Juan Pablo no pudo hacer parte del duelo soñado. Pese a las insistentes miradas y gestos que le hacía al técnico Juan Carlos Osorio para ver si le daba la oportunidad de jugar el partido soñado por él, no tuvo eco y solo fue un espectador de lujo.
Cuando terminó el juego estaba que explotaba, con ganas de descargar su rabia en alguien, pero como todo un caballero, lo único que hizo fue lanzar una mala mirada al técnico y no más.
Fue el acto de cualquier ser humano que quiere colaborar con una causa y no lo dejan, pese a que fue el goleador de las últimas prácticas verdes, llegaba primero a los entrenamientos y demostraba que quería jugar más que ningún otro futbolista de Nacional. El técnico tendría sus razones para no ponerlo, pero quedó un sinsabor, no solo en Ángel, sino entre los hinchas verdes, los de River y quienes han disfrutado de su carrera. Merecía más .
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