En la geopolítica, como en las grandes novelas, el escenario suele ser un personaje que termina por dictar el destino de los protagonistas: Ana Karenina no sería lo mismo en el trópico que en la fría Rusia. Groenlandia, la inmensa mole de hielo que durante décadas fue solamente una referencia blanca en los mapas escolares, hoy es el epicentro de una “obsesión” que en Washington no distingue entre el histrionismo de Donald Trump y la frialdad de los estrategas del Pentágono.
No es una rabieta de magnate