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Editorial

  • Editorial
17 de julio de 2022
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Hace 235 años el entonces gobernador de Antioquia, el oidor Juan Antonio Mon y Velarde, en una de esas frases que sobreviven a pesar del tiempo, decía que esta provincia era la más atrasada de todo el virreinato de la Nueva Granada.

Tal vez la razón del atraso tenía que ver con las indomables montañas: tan ariscas y tan difíciles de remontar. Quien no estaba acostumbrado a escalar se veía obligado, en ese entonces, a contratar silleteros para poder salir de Medellín. En algún momento ir hasta Nare o hasta Puerto Berrío, en una silla a la espalda de uno de estos cargueros y con todos los matutes para embarcarse a Europa, podía salir tan caro como el mismo viaje trasatlántico.

Esas mismas montañas, que hacían difícil la vida, marcaron el carácter de los antioqueños. Parte del talante regionalista que nos ha caracterizado puede tener que ver con esa especie de encierro. Y, también hay que decirlo, la fortaleza que la región ha demostrado para superar dificultades se puede deber al espíritu emprendedor del que los antioqueños y las antioqueñas han tenido que hacer gala para domesticar las montañas.

Por eso cuando hablamos de las Autopistas 4G no estamos ante una obra de infraestructura cualquiera. Se trata de la más grande transformación en materia de movilidad (¿y de mentalidad?) en Antioquia y sin duda tendrá un impacto en la manera de movernos, de habitar y de entender el departamento. Habrá quienes digan que la llegada del ferrocarril fue más importante porque por primera vez se tuvo una manera expedita de comunicar a Medellín con el río Magdalena. Y sí. Pueden tener razón.

Pero así como el ferrocarril abrió un salida, las Autopistas 4G para Antioquia podría significar una mutación en su ADN: la que hasta ahora era la capital de la montaña se trasformará, también, en la región tunelera del país y, por qué no, de América Latina. Antes teníamos solo una geografía de picos y valles. Ahora tenemos, además, una ‘geografía’ superpuesta que la vuelve totalmente plana. Es una Antioquia distinta.

Las Autopistas de la Montaña (o 4G) son tres grandes corredores viales (divididos en ocho grandes vías) a lo largo de los cuales se construyeron 45 túneles (entre ellos el del Toyo) y 366 puentes. Números con profundo significado: quiere decir que se les abrieron las entrañas a 45 montañas para pasar a través de ellas y se construyeron 366 pasos elevados para conectar la falda de una montaña con la de otra, o atravesar un río sin dar mucha vuelta.

La idea básica era una sola: crear nuevas rutas para que los vehículos no tengan que escalar y descolgarse en ese infinito rosario de curvas que solían ser los caminos de Antioquia. Construir trayectos planos que permitan velocidades de 80 kilómetros por hora o más, para hacer más eficientes los viajes de las personas y los productos.

Los tres corredores viales de las 4G permitirán conectar a Antioquia con los puertos más importantes así como con el oriente y con el centro del país. Se trataba de saltar del siglo 19 al siglo 21. Nuestro departamento que había sido una especie de muralla difícil de atravesar para ir hacia el norte o hacia el occidente de Colombia, ahora goza de un nuevo tendido de arterias por donde podrá circular todo el país.

¿Por qué decimos ‘el Nuevo Milagro Antioqueño? ¿Acaso la palabra “milagro” se ajusta a esta gesta que se ha logrado con tanta sangre, sudor y lágrimas? La palabra “milagro” entendida como algo que tenía más posibilidades de no haber sucedido pero sucedió. Y se produjo, por supuesto, gracias a un puñado de colombianos y colombianas que le pusieron empeño, perseverancia y sobre todo demostraron una gran dosis de entrega al servicio público. Como suele suceder afortunadamente en Antioquia, servicio público desde el sector privado.

Es un milagro porque era más fácil que no se lograra hacer. Construir carreteras en Antioquia puede llegar a ser cinco veces más caro que hacerlo en otras geografías menos escarpadas como las del Valle o los Llanos Orientales. Por eso los gobiernos tendían a sacarle el cuerpo a esa tarea. Al menos desde hace casi un siglo, desde 1929 cuando se terminó de construir el ferrocarril de Antioquia o desde 1926 cuando se comenzó a construir la vía al mar, se cuentan con los dedos de una mano las grandes obras de trasporte hechas en Antioquia.

Los grandes hitos de Antioquia hasta ahora, en más de dos siglos de historia, eran el Ferrocarril, el túnel de la Quiebra, el puente de occidente, la ‘autopista’ Medellín-Bogotá, el metro de Medellín y pare de contar. Y esta vez de un solo tacazo, en 15 años, se construyeron las Autopistas de la Montaña que incluyen obras tan extraordianarias como el túnel más grande de Suramérica, o hitos como el de reducir de 10 a 4 horas el viaje de Medellín al mar de Urabá, o de 18 a 10 horas el viaje a Buenaventura, o ayudar a conectar el puerto más importante sobre el océano Pacífico, el de Buenaventura, con el puerto de Cartagena y los futuros puertos de Urabá.

En los últimos nueve meses, el presidente Iván Duque ha inaugurado cuatro de las nueve obras de las 4G del departamento. Esta semana que comienza pondrá al servicio otra más. Y se espera que en lo que resta del año queden listas tres más. Solo faltará una 4G, que está prevista para el año entrante, la de Magdalena, junto al Túnel del Toyo.

