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Espíritu innovador y de superación en cuatro historias

  • Espíritu innovador y de superación en cuatro historias
Publicado el 12 de febrero de 2016

Cuatro oportunidades que dan cuenta del espíritu innovador y de superación que ayuda a cerrar brechas sociales y son ejemplo para las nuevas generaciones.

Manos de mujer, el secreto para exportar

“Solo las mujeres somos capaces de tratar los productos con tal suavidad y delicadeza que llegan perfectos a competir en el mercado mundial”. Así responde Ana Gabriela Mejía, gerente de Caribbean Exotic, cuando le preguntan por qué el 90 por ciento de sus colaboradores son mujeres cabeza de hogar.

Buscar el mayor impacto social a las familias vinculadas a la empresa, ha sido la meta de una compañía que busca las mejores granadillas, uchuvas, curubas y maracuyás de la región.

Pero no sólo el esfuerzo de un centenar de mujeres que hacen parte de la compañía ha generado que Caribbean Exotic haya logrado ventas al exterior por 8 millones de dólares durante el año pasado.

“Trabajamos con 300 pequeños productores del Oriente antioqueño para promover buenas prácticas y asistencia técnica. Eso nos ha mejorado los márgenes como empresa y logramos ver un cambio en las familias”, agrega.

La empresa, desde su fundación en 1986, decidió apostarle a los cultivos familiares, “no solo porque sean los que dan las frutas de mayor calidad en el país, sino por un trabajo de responsabilidad, para enviarle al mundo lo mejor del Oriente del departamento y darle herramientas formativas que les cambie la vida las familias campesinas”.

Con tres décadas de trabajo, Caribbean Exotic detectó claramente que, si se apoyaba educativamente a los proveedores y se les mostraba un nuevo panorama en el que su labor tuviera impacto mundial, la visión de las familias campesinas cambia y llevan el mensaje a sus comunidades.

Con más de 150 empleados directos, todos de Rionegro y Marinilla, la empresa espera que, las delicias en forma de fruta, lleven como valor agregado, la dedicación del campo colombiano.

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El toque “especial” de Salgar

Ir un paso más allá en la cultura cafetera no era un plan estratégico de negocio, era una motivación personal para Diana González Lema, gerente de Café Gualanday. Sin pensarlo, el impulso por mejorar su producción tuvo impacto en los pequeños cultivadores de Salgar, Antioquia.

“Con mi esposo fuimos a varios congresos y tratamos de aprender y conseguir maquinaria para hacer café especial, eso en Salgar no se había visto hasta hace más o menos siete años”, asegura.

Lo que vino después, eso no se lo esperaba. En su finca cafetera, cuando hay cosecha pueden reunirse hasta 200 personas, y muchas de ellas tienen su propio cultivo familiar. Al ver lo que Diana hacía, el interés fue inmediato.

“Las personas querían ver cómo se podía cultivar café especial, qué se necesitaba y, con lo poco que sabíamos en ese momento, empezamos a contarles. La sorpresa fue ver que al tiempo ellos mismo competían por cuál era el café de mejor calidad y el más especial”.

La cultura cafetera, según esta empresaria, está centrada solo en producción, en cuánto volumen se logra, pero a veces se olvida que hay un mercado de calidad y justo ahí querían crecer.

No obstante, en el proceso no podían esperar que el Gobierno o la Federación Nacional de Cafeteros los asistieran. “Eso se habría demorado mucho. Lo que hicimos fue decirle a los cultivadores que si no empezábamos nosotros, nadie iba a venir a decirnos qué hacer”.

Y así lo hicieron. Ante un sector que se ha vuelto dependiente a los subsidios, Gualanday apretó el acelerador y junto a cultivadores y asociaciones de la zona empezaron a trabajar en lo que hoy es conocida como la marca insignia del café de Antioquia, aquella que reposa en las fincas de Salgar.

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De la coca al cacao en Valdivia

En Valdivia cambiaron la coca por el cacao... o mejor dicho, cambiaron la coca por la tranquilidad.

Así lo cree Germán Sánchez, vocero de la Asociación de Cultivadores de Cacao de Valdivia, Antioquia.

“La asociación nació en 2009, cuando nos cansamos del círculo vicioso que generan los cultivos ilícitos”, agrega.

El cambio fue drástico, los 91 asociados dejaron atrás la coca “y no esperamos que vinieran con programas a erradicar, sino que empezamos nosotros mismos, pasaban de recibir 3 millones de pesos que dejaba el cocal, a 300 mil pesos, que era el rendimiento de sus fincas al iniciar este proceso”.

