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#DirectorPorUnDía | “El futuro también puede ser nuestro”: David Vélez

  • David VélezFundador y CEO de Nubank
    David Vélez
    Fundador y CEO de Nubank
Publicado el 06 de febrero de 2022

Se viene un terremoto. Una transformación, primero económica, y después social, que no se ha visto globalmente desde la Revolución Industrial del siglo XVIII. Ya se ha hablado mucho de la llamada “Revolución Digital”, que ya cumple más o menos treinta años de edad. Pero todavía no queda ampliamente claro que estamos apenas en el primer minuto del primer tiempo de esta revolución, y que hay un gran sentido de urgencia de tomar decisiones acertadas y ambiciosas para que esta transformación sea una gran oportunidad para Colombia, y no una amenaza. Si encaramos este desafío correctamente, podremos aprovechar los cambios para construir una sociedad mejor y más próspera. Si no, veremos en las próximas décadas una creciente dependencia de naciones más desarrolladas y menor crecimiento económico seguido por más inestabilidad social.

La transformación económica ha empezado y sus resultados ya son bastante visibles globalmente. La mayor empresa de hotelería del mundo, Airbnb, ofrece más de 7 millones de opciones de hospedaje en más de 100.000 ciudades de 210 países, sin ser dueña de un solo hotel y contando con un poco menos de 6.000 empleados. La mayor empresa de transportes del mundo, Uber, administra más de 3,5 millones de conductores en 10.000 ciudades de 71 países, sin ser dueña de un solo carro. Nubank, una de las instituciones financieras más valiosas de América Latina, tiene más de 48 millones de clientes sin tener una sola sucursal bancaria ni caja fuerte con dinero físico. Tesla, empresa fundada apenas hace 20 años, es hoy la empresa automotriz más valiosa del mundo con un valor de mercado de casi $1tn de dólares, más que las siguientes 9 empresas automotrices juntas, muchas de ellas con marcas como Mercedes Benz, Ford o Toyota con décadas de existencia.

Esta nueva generación de empresas utilizan nuevas tecnologías para reinventar cualquier producto o servicio, logrando utilizar una estructura de costos de diez a cien veces menor para ofrecer una mejor propuesta de valor a un costo significativamente inferior (¡muchas veces gratis!) que la de las empresas tradicionales. Pero más allá de la tecnología, el superpoder de estas empresas digitales es su cultura: usualmente son culturas “de dueño”, horizontales y ágiles, que son obsesionadas por entender y servir a su consumidor, con gran capacidad de continuamente aprender de sus errores y reinventarse. Este superpoder es lo que hace a las nuevas empresas digitales competidores formidables de las empresas del pasado. También ayuda que los tradicionales líderes de mercado, cegados muchas veces por su liderazgo de décadas y de estructuras pesadas y burocráticas, consistentemente subestimen a la “pequeña startup”. Y muchas veces se olvidan de lo más importante: sus clientes.

Acelerando esta película, en diez a veinte años las mayores empresas de todas las industrias de todos los países serán empresas digitales que hoy apenas nacen y empiezan a vivir en la mente del emprendedor o emprendedora. La gran oportunidad que se abre es que por primera vez en la historia, un grupo de programadores en garajes de Salgar, Chocó, Leticia o Barranquilla, pueden tener en sus manos la disrupción de grandes industrias en Colombia, América Latina, y tal vez globales. La aristocracia empresarial de cualquier país que disfrute de un libre mercado ya no está a salvo, y como afirmaba Schumpeter, la “destrucción creativa” es un torbellino que puede empezar, y acabar, en cualquier lugar.

El desafío es que esta misma oportunidad existe para cualquier país, y economías como las de Estados Unidos o China están mucho mejor preparadas para aprovechar las oportunidades que esta transformación va a crear. Eso significa que si no logramos acelerar nuestra participación como país en la revolución digital, veremos nuestras industrias en diez a veinte años siendo dominadas por empresas de estos dos países (como ya lo muestra el smartphone de cualquier colombiano lleno de apps de empresas fundadas principalmente en Norteamérica).

Esta transformación económica inevitablemente llevará a una transformación social de diferentes índoles. La más obvia es que las capacidades y el conocimiento necesarios para tener un rol protagónico en esta nueva fase son fundamentalmente diferentes a las de eras pasadas, y pese a la gran tradición de emprendimiento colombiano, como país todavía estamos atrasados. La “materia prima” o soldados esenciales de la revolución digital son los programadores de sistemas. El gobierno ha visto la necesidad de aumentar la inversión en esta industria, y es loable un programa como el de MinTic de formar 100.000 programadores en los próximos años. Lo que resulta increíble es que nuestros jóvenes parecen todavía no entender el futuro que se viene y cómo prepararse mejor para éste: según datos del SNIES de MinEducación, en el 2020 se graduaron en Colombia diez veces más administradores y abogados que estudiantes de las industrias de Tecnología de Información y Comunicación: solo 15.222 graduados en todo el país. Se calcula hoy que hay un déficit de más de 150.000 programadores en Colombia, y este déficit aumenta anualmente.

La segunda y relacionada transformación social será un gran aumento de la desigualdad económica entre países y personas. Los países que logren ganar esta nueva fase tendrán economías vibrantes donde sus empresas tengan participación global. Los que no, serán “vasallos digitales” de empresas globales que hayan logrado capturar el futuro. Igualmente, en nuestra economía veremos un distanciamiento mayor entre las personas que logran estar preparadas para abrazar la oportunidad que la economía digital va a crear, y la otra gran parte de la población que es dejada atrás. Para mantener una sociedad estable, se necesitará ver de la nueva generación de emprendedores digitales un gran espíritu cívico para que contribuyan activamente a crear más y mejores oportunidades para que todos puedan participar de esta nueva era.

La era digital trae grandes oportunidades para nuestro país, pero el sentido de urgencia de prepararnos bien para esta carrera es enorme. Espero que esta edición que he tenido el honor de liderar de la mano del gran equipo del diario EL COLOMBIANO logre inspirar a muchas personas, y que se expanda el mensaje. El futuro también puede ser nuestro.

David Vélez
Fundador y CEO de Nubank


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