Hace 235 años el entonces gobernador de Antioquia, el oidor Juan Antonio Mon y Velarde, en una de esas frases que sobreviven a pesar del tiempo, decía que esta provincia era la más atrasada de todo el virreinato de la Nueva Granada.

Tal vez la razón del atraso tenía que ver con las indomables montañas: tan ariscas y tan difíciles de remontar. Quien no estaba acostumbrado a escalar se veía obligado, en ese entonces, a contratar silleteros para poder salir de Medellín. En algún momento ir hasta Nare o hasta Puerto Berrío, en una silla a la espalda de uno de estos cargueros y con todos los matutes para embarcarse a Europa, podía salir tan caro como el mismo viaje trasatlántico.

Esas mismas montañas, que hacían difícil la vida, marcaron el carácter de los antioqueños. Parte del talante regionalista que nos ha caracterizado puede tener que ver con esa especie de encierro. Y, también hay que decirlo, la fortaleza que la región ha demostrado para superar dificultades se puede deber al espíritu emprendedor del que los antioqueños y las antioqueñas han tenido que hacer gala para domesticar las montañas.

Por eso cuando hablamos de las Autopistas 4G no estamos ante una obra de infraestructura cualquiera. Se trata de la más grande trasformación en materia de movilidad (¿y de mentalidad?) en Antioquia y sin duda tendrá un impacto en la manera de movernos, de habitar y de entender el departamento. Habrá quienes digan que la llegada del ferrocarril fue más importante porque por primera vez se tuvo una manera expedita de comunicar a Medellín con el río Magdalena. Y sí. Pueden tener razón.

Pero así como el ferrocarril abrió un salida, las Autopistas 4G para Antioquia podría significar una mutación en su ADN: la que hasta ahora era la capital de la montaña se trasformará, también, en la región tunelera del país y, por qué no, de América Latina. Antes teníamos solo una geografía de picos y valles. Ahora tenemos, además, una ‘geografía’ superpuesta que la vuelve totalmente plana. Es una Antioquia distinta.

Las Autopistas de la Montaña (o 4G) son tres grandes corredores viales (divididos en ocho grandes vías) a lo largo de los cuales se construyeron 45 túneles (entre ellos el del Toyo) y 366 puentes. Números con profundo significado: quiere decir que se les abrieron las entrañas a 45 montañas para pasar a través de ellas y se construyeron 366 pasos elevados para conectar la falda de una montaña con la de otra, o atravesar un río sin dar mucha vuelta.

La idea básica era una sola: crear nuevas rutas para que los vehículos no tengan que escalar y descolgarse en ese infinito rosario de curvas que solían ser los caminos de Antioquia. Construir trayectos planos que permitan velocidades de 80 kilómetros por hora o más, para hacer más eficientes los viajes de las personas y los productos.

Los tres corredores viales de las 4G permitirán conectar a Antioquia con los puertos más importantes así como con el oriente y con el centro del país. Se trataba de saltar del siglo 19 al siglo 21. Nuestro departamento que había sido una especie de muralla difícil de atravesar para ir hacia el norte o hacia el occidente de Colombia, ahora goza de un nuevo tendido de arterias por donde podrá circular todo el país.

¿Por qué decimos ‘el Nuevo Milagro Antioqueño? ¿Acaso la palabra “milagro” se ajusta a esta gesta que se ha logrado con tanta sangre, sudor y lágrimas? La palabra “milagro” entendida como algo que tenía más posibilidades de no haber sucedido pero sucedió. Y se produjo, por supuesto, gracias a un puñado de colombianos y colombianas que le pusieron empeño, perseverancia y sobre todo demostraron una gran dosis de entrega al servicio público. Como suele suceder afortunadamente en Antioquia, servicio público desde el sector privado.

Es un milagro porque era más fácil que no se lograra hacer. Construir carreteras en Antioquia puede llegar a ser cinco veces más caro que hacerlo en otras geografías menos escarpadas como las del Valle o los Llanos Orientales. Por eso los gobiernos tendían a sacarle el cuerpo a esa tarea. Al menos desde hace casi un siglo, desde 1929 cuando se terminó de construir el ferrocarril de Antioquia o desde 1926 cuando se comenzó a construir la vía al mar, se cuentan con los dedos de una mano las grandes obras de trasporte hechas en Antioquia.

Los grandes hitos de Antioquia hasta ahora, en más de dos siglos de historia, eran el Ferrocarril, el túnel de la Quiebra, el puente de occidente, la ‘autopista’ Medellín-Bogotá, el metro de Medellín y pare de contar. Y esta vez de un solo tacazo, en 15 años, se construyeron las Autopistas de la Montaña que incluyen obras tan extraordianarias como el túnel más grande de Suramérica, o hitos como el de reducir de 10 a 4 horas el viaje de Medellín al mar de Urabá, o de 18 a 10 horas el viaje a Buenaventura, o ayudar a conectar el puerto más importante sobre el océano Pacífico, el de Buenaventura, con el puerto de Cartagena y los futuros puertos de Urabá.

En los últimos nueve meses, el presidente Iván Duque ha inaugurado cuatro de las nueve obras de las 4G del departamento. Esta semana que comienza pondrá al servicio otra más. Y se espera que en lo que resta del año queden listas tres más. Solo faltará una 4G, que está prevista para el año entrante, la de Magdalena, junto al Túnel del Toyo

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