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Alegría, tristeza y esperanza: así se vivió la final de la Liga Betplay en Medellín

Aunque el DIM no ganó en su visita al Junior, la ilusión de que remonte el próximo miércoles está intacta en la urbe.

  • Raúl Muñoz Valdés es un aficionado del DIM que vivió el encuentro contra Junior en Castilla. Él fue, junto a un grupo de amigos, uno de los fundadores de La Putería Roja, la primera barra caminante del país. FOTO Carlos VELÁSQUEZ
    Raúl Muñoz Valdés es un aficionado del DIM que vivió el encuentro contra Junior en Castilla. Él fue, junto a un grupo de amigos, uno de los fundadores de La Putería Roja, la primera barra caminante del país. FOTO Carlos VELÁSQUEZ
10 de diciembre de 2023
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El ambiente de fiesta en Medellín empezó el jueves, con las velitas y el fin de semana extendido. Sin embargo, el domingo tenía un aura especial. Por un momento la atención se desvió de las celebraciones decembrinas y se enfocó en el DIM y la final de ida de la Liga Betplay-2.

Desde la mañana se sentía que era un día especial. Por las calles de la ciudad se veían pasar personas vestidas con la camiseta del cuadro rojo. Algunos, incluso sin conocerse, se saludaban y decían unos a otros con un ánimo sorprendente que este año sí iban a bordar la séptima estrella en el escudo del Poderoso.

En Castilla, al noroccidente de la urbe, desde temprano se reunieron hinchas para colgar las banderas con los colores alusivos al Rey de Corazones en las fachadas de las casas, en las esquinas y en la parte de afuera de los bares de la zona en los que después verían el juego contra Junior.

Uno de ellos era Raúl Muñoz Valdés, hincha del Equipo del Pueblo de vieja data, que fue uno de los fundadores de La Putería Roja, la primera barra saltarina, instrumental y caminante que hubo en el fútbol colombiano.

Ese grupo de hinchas fue fundado en 1988 por unos amigos que se ubicaban en la tribuna oriental del Atanasio Girardot. La acogida que tuvo la iniciativa fue tal que llegaron a llenar la totalidad de esa zona del escenario.

Además, ellos fueron la semilla de lo que luego, cuando el exalcalde Juan Gómez Martínez decidió separar a las barras del Poderoso y Nacional para las tribunas norte y sur, con el objetivo de evitar desmanes en oriental, llevó al nacimiento de la Rexixtenxia.

La pasión todo lo soporta

Bajo el fuerte sol de las 3:00 de la tarde, Raúl movía una bandera que tiene el escudo del equipo con 3 estrellas, antes de que empezara el partido. Tenía la esperanza de que el cuadro rojo consiguiera la ventaja que le permitiera llegar tranquilo al juego de vuelta.

La misma ilusión tenían en el sector del Parque de Aranjuez, al otro extremo de la ciudad. Cuando empezó el partido, los aficionados gritaban con alegría desmedida: “Viva el DIM el Poderoso” . Pero el ruido se transformó en un silencio paralizante cuando el elenco barranquillero anotó dos goles en los primeros 20 minutos del partido.

Algunos, que se habían acostumbrado a las mieles del triunfo, empezaron a hacer caras largas. Se veían aburridos. Otros conservaron la fe intacta y celebraron a rabiar cuando José Ortíz marcó el gol que puso el descuento. Todos siguieron viendo el juego demostrando que la pasión por el Medellín lo aguanta todo.

La esperanza de remontar

Tanto resiste el amor de los hinchas del rojo que, aunque cuando Junior anotó el tercer gol se empezaron a ver caras de frustración con los ojos tristes, siguieron alentando de manera incansable a los jugadores desde la distancia.

Así pasó en el sector del estadio, donde miles de hinchas se reunieron para ver la final con amigos y familiares. Ellos, cuando menos lo esperaban, rompieron el silencio nervioso de la derrota en el momento en que Diego Moreno descontó de nuevo.

