonía y la última de compositores consagrados. Beethoven, Schubert se murieron después de componerla. La novena carga esa maldición, pero no la de Shostakóvic. La suya da cuenta de su carácter crítico y rebelde. Y de su táctica: promete componer la obra que el régimen deseaba, pero finalmente dijo lo que quería.

“A los músicos les encantará interpretarla, y los críticos se deleitarán destrozándola”, dijo el compositor sobre su obra, una de las más impredecibles de su repertorio y que hace parte del programa del V concierto de la temporada de Filarmed, que será este sábado 20 de junio en el Teatro Metropolitano.

El programa también incluye la Sinfonía n.º 100 “Militar” de F.J. Haydn, el Concierto para viola de F.A. Hoffmeister y Entr’acte de Caroline Shaw. Y contará con un invitado de lujo, el violista alemán Nils Mönkemeyer, uno de los músicos más destacados de su generación.

Aunque son obras de épocas y compositores distintos, el programa está tejido por una especie de hilo invisible.

–Montar un programa es un laboratorio creativo, es una cosa muy personal del trabajo como director. Tiene que ver con la forma como ves el mundo, tus conexiones artísticas, tu propia identidad y esta temporada tiene todo que ver con eso. Para mí es muy importante que siempre haya una conexión muy grande entre las piezas, desde algunos aspectos, ya sean históricos, literarios, narrativos o poéticos –dice Ana.

En este quinto concierto, ese hilo va tejiendo relaciones desde la propia composición hasta las temáticas. Parte de la relación entre Haydn y Shostakovic, presentando dos sinfonías militares, aunque de carácter y contextos muy distintos, para revelar la profunda admiración del compositor ruso por Haydn.

–Shostakovich estaba obsesionado con las formas clásicas de estructura de la sinfonía, no dejaba de pensar en Haydn y en Mozart para crear sus estructuras. Hay una admiración profunda–dice Ana.

En medio de estas dos sinfonías está el Concierto para viola de Hoffmeister, una composición que resalta este un instrumento poco reconocido por el gran público.

–Fue un concierto muy importante en su época porque le demostró a la gente lo interesante que es este instrumento, y que los violistas pueden tocar hasta este nivel de profundidad técnicamente. Por supuesto, sigue siendo una forma clásica entonces está muy conectado con Haydn de manera directa.

Lo sigue el Entr’acte de Caroline Shaw, violinista, cantante y compositora estadounidense. Ella consiguió el Premio Pulitzer de Música en 2013 por su pieza a cappela Partita para 8 Voces. Compuesta en 2011, Shaw hizo la pieza de este concierto tras escuchar al Cuarteto Brentano interpretar la Op. 77 n.º 2 de Haydn.

–Para mí también es muy importante hacer obras de mujeres compositoras. La orquesta ha venido cultivado la idea de hacer música de compositores latinoamericanos, pero yo estoy abriendo un espacio para hacer música de mujeres que no necesariamente son latinoamericanas, pero que son muy importantes, muy buenas. Caroline Shaw, es una compositora extraordinaria –dice Ana.

Comenzamos la serie Más allá del acorde

En una entrevista con este diario, el compositor Gustavo Santaolalla –un rey midas de la música en español– dijo que hay pocas cosas tan conmovedoras que ver y escuchar en vivo cuando los músicos levantan un arco y lo dejan caer sobre las cuerdas. Y sí, la magia de la música sinfónica consiste en que llega al espectador sin los intermediarios de la tecnología actual. En cierto sentido, la experiencia de asistir a un concierto no es muy distinta a la de ir a la playa. El mar y la música son experiencia que impregnan cada uno de los sentidos de los espectadores.

Sin embargo, muchas personas se pierden de vivir en carne propia estos espectáculos por los prejuicios. Uno de ellos, quizá el más difundido, consiste en decir que la música sinfónica es una música culta. Esta afirmación transmite la idea de que se necesita un diploma en contrapuntos o en historia del arte para paladear con gusto los repertorios de las orquestas sinfónicas de la ciudad. Nada más alejado de la realidad. De hecho, la música sinfónica solo exige a la gente la apertura mental para salir de las recomendaciones de los algoritmos de las redes sociales.

Ese es el objetivo de esta nueva sección de EL COLOMBIANO #MásAlláDelAcorde: recordarnos que la música clásica es tan nuestra como un vallenato, una cumbia o un bambuco y aprender de ella, pero de otros géneros también.

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