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¿James Rodríguez es el líder que la Selección Colombia necesita para el Mundial de Norteamérica?

Colombia busca rumbo al Mundial algo más que talento: un líder capaz de sostener al equipo en los momentos decisivos. La historia pesa, y el presente abre el debate.

  • Francisco “Cobo” Zuluaga fue el capitán de Colombia en el Mundial de 1962; el “Pibe” Valderrama en 1990, 1994 y 1998, mientras que Mario Yepes lo hizo en 2014. James tomó la posta para 2018 y se espera que ejerza ese liderazgo en el Mundial 2026. FOTOS Conmebol, Getty y Juan Antonio Sánchez
    Francisco “Cobo” Zuluaga fue el capitán de Colombia en el Mundial de 1962; el “Pibe” Valderrama en 1990, 1994 y 1998, mientras que Mario Yepes lo hizo en 2014. James tomó la posta para 2018 y se espera que ejerza ese liderazgo en el Mundial 2026. FOTOS Conmebol, Getty y Juan Antonio Sánchez
hace 2 horas
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El liderazgo en el fútbol no se impone con una cinta en el brazo ni se decreta desde una alineación oficial. Es una construcción silenciosa, a veces invisible, que se valida en la mirada de los compañeros, en la reacción del equipo en los momentos críticos y en la capacidad de un jugador para influir más allá de su talento.

Hoy, mientras la Selección Colombia se proyecta hacia el Mundial de 2026, una pregunta atraviesa el ambiente futbolero: ¿tiene el equipo un líder claro? Y, más específicamente, ¿puede James Rodríguez asumir ese rol en una generación que todavía busca su identidad definitiva?

Para entender el presente, es inevitable mirar hacia atrás. La historia de la Selección Colombia está marcada por figuras que no solo jugaron bien, sino que supieron conducir grupos en escenarios de máxima presión. Desde los primeros mundiales hasta las participaciones más recientes, siempre hubo un referente capaz de ordenar, representar y sostener emocionalmente al equipo.

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Jesús “Cobo” Zuluaga, el primer líder

Uno de los primeros grandes ejemplos fue Francisco de Jesús Zuluaga Rodríguez, “El Cobo”, un líder de otra época, cuando el fútbol colombiano apenas comenzaba a construir su identidad internacional. Capitán, defensor central y símbolo de carácter, Zuluaga no necesitaba gestos grandilocuentes para hacerse sentir. Su liderazgo se basaba en la autoridad natural, en el conocimiento del juego y en una humildad que no estaba reñida con el mando.

En el Mundial de 1962, además de marcar el primer gol de Colombia en una Copa del Mundo, dejó una huella más profunda: la de un jugador que entendía que liderar también era representar con dignidad a un país entero. En una generación rodeada de figuras internacionales, su voz tenía peso porque sus actos la respaldaban.

Carlos “El Pibe” Valderrama, capitán eterno

Décadas después, el liderazgo tomó otra forma con Carlos Valderrama, quizá el capitán más influyente en la historia de la Selección. Si Zuluaga mandaba con sobriedad, Valderrama lo hacía con personalidad desbordante. Su ascendencia no solo se explicaba por su talento —que era extraordinario— sino por su manera de entender el juego y la vida dentro del campo.

Era el primero en llegar, el último en irse, el que no hacía tiempo, el que se levantaba tras cada falta. Su ejemplo era constante, casi pedagógico. Pero, además, tenía algo que distingue a los grandes líderes: la capacidad de decir lo que otros callan. Corregía, ordenaba y, sobre todo, transmitía seguridad. Con él en la cancha, Colombia no solo jugaba mejor; se sentía más fuerte. Su sola presencia elevaba el ánimo colectivo.

Mario Alberto Yepes, ejemplo de liderazgo

Más cercano en el tiempo aparece Mario Alberto Yepes, el líder de la generación que devolvió a Colombia a un Mundial después de 16 años. En Brasil 2014, su rol fue distinto, pero igual de determinante. Yepes no era el más vistoso ni el que acaparaba titulares, pero sí el que equilibraba al grupo.

Su liderazgo se construyó desde la experiencia, desde la serenidad y desde una lectura táctica privilegiada del juego. Era el “mariscal” que ordenaba la defensa, pero también el vocero que hablaba en los momentos justos, sin estridencias, con claridad. En un equipo joven, su figura representaba estabilidad. Sabía cuándo motivar, cuándo calmar y cuándo exigir. Su liderazgo no necesitaba ruido; se imponía por coherencia.

No hay una única forma de guiar

Estos tres nombres permiten entender que no existe un único modelo de líder en el fútbol. Sin embargo, sí hay rasgos comunes que atraviesan todas las épocas. Según el psicólogo deportivo Christian Velásquez, “el líder tiene talento, pero no vive de él; tiene carácter, pero no abusa de él; tiene voz, pero sabe cuándo usarla. Sobre todo, tiene coherencia: hace lo que dice y dice lo que hace. Esa coherencia es la que genera confianza, y la confianza es la base de cualquier liderazgo efectivo”, explicó.

