En la memoria está esa máquina de coser de la abuela. ¿Recuerda su sonido? La usaba para confeccionar ropa, arreglar cortinas, cogerle el ruedo a faldas y pantalones y también para ‘customizar’, así no lo llamara de esa forma. Meterle un bordado a una camisa, cortarle las mangas, cambiar botones y darle otro toque con el ánimo de diferenciar, de eso se trata.
Cuenta Charlotte Seeling en su libro La moda, el siglo de los diseñadores, que los 70 fue una época muy dada a que cada persona escogiera lo que le quedaba bien, “formar un guardarropa con piezas individuales, algo que actualmente parece obvio, es herencia de los hippies, que con ello querían demostrar su individualidad”, escribió.
En esa década, los músicos rasgaron los jeans y los lucieron en portadas de discos (el primer álbum del grupo estadounidense de punk rock Ramones tenía a sus integrantes Johnny, Joey, Dee Dee y Tommy con los jeans rotos).
Años atrás, un pantalón así iba directo a la basura, ni siquiera se pensaba en que una persona le abriera un hueco y saliera a la calle. Ahí se volvió popular esto de customizar.
Dicha palabra viene del vocablo inglés customize, que según el diccionario Oxford significa “modificar (algo) para adaptarse a un individuo o tarea en particular”.
A pesar del consumismo y la uniformidad que se ha dado en la industria en su historia, la corriente de quien personaliza sus prendas para no parecerse a nadie está vigente.
Cuenta Adriana Gómez Arias, consultora de moda, que específicamente en el denim se ha hecho evidente esta tendencia, “desde la persona que se compra un jean para darle un acabado diferente en su casa hasta las marcas que tienen, como experiencia, la posibilidad de que el usuario entre a un taller y le ponga un parche, le cambie los botones o le dé otro aspecto”.
En cuanto a lo cultural, piensa Helene Voitier, CEO de Chevignon Francia, que los latinos y en especial los colombianos tiene mucha creatividad a la hora de customizar su ropa. “Son muy creativos aquí, revelan su personalidad al ponerle lo que quieran a sus jeans, sus chaquetas, por ejemplo”, precisa.
Añade Carlos Piedrahita, asesor de imagen integral, que, a excepción de un par de marcas, son pocas las que ofrecen esta experiencia dentro de su almacén y se ve mucha uniformidad en el mercado. “El usuario necesita dar un paso adelante en el riesgo. Eso es lo que demanda”, concluye.
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