Ver morir a un perro, sucumbir al invierno argentino, estar a punto de ser herido por un loco con un cuchillo o desvanecerme después de recorrer más de cien kilómetros diarios para llegar a tiempo a un foro, fueron algunos de los recuerdos que me quedaron luego de aterrizar en el aeropuerto internacional de Ezeiza, en Buenos Aires, Argentina.
Soy formador deportivo y la bicicleta apareció en mi vida hace siete años. La usé para transportarme en Medellín. Comencé a pasear en ella, fui al Eje Cafetero, a pueblos en Antioquia y a la Costa Atlántica. En la web leí sobre un campeonato de ultimate y pensé: “Me llevaré la bicicleta y me doy una rodadita de dos o tres meses. Haré la ruta de Los Libertadores... ¡Amá, me voy a Argentina y me llevaré la...