Uno de los líderes con mayor reconocimiento en el Oriente antioqueño está próximo a cumplir sus 91 años, es sacerdote y todavía monta en buseta, como si nada, para ir a una vereda a celebrar sus misas.
En El Peñol y Guatapé prácticamente le prenden velas al padre Francisco Ocampo Aristizábal, aunque en Marinilla es donde más reconocimientos ceremoniales le han hecho: le dieron el Escudo de Oro, hay un fondo de becas para estudiantes que lleva su nombre y su foto tiene un sitial en la pinacoteca Municipal —aún sin ser marinillo—, al lado de personajes insignes de la localidad, comenzando por Simona Duque, quien ganó el título de heroína porque en la campaña Libertadora de Simón Bolívar, y siendo viuda, entregó a sus cinco hijos para que lucharan contra el yugo de los españoles.
Además, el Centro de Servicios Educativos de Coredi (Corporación Educativa para el Desarrollo Integral) en su sede de El Peñol se llama igual que él, pero el homenaje más grande es el cariño que la gente le profesa al religioso, a quien llaman solo como padre Pacho.
El sello de este guía religioso y dirigente cívico estuvo en la negociación de los habitantes de El Peñol con Empresas Públicas de Medellín cuando se construyó la primera presa del complejo energético más importante del país para ese momento. Además, en Cornare y en la fundación de Coredi, una entidad educativa sin fines de lucro que tiene 10.000 estudiantes, sobre todo campesinos.
Del padre Ocampo, dice Ana Patricia Aristizábal —otra voz muy escuchada en esa subregión— que es como el obispo del pueblo, porque el título de pastor mayor no se lo dieron las jerarquías eclesiásticas sino la gente que ha admirado su trabajo dedicado por más de 60 años.
La idea de Francisco Cuervo, amigo desde hace más de medio siglo del padre Pacho y defensor de su causa, es promover que al sacerdote lo nombren “Tesoro Humano Vivo” del Oriente antioqueño. Esa es una categoría que tiene la Unesco para personas que poseen “un alto