Desde una perspectiva más conceptual, el técnico Alexis García dice que el líder es aquel que influye en el comportamiento de los demás y logra que un grupo trabaje unido hacia un objetivo común. Según él, en el fútbol, esa influencia se manifiesta de múltiples maneras: en una indicación en medio del partido, en una palabra en el vestuario, en la forma de asumir la derrota o en la capacidad de sostener al equipo cuando todo parece desmoronarse.

“No siempre es el que grita más ni el que más corre; muchas veces es el que mejor entiende el momento”.

¿James sí es el líder hoy?

Hoy, en la Selección Colombia, ese debate vuelve a instalarse. El equipo cuenta con talento, con una generación competitiva y con nombres que destacan en ligas importantes, pero la discusión sobre el liderazgo sigue abierta.

En ese contexto aparece la figura de James Rodríguez, un jugador cuya calidad técnica está fuera de discusión, pese a su falta de ritmo competitivo actual, pero cuyo liderazgo genera opiniones divididas.

James ha sido, sin duda, el líder futbolístico del equipo en los últimos años. Su capacidad para decidir partidos, su visión de juego y su influencia en el rendimiento colectivo lo convierten en un referente natural dentro del campo. En el Mundial de 2014 fue la gran figura, y en 2018, pese a las dificultades físicas, su presencia seguía teniendo un peso simbólico importante. Sin embargo, el liderazgo va más allá del rendimiento individual.

Las dudas sobre su rol como líder tienen que ver con otros aspectos: la comunicación, la capacidad de mando, la relación con el grupo y la forma de asumir los momentos difíciles.

A diferencia de Valderrama o Yepes, James no es un líder verbal ni confrontativo. Su estilo es más silencioso, más introspectivo. Y en un contexto donde históricamente Colombia ha tenido líderes de fuerte personalidad, esa diferencia se hace más evidente.

Pero, según exjugadores como Hárold Lozano, el fútbol ha cambiado, y con él también las formas de liderazgo.

“Hoy existen líderes más discretos, que influyen desde el ejemplo y desde el rendimiento. Jugadores como Jéfferson Lerma, Yerry Mina o incluso Luis Díaz aportan desde otras sensibilidades. No todos lideran igual, y en muchos equipos el liderazgo es compartido”, explica Lozano.

Sin embargo, argumenta el exmundialista, en el fútbol de selecciones —y especialmente en un Mundial— suele ser necesario un referente claro, alguien que sintetice las distintas energías del grupo y las traduzca en dirección. “Un líder que tenga ascendencia sobre sus compañeros, que sepa dialogar con el árbitro, que entienda los tiempos del partido y que, sobre todo, sea reconocido como tal por el resto”.

Hay que liderar distinto

Ahí radica el gran desafío de la Colombia de hoy. No se trata de encontrar un nuevo Valderrama ni de repetir el modelo de Yepes, sino de construir un liderazgo acorde a los tiempos actuales, pero con las bases que dejaron esos referentes. La autoridad de Zuluaga, el ejemplo y la personalidad de Valderrama, y la serenidad y experiencia de Yepes son piezas de un rompecabezas que aún no está completo.

La pregunta sobre James, entonces, no tiene una respuesta simple. Puede ser líder desde lo futbolístico, puede influir desde su talento y su experiencia, pero el liderazgo pleno exige algo más: conexión emocional con el grupo, capacidad de asumir responsabilidades en los momentos críticos y coherencia sostenida en el tiempo. No es una condición estática, sino un proceso.

En ese camino también aparece un factor clave: el reconocimiento del grupo. Así lo plantea el exseleccionador Reinaldo Rueda. Para él, ningún líder se sostiene si no es validado por sus compañeros. En el vestuario, lejos de los micrófonos, es donde se define quién tiene realmente la voz.

“Allí se mide quién respalda en la derrota, quién exige en el entrenamiento y quién da la cara cuando el equipo falla. Ese liderazgo invisible es, muchas veces, el más determinante”, explica Rueda.

El contexto también cuenta

También influye el contexto competitivo. Las eliminatorias sudamericanas, con su exigencia física y emocional, funcionan como un laboratorio permanente de liderazgo. Cada partido plantea un desafío distinto, y en esa variabilidad es donde emergen —o se diluyen— los referentes.

“Un líder no es el mismo en la victoria cómoda que en la adversidad, y es precisamente en los momentos límite donde se consolidan las jerarquías”, dice el técnico y comentarista Juan José Peláez.

Por su parte, Luis Fernando Suárez, técnico mundialista, indica que el cuerpo técnico juega un papel determinante en la construcción de ese liderazgo. La confianza que el entrenador deposita en ciertos jugadores, la manera en que gestiona el grupo y la claridad en los roles son elementos que potencian o debilitan la figura del líder.

“Un equipo sin jerarquías definidas suele perderse en los momentos clave, mientras que uno con liderazgos claros tiende a sostenerse incluso en la dificultad”.

A medida que se acerca el Mundial, la Selección Colombia no solo deberá definir un equipo titular, sino también consolidar una voz interna que la guíe en los momentos decisivos.

Porque en el fútbol, como en la vida, los equipos pueden tener grandes jugadores, pero son los líderes los que terminan marcando la diferencia cuando el margen de error desaparece. Y Colombia, históricamente, siempre los ha tenido. El reto ahora es descubrir quién será el próximo.

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