Aunque el rojo perdió, la fiesta siguió por la ciudad. Por el Obelisco se coreó “No necesito que estés arriba para quererte glorioso DIM”, mientras que, ya con la noche encima, en el sur del Valle de Aburrá se escuchó pólvora y el sonar una chicharra vieja que su dueño utiliza para celebrar los logros del Medellín, porque la ilusión, a pesar del sufrimiento, sigue intacta. Los rojos esperan ganar la séptima.

El ambiente de fiesta en Medellín empezó el jueves, con las velitas y el fin de semana extendido. Sin embargo, el domingo tenía un aura especial. Por un momento la atención se desvió de las celebraciones decembrinas y se enfocó en el DIM y la final de ida de la Liga Betplay-2. Desde la mañana se sentía que era un día especial. Por las calles de la ciudad se veían pasar personas vestidas con la camiseta del cuadro rojo. Algunos, incluso sin conocerse, se saludaban y decían unos a otros con un ánimo sorprendente que este año sí iban a bordar la séptima estrella en el escudo del Poderoso.

En Castilla, al noroccidente de la urbe, desde temprano se reunieron hinchas para colgar las banderas con los colores alusivos al Rey de Corazones en las fachadas de las casas, en las esquinas y en la parte de afuera de los bares de la zona en los que después verían el juego contra Junior.

Uno de ellos era Raúl Muñoz Valdés, hincha del Equipo del Pueblo de vieja data, que fue uno de los fundadores de La Putería Roja, la primera barra saltarina, instrumental y caminante que hubo en el fútbol colombiano.

Ese grupo de hinchas fue fundado en 1988 por unos amigos que se ubicaban en la tribuna oriental del Atanasio Girardot. La acogida que tuvo la iniciativa fue tal que llegaron a llenar la totalidad de esa zona del escenario.

Además, ellos fueron la semilla de lo que luego, cuando el exalcalde Juan Gómez Martínez decidió separar a las barras del Poderoso y Nacional para las tribunas norte y sur, con el objetivo de evitar desmanes en oriental, llevó al nacimiento de la Rexixtenxia.

La pasión todo lo soporta

Bajo el fuerte sol de las 3:00 de la tarde, Raúl movía una bandera que tiene el escudo del equipo con 3 estrellas, antes de que empezara el partido. Tenía la esperanza de que el cuadro rojo consiguiera la ventaja que le permitiera llegar tranquilo al juego de vuelta.

La misma ilusión tenían en el sector del Parque de Aranjuez, al otro extremo de la ciudad. Cuando empezó el partido, los aficionados gritaban con alegría desmedida: “Viva el DIM el Poderoso” . Pero el ruido se transformó en un silencio paralizante cuando el elenco barranquillero anotó dos goles en los primeros 20 minutos del partido.

Algunos, que se habían acostumbrado a las mieles del triunfo, empezaron a hacer caras largas. Se veían aburridos. Otros conservaron la fe intacta y celebraron a rabiar cuando José Ortíz marcó el gol que puso el descuento. Todos siguieron viendo el juego demostrando que la pasión por el Medellín lo aguanta todo.

La esperanza de remontar

Tanto resiste el amor de los hinchas del rojo que, aunque cuando Junior anotó el tercer gol se empezaron a ver caras de frustración con los ojos tristes, siguieron alentando de manera incansable a los jugadores desde la distancia.

Así pasó en el sector del estadio, donde miles de hinchas se reunieron para ver la final con amigos y familiares. Ellos, cuando menos lo esperaban, rompieron el silencio nervioso de la derrota en el momento en que Diego Moreno descontó de nuevo.

Aunque el rojo perdió, la fiesta siguió por la ciudad. Por el Obelisco se coreó “No necesito que estés arriba para quererte glorioso DIM”, mientras que, ya con la noche encima, en el sur del Valle de Aburrá se escuchó pólvora y el sonar una chicharra vieja que su dueño utiliza para celebrar los logros del Medellín, porque la ilusión, a pesar del sufrimiento, sigue intacta. Los rojos esperan ganar la séptima.

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