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Estas son las fortalezas que tiene Colombia para afrontar el Mundial de Norteamérica: análisis línea por línea

Con experiencia en el arco, velocidad en ataque y talento en el medio, Colombia tiene argumentos para ilusionarse. Pero también arrastra dudas defensivas y una fuerte dependencia de sus figuras. Esta semana se conocen los 26 viajeros.

  • James Rodríguez y Jhon Arias son dos de las cartas fuertes que tiene Colombia para el Mundial de Norteamérica. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
    James Rodríguez y Jhon Arias son dos de las cartas fuertes que tiene Colombia para el Mundial de Norteamérica. FOTO JUAN ANTONIO SÁNCHEZ
24 de mayo de 2026
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La Selección Colombia llega al Mundial probablemente con una de las plantillas más competitivas, maduras y equilibradas de las últimas décadas. El proceso liderado por Néstor Lorenzo logró consolidar un equipo con identidad, jerarquía y una idea futbolística reconocible, algo que durante años le costó encontrar al combinado nacional.

Colombia ya no es únicamente un equipo de inspiración individual o de momentos aislados: hoy combina intensidad, presión, velocidad por bandas, capacidad asociativa y una mentalidad más competitiva frente a las grandes selecciones. Sin embargo, también arrastra debilidades estructurales que podrían convertirse en un problema en las fases definitivas de un Mundial, donde los errores se pagan caro.

Los guardianes del arco

La portería aparece como una de las posiciones con mayor experiencia dentro del plantel. Camilo Vargas se consolidó como el guardián gracias a su regularidad, liderazgo y capacidad de respuesta en momentos de presión. El arquero ha demostrado personalidad en partidos decisivos y tiene reflejos que le permiten sostener resultados incluso cuando la defensa pierde solidez. “Su principal virtud está en la seguridad emocional que transmite. Colombia hace tiempo no tiene un arquero inseguro o dubitativo, y eso representa una tranquilidad importante para cualquier línea defensiva”, indicó el exportero mundialista Óscar Córdoba.

A ello se suma la presencia de David Ospina, un histórico de la Selección que, aunque ya no atraviesa el mejor momento físico de su carrera, sigue aportando experiencia, liderazgo y manejo de camerino. Según el exportero Agustín Julio, el problema aparece pensando en el futuro inmediato y en la intensidad que exige un Mundial. Para él, tanto Vargas como Ospina superan los 35 años y eso inevitablemente genera dudas sobre la capacidad física para sostener el máximo nivel durante un torneo tan exigente. Además, aunque Álvaro Montero aparece como una alternativa interesante, aún no acumula suficiente experiencia en escenarios de máxima presión.

Así está la línea defensiva

En defensa, Colombia posee una mezcla entre agresividad física, velocidad y experiencia, aunque también muestra algunas grietas tácticas que pueden ser peligrosas. El gran nombre de esta línea es Daniel Muñoz. El lateral derecho se convirtió en una de las figuras del equipo gracias a su despliegue ofensivo, intensidad y capacidad para llegar constantemente al área rival. “Pocos laterales suramericanos tienen hoy el impacto ofensivo de Muñoz, que prácticamente juega como un extremo adicional cuando Colombia ataca. Su capacidad para romper líneas, presionar alto y aparecer por sorpresa le da al equipo una variante ofensiva muy poderosa”, dijo el exlateral Wilson Pérez.

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Sin embargo, esa virtud también genera uno de los principales problemas defensivos de la Selección. Según Alexis Mendoza, Muñoz suele dejar espacios enormes a su espalda cuando el equipo pierde el balón, y eso obliga a los centrales y volantes de marca a hacer coberturas. “Contra equipos rápidos en transición, Colombia puede sufrir muchísimo por ese sector”.

Por la izquierda, Johan Mojica ofrece profundidad, velocidad y experiencia. “Es un jugador que entiende muy bien cuándo proyectarse y suele aparecer como opción constante de salida. No obstante, tiene dificultades cuando enfrenta extremos veloces o futbolistas desequilibrantes en el uno contra uno”, opinó otro exmundialista como Gildardo Gómez. “En varios partidos de Eliminatoria quedó expuesto cuando el rival atacó con amplitud y velocidad, especialmente en transiciones”.

La pareja de centrales parece tener una estructura más clara que en años anteriores. Dávinson Sánchez atraviesa el momento más maduro de su carrera. “Durante mucho tiempo fue criticado por errores de concentración y problemas tácticos, pero hoy luce más sólido, sereno y mejor posicionado. Sigue siendo un defensor físicamente dominante, fuerte en el juego aéreo y agresivo en los duelos individuales”, asegura Mendoza.

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A su lado, Jhon Lucumí aporta equilibrio táctico, salida limpia desde atrás y una lectura de juego más pausada. “El defensor zurdo complementa bien a Dávinson porque le da calma a la línea y ayuda a organizar la salida desde campo propio”, agregó. Además, Yerry Mina continúa siendo una carta importante por su fortaleza aérea y experiencia en grandes torneos, aunque ya no tiene la velocidad de años anteriores.

