Es año de elecciones; es año, por lo tanto, de mentiras. Pero en nuestro mundo convulso, ni siquiera la mentira política es lo que era, pues las violentas transformaciones de los últimos años –las redes sociales, los nuevos populismos, el monstruo sin cara ni ojos que alguien bautizó como posverdad– nos enfrentan a problemas inéditos. Y todos, me parece, giran alrededor de esa extrañísima actividad humana: contar historias. Somos las historias que contamos, desde las campañas de desinformación (esa forma de la guerra sucia) hasta las crónicas de nuestros mejores periodistas, desde el relato falseado de nuestra realidad política (capaz, como se ha visto, de ganar votos por todas partes) hasta las ficciones que intentan explorar los otros lados,...