“Pero la tranquilidad vale más, muchísimo más y ese es el mejor legado que le podemos dejar a nuestro hijos”, asegura Sánchez.

Ahora bien, desde 2009 las cosas han cambiado. De de producir 1,7 toneladas, llegaron a la cifra de 78 toneladas en 2015.

“Nos abrimos al mundo y en septiembre del año pasado hicimos nuestra primera exportación, fuimos al salón del cacao en París, Francia y conocimos que nuestra labor tiene mucho potencial”, agrega el vocero de Asocaval.

La decisión de dejar de sembrar coca estuvo marcada por la desaparición de seres queridos: “padres, hermanos, amigos que se fueron por sacar plata ilegalmente”.

Aunque todavía los cultivos ilícitos tienen fuerza en la zona, el trabajo de los pequeños productores de Valdivia empieza desde las familias.

“Tenemos un programa que se llama Escuela de Cacaoteritos. Todos los años vamos a un colegio y dejamos nuestro mensaje, acompañado de técnicas y mostrando que nada vale más que un futuro tranquilo”, explica Sánchez.

“No nos estamos tapando” en plata, advierte. Pero las más de 500 personas que hacen parte del proyecto pueden dar cuenta del cambio que han tenido sus vidas.

Germán recuerda que hace cinco o seis años, la única expectativa que podía tener una familia era esperar buenos rendimientos de un cocal y no quedar atrapados en medio de la violencia en el proceso. Y aunque una “golondrina no hace verano, empezamos a dar de qué hablar y hoy nos reconocen por el empeño y porque hemos ganado mercado”.

Para Asocaval, la desatención del Estado no fue una excusa para hacerle el quite a la expansión de los cultivos ilícitos.

En un escenario de posconflicto, cultivadores como Germán saben que tienen una gran tarea. “Lo que sea que se firme o que se acuerde (en La Habana) nos afectará a todos. Pero nosotros ya hacemos paz desde Valdivia, ya hablamos otro lenguaje y estamos preparados para lo que venga”.

Así como hace ya más de seis años no esperaron subsidios, ayudas o programas para erradicar la coca, esta vez tampoco esperarán que les digan cómo hacer paz, pues ya son ejemplo de transformación, reconciliación “y somos capaces de construir un nuevo país”, concluye

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El Made in Colombia que compite con Europa

Pocos saben para qué sirve una planta de nitruración con plasma. Incluso, solo tres países en el mundo tienen empresas dedicadas a construir ese tipo de maquinaria, y una de ellas nació en Antioquia.

Introducir átomos de nitrógeno en la superficie del acero para hacerlo más resistente, eso hace la tecnología de Ion Heat. Y sí, es un procedimiento complejo, a tal punto que su única competencia está en Alemania y Austria. La empresa, que nació en 2012 en Medellín, no quiso comprar tecnología y se puso el reto de hacer su propia versión de la compleja máquina.

Andrés Bernal, gerente de la compañía cree que procesos como estos son los que le dan valor a la industria colombiana. A sus 37 años y junto a un equipo de siete ingenieros, estos jóvenes diseñaron y construyeron equipos de los que solo se venden máximo diez cada año en todo el mundo. “Cada uno vale 600 mil dólares, en promedio, por eso es tan difícil competir”, indica Bernal.

No obstante, Ion Heat logró posicionar sus equipos en Estados Unidos, Perú y próximamente en México. “La industria metalmecánica en Colombia es muy básica, nos quedamos haciendo manufacturas muy elementales. Desde el principio la idea fue crear tecnología, salirnos del molde”, agrega.

La empresa es el brazo tecnológico de la compañía Tratar, que presta servicios de tratamiento térmico en acero para la industria. Aunque la matriz tiene más de 30 años, “Ion Heat podrá facturar en 2016 cerca de 2.500 millones de pesos, es decir, más de lo que le ingresa a Tratar, que tiene tanta experiencia”.

Después de más de una explosión dentro de la bodega y centenares de componentes estropeados, Ion Heat logró el prototipo (foto) e inició el ensamblaje de su primera venta, a Carolina del Norte en Estados Unidos, la primera de este tipo de máquinas que se hizo en el país

Contexto de la Noticia

Juan Luis Mejía Arango

Este artículo se publicó en el aniversario 104 de EL COLOMBIANO, con Juan Luis Mejía como director invitado.

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