Según los consultados, allí aparece uno de los grandes problemas defensivos del equipo: la espalda de los centrales. Cuando Colombia adelanta líneas y pierde la pelota, la defensa queda expuesta. Dávinson todavía sufre cuando debe correr hacia su propio arco. “Esa vulnerabilidad puede ser determinante frente a selecciones europeas que atacan rápido y aprovechan espacios”, concluye Pérez.

La zona de equilibrio

El mediocampo es probablemente la zona más importante del funcionamiento colectivo colombiano. Allí se construye la identidad del equipo y aparece buena parte del equilibrio táctico que busca Lorenzo. Jefferson Lerma se convirtió en una pieza indispensable gracias a su capacidad de recuperación, despliegue físico y lectura defensiva. Su trabajo silencioso es fundamental porque permite que los futbolistas ofensivos jueguen con mayor libertad. Lerma cubre espacios, corrige errores y aporta intensidad en la presión.

A su lado, Richard Ríos representa una de las grandes apariciones recientes. Mezcla potencia física, conducción y personalidad para jugar bajo presión. Tiene capacidad para romper líneas con pelota dominada y, además, aporta energía constante en la recuperación. Kevin Castaño, Juan Camilo Portilla y Gustavo Puerta (uno de los tres no alcanzará cupo entre los 26) aparecen como alternativas porque añaden dinámica y piernas frescas.

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El mediocampo colombiano también tiene una dependencia marcada de James Rodríguez. “Aunque físicamente ya no tiene la explosividad de otros años, sigue siendo el cerebro futbolístico del equipo. Su visión, precisión en el pase y capacidad para encontrar espacios donde nadie más los ve continúan siendo diferenciales. Cuando James está inspirado, Colombia juega mejor, genera más opciones y logra controlar emocionalmente los partidos”, argumenta el técnico Alexis García.

“Su pelota quieta sigue siendo una de las armas peligrosas del equipo y, además, mantiene una conexión especial con Luis Díaz y los atacantes. El problema aparece cuando el rival logra aislarlo o presionarlo físicamente. Colombia todavía no encuentra un remplazo natural para la creatividad de James”, añade.

Lo mismo sucede con Juan Fernando Quintero. “Si el ‘10’ colombiano desaparece del partido, el equipo suele perder imaginación y caer en ataques más previsibles”, manifiesta el exvolante Harold Lozano.

La zona de los goles

En ataque aparece la mayor fortaleza de esta Selección. Luis Díaz es el futbolista más desequilibrante del mundo actualmente. Su velocidad, regate, agresividad y mentalidad competitiva lo convierten en una amenaza permanente para cualquier defensa.

Según Rubén Darío Hernández, exjugador de la Selección Colombia, Díaz tiene además una característica muy valiosa: “No necesita demasiados espacios para generar peligro. Puede desequilibrar desde una jugada individual, una transición rápida o incluso desde la presión alta. Hoy es el jugador que cambia partidos y sobre quien recae buena parte de la ilusión ofensiva de Colombia”.

Pero el problema también es esa dependencia. “En muchos partidos, el equipo termina buscando constantemente a Luis Díaz como única vía ofensiva clara. Cuando el rival logra doblarle marca o aislarlo, Colombia pierde profundidad y creatividad en el último tercio”, dijo Hernández.

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Jhon Arias aporta movilidad, sacrificio táctico y capacidad para asociarse entre líneas. “Es un futbolista extremadamente útil para el funcionamiento colectivo porque entiende cuándo acelerar y cuándo equilibrar. Además, hombres como Yáser Asprilla o Carbonero ofrecen velocidad y variantes diferentes desde el banco”, asegura el exseleccionador Francisco Maturana.

No obstante, el principal interrogante ofensivo sigue estando en la posición del delantero centro. Jhon Córdoba aporta potencia física, juego aéreo y capacidad para fijar centrales, mientras Rafael Santos Borré ofrece presión alta, sacrificio y movilidad constante. Luis Javier Suárez aparece como una alternativa más agresiva de cara al gol.

El problema, según el exdelantero Hamilton Ricard, es que ninguno ha logrado convertirse en ese delantero determinante capaz de garantizar eficacia permanente frente al arco rival. “Colombia genera ocasiones, domina partidos y llega con frecuencia, pero en muchos encuentros le cuesta traducir esa superioridad en goles”, dice.

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Este lunes comenzará la concentración definitiva en Bogotá, previo al juego de despedida del 1° de junio ante Costa Rica en El Campín, y con la certeza de conocer los 26 jugadores que afrontarán el séptimo Mundial para Colombia.

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Bloque de preguntas y respuestas

¿Cuál es la principal fortaleza de Colombia para el Mundial 2026?
La velocidad y desequilibrio ofensivo liderados por Luis Díaz, junto al equilibrio del mediocampo y la experiencia de varios referentes.
¿Cuál es la principal debilidad de Colombia?
La defensa en transición y los espacios que deja el equipo cuando adelanta líneas o pierde el balón en salida.
¿Por qué James Rodríguez sigue siendo clave?
Porque continúa siendo el principal generador de juego, líder emocional y especialista en pelota quieta de la Selección Colombia.

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