La hinchada de Nacional cumplió con creces la cita en el Campín y desde temprano colmó gran parte de las tribunas avalando la “localía” del cuadro verde en Bogotá, tras la decisión de Huila de oficiar como local en la capital por temas económicos.
Sin embargo, en la cancha, el equipo que dirige Jorge Almirón quedó en deuda con una opaca presentación del conjunto verde, en parte por su incapacidad para encontrar variantes y dinámica y en parte también por la voluntad del Huila que hizo un partido digno y tácticamente correcto.
Quizás el símbolo de un Nacional capaz, pero infructuoso fue Jeison Lucumí, quien tuvo el protagonismo en el primer tiempo con varias oportunidades por el costado derecho y que, salvo en una acción que estrelló en el palo, nunca pudo decidir correctamente.
Hasta su sustitución por Vladimir Hernández a los 63’ Lucumí se cansó de tomar malas decisiones, aún siendo un jugador talentoso y desequilibrante.
Ciertamente fue otro partido tranquilo en defensa para el Verde: dos remates en contra en 90 minutos.
Sin embargo, a falta de tres partidos para una eventual final, el equipo de Almirón sigue con una pobre producción ofensiva. Pues, tal como en varios partidos del semestre, el alto porcentaje de posesión (62 %) no pudo materializarlo con producción ofensiva en el arco rival. Apenas 6 remates en la fría noche bogotana que deja todo abierto para la vuelta tras el 0-0 definitivo.
Nuevamente el Atanasio Girardot tendrá que ser aliado para superar una difícil serie y así avanzar a una nueva final, algo que no consigue desde el Apertura 2017.
Con las 10 victorias seguidas en casa y el antecedente de la final de 2007 como único referente en duelos de ida y vuelta entre ambos, Nacional sueña con dar ese penúltimo pase rumbo a la final .
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