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Pecoso Castro, el profe de la cantera caleña

  • FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
    FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
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COLPRENSA | Publicado el 07 de junio de 2015

“Si yo me doy cuenta de que un jugador se vende, es desleal o infiel, me mata o lo mato, porque no puedo aceptar un futbolista que sea mala gente”.

Así, de ese tamaño, son la rectitud y transparencia que Fernando ‘Pecoso’ Castro pregona en el fútbol y es lo mínimo que les pide a los jugadores que están bajo su mando.

El técnico del Deportivo Cali lleva el fútbol en la sangre porque desde muy pequeño lo incorporó a su estilo de vida cuando decidió ser recogebolas en el desaparecido estadio Fernando Londoño de Manizales.

La bendición definitiva la recibió precisamente una noche en que jugaban el Once Caldas y el Deportivo Cali, cuando el entonces presidente de los azucareros, el ya fallecido Álex Gorayeb, le puso la mano en la cabeza en señal de saludo.

Desde ahí el ‘Pecoso’ supo que su destino estaba marcado de verde. Y en efecto, después de jugar en Once Caldas y en el Quindío, en 1977 aterrizó en la capital del Valle y se enfundó la camiseta de un Deportivo Cali que hizo historia porque, un año después, fue el primer equipo colombiano en llegar a una final de la Copa Libertadores.

En esa época se ganó la fama de mañoso por las tácticas poco recomendables para frenar a los delanteros contrarios.

“A mí me pueden decir lo que sea, pero menos que fui malintencionado”, se defiende cada que alguien le toca el tema. Y es que el ‘Pecoso’ era un lateral izquierdo aguerrido y fuerte, que se las arreglaba como podía para evitar que un puntero derecho le hiciera la fiesta.

Castro estuvo hasta 1981 en la escuadra verdiblanca y jugó en otros clubes hasta que colgó las botas en 1984, para comenzar a dar sus primeros pasos como entrenador.

Quindío, Cúcuta y Envigado fueron el laboratorio antes de llegar al Cali como técnico. Lo hizo en 1995 y un año después salió campeón con los azucareros, en lo que había sido su único gran logro hasta ayer, cuando conquistó su segunda estrella en el fútbol colombiano.

Quienes trabajan con él aseguran que el ‘Pecoso’ no deja nada al azar. Cuida hasta los más mínimos detalles para conseguir el objetivo. Ve muchos videos del rival de turno, está encima de los jugadores con su cantaleta para mantenerlos despiertos y en cada partido gesticula y manotea cuantas veces sea necesario en señal de inconformismo por algo que no se hace bien.

“Él es intenso, grita y manotea todo el tiempo; pero uno sabe que es para el bien del equipo”, dice ‘Guigo’ Mafla, uno de sus pupilos en ese Cali campeón de 1996.

“La primera charla técnica que tuvimos con él me asusté mucho porque para explicar una cosa se tiró al piso y parecía que le estuviera dando algo”, aseguró el argentino Hernán Hechalar, a quien ‘Pecoso’ dirigió en el Atlético Huila.

Con su inconfundible temperamento, del que dice que, y con su particular estilo de vivir y de sentir el fútbol, este técnico manizalita encontró este domingo la gran recompensa al ganar su segundo título en el fútbol colombiano.


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