Por las calles de Inglaterra pedaleaba un joven de 25 años que había nacido en Urrao, en el suroeste de Antioquia. En la transmisión televisiva el narrador invitaba a la ilusión: “Sueñen que Rigoberto Urán lo puede lograr”.
El ciclista iba vestido con la camiseta tricolor y sus piernas no habían parado de pedalear en 250 kilómetros. Luchó durante 5 horas y 45 minutos en aquella prueba de ruta del 28 de julio de 2012, en los Olímpicos de Londres.
Faltaban 150 metros para que un colombiano se bañara por segunda vez en la historia con el oro olímpico. Pero se le adelantaron. El escarabajo giró la cabeza y en ese instante el kazajo Aleksandr Nikoláyevich Vinokúrov tomó la ventaja y se quedó con la presea dorada.