Pocas veces las previsiones deportivas estuvieron tan erradas como cuando vaticinaron el epílogo de Roger Federer en 2016 luego de una serie de fracasos.
Tras ganar su título 20 de Grand Slam a los 36 años y 173 días, el domingo, Federer se ratifica como testimonio de que en el deporte la mente y el entorno pueden superar la frontera de tiempo que impone el cuerpo.
Claro, Federer y los ejemplos destacados (ver uno por uno), nacieron o forjaron condiciones extraordinarias, pero, además, cuando llegaron esos puntos de quiebre en sus carreras tuvieron la capacidad de reinventarse para seguir en el pico de sus disciplinas.
Hoy es frecuente que los atletas perduren aún compitiendo con rivales mucho más jóvenes, apoyados en la ciencia y la sicología deportiva.
Al final, la mente de estos deportistas recuerda que el cuerpo no es el que pone los plazos. Ni siquiera en el deporte de alto rendimiento.
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