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Especiales

Jorge Mario Velásquez

Conectar nuestra identidad

  • Conectar nuestra identidad
Publicado el 06 de febrero de 2019

Estos seis desafíos marcan el rumbo en áreas como la sostenibilidad, la tecnología, el entorno empresarial y el comportamiento humano.

1- Hacia las megaurbes

La migración de las personas hacia las grandes ciudades buscando mejor calidad de vida plantea desafíos urbanos y de movilidad.

2- Cambios demográficos

El aumento de la esperanza de vida, el envejecimiento de la población y nuevas formas de familia imponen la creación de nuevos espacios de ciudad.

3 Globalización cultural

Personas conectadas entre ellas, más allá de las fronteras económicas o políticas. Nos enlazamos a partir de las creencias, lo que exige un entendimiento diferente del otro.

4 Traslado de los ejes de poder

Con la pérdida de la confianza en las instituciones, el Estado y las empresas, el poder se ha entregado a validadores a partir del fenómeno del “like” (Me gusta) en redes sociales.

5 Otra relación con la naturaleza

Fenómenos como el cambio climático obligan a pensar un nuevo enfoque con el medio ambiente desde la sostenibilidad y no desde la explotación y extracción abusiva de recursos naturales.

6 Hiper-conectividad

Democratiza la información, cambia las formas de relacionamiento y transforma las narrativas para crear nuevos imaginarios.

¿De qué manera los antioqueños podemos conectar nuestro acervo e identidad y prepararnos para expandir fronteras?

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¿De qué manera los antioqueños podemos conectar nuestro acervo e identidad y prepararnos para expandir fronteras?

Juana Francisca Llano

Abogada de la UPB de Medellín, especialista en derecho financiero. Es Vicepresidente de Seguros de Suramericana. Experta en gestión de riesgos y tendencias.

“Toda sociedad resiliente requiere desarrollar no sólo la capacidad de adaptarse a nuevos contextos, sino también la de transformarse para crear otras maneras de enfrentar incertidumbres propias de un entorno que cambia a una velocidad sin precedentes.

El desarrollo de estas capacidades no solo implica comprender nuestra identidad como sociedad, y su consecuente sentido de pertenencia y cuidado, sino también reconocer un mundo globalizado que plantea nuevos desafíos para la humanidad, que devienen de transformaciones socioculturales profundas impulsadas por las interacciones entre el medio ambiente, la sociedad y la tecnología.

Las personas están perdiendo la confianza en los ejes e instituciones que históricamente han tenido la capacidad de influir y determinar las dinámicas socioculturales. Hoy más que nunca se requiere de nuevos actores relevantes desde la educación, las empresas u organismos gubernamentales, que desarrollen una nueva institucionalidad que reconozca a las personas y a la sociedad como vehículos de gestión de las necesidades, dimensiones del desarrollo humano y rescate la confianza para crear cohesión y propósitos comunes.

Son precisamente esos propósitos comunes los que nos habilitan nuevas conexiones con el entorno y nos conducen al desarrollo de nuevas competencias personales como integrantes de esta Antioquia interesada en su país y en el mundo. Es preciso aprender a trabajar en la incertidumbre y la ambigüedad; escuchar desde el respeto para incluso estar dispuestos a cambiar nuestra posición o perspectiva; tener la capacidad de prospectar y anticiparnos; y valorar la posibilidad de equivocarnos y volver a empezar son indispensables. Solo así podremos evolucionar nuestra cultura y valores, y caminar hacia el futuro con una visión que genere sentido y propósito compartidos”.

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¿Por qué los valores tradicionales de nuestra cultura paisa se han distorsionado y reemplazado por otros de poco valor ético, lógico, empático y estético?

Jorge Ospina Duque

Médico, especialista en Psiquiatría y Psicología Médica. Departamento de Psiquiatría, Facultad de Medicina, Universidad de Antioquia.

“Casi todos nuestros héroes paisas han defendido valores como la pujanza, la disciplina, el trabajo, la familia y la resiliencia, entre otros. Pero nuestros antihéroes también lo han hecho; es decir, en nombre de estos valores se han realizado grandes gestas, y también han sido el origen de grandes desgracias: ilegalidad (entre ellos el desconocimiento del Estado y sus normas), intolerancia social, narcotráfico, guerrilla y paramilitarismo, entre otros. Lo que se ha validado por la cultura del ‘todo se vale’, o desde la ‘legalidad acomodada’. En esta línea, nuestra sociedad de pretendidas herencias nobles, tiene una vara benévola para medir los héroes que perdieron su norte, los de nuestro segmento sociocultural y a nosotros mismos; y otra vara más severa para aquellos antihéroes sin ‘nobleza’ y para aquellos paisas de otros segmentos sociales. Algo hace falta entonces en nuestros pretendidos valores.

Lo único que permanece es el cambio, antes de que Heráclito lo dijera, por ello los valores mutan con los nuevos escenarios que nos trae el azar de la historia, lo importante es que lo esencial en ellos permanezca, lo que es más cercano a la ética, a la moral, al conocimiento y al humanismo”.

Por ello cabe preguntarse qué caminos necesitamos recorrer para rescatar valores ancestrales como el trabajo decente y el valor de la palabra, y desarrollar valores posmodernos, tal como lo impulsan las nuevas generaciones, como pueden ser el respeto a la diversidad sexual y de creencias, por nombrar sólo dos ejemplos, buscando una combinación armónica que nos permita respetar y reconocer al otro en uno mismo, como dice el filósofo Dan Zahavi al referirse a la empatía: “cuando miramos a los otros, nos encontramos tanto con ellos como con nosotros”.

No existen ´valores valiosos´ si no están fundamentados en aquellos que como notas musicales básicas permitan una armonía mínima de humanismo. Y esta historia de dichos valores empezó antes del homo sapiens y el ´homo paisa´. La antropología y la psicología evolutiva demuestran que cuando los homínidos vivieron con alguien más que su pequeña familia, logrando con otros los inicios del cultivo (cultura), desarrollaron en su mente propiedades empáticas, altruistas, cooperativas y reconciliadoras. El humano no estaba solo y ya era un ser gregario necesitado de los demás.

¿Qué debemos incluir en la nueva canasta básica de los valores paisas? Todo valor que tenga intrínseco el respeto por el otro (por todos), la empatía y el humanismo; el respeto por uno mismo en la honestidad y la decencia; todo ello cimentado en el respeto absoluto y sin estrato, por las normas en las cuales la humanidad ha decantado el desarrollo de sus valores: la legalidad y la civilidad”.

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