El “nuevo” formato de la Champions genera amores y odios. Hay quienes aún no se convencen con la disolución de los grupos y la repartición, por medio del azar, de los ocho partidos que disputa cada equipo en la “liguilla”.
Hay quienes argumentan que se perdió un poco de mística. Los dirigentes de la Uefa, por el contrario, dicen que eso “democratizó” el espectáculo, las posibilidades. La realidad podría respaldar esa hipótesis. La última fecha fue emocionante. Ubiquémonos en el estadio Da Luz de Lisboa. Durante toda la noche del jueves llovió. Eso le dio un aura especial al partido entre Real Madrid y Benfica. Ambos equipos necesitaban ganar.
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