El fútbol y la vida le sonríen a Juan Alberto Mosquera, el volante de primera línea que hoy disfruta de un momento especial: su equipo marcha segundo en la Liga Águila-2, es titular y hace un mes nació su hija Antonella. Motivos suficientes para celebrar y sentir que los esfuerzos tienen recompensas.
Empezó a forjar su carrera futbolística en su natal Urabá, en el Deportivo Turbo. Pero fue en un Ponyfútbol donde mostró sus condiciones innatas. Tras verlo actuar en la cancha Marte 1, el club Palmazul de Medellín lo fichó. Luego pasó, junto a Jéfferson Gómez y Diego Moreno, al conjunto naranja. Tenía 15 años.
“Llevo cinco temporadas con el Envigado y siento gratitud. La confianza que me brinda el cuerpo técnico me llena de motivación”, dice el jugador de 1,75 metros de estatura y 75 kilos de pesos.
Los ojos achinados miran el horizonte cuando habla de sus padres, Juan Mosquera y Arelis Álvarez, y de su hermano menor de 11 años que le sigue los pasos en Leones.
Juan trabaja en una finca bananera y la mamá es ama de casa. En la infancia le brindaron amor y lo necesario para vivir, y en su afán de apoyarlo dejaron que abandonara la casa temprano en busca de su futuro con el balón.
El muchacho, que sueña con ser campeón con Envigado, emigrar a Europa e integrar un seleccionado de mayores, vivió en casas hogar del club, luchó contra las lesiones, supo esperar y ahora tiene un lugar en el plantel profesional y una familia que lo inspira.
“Hay que tener disciplina y responsabilidad. Aprovecho cada minuto con la mejor actitud en los entrenamientos y los partidos”, expresa este fruto de la Cantera de héroes que brinda equilibrio y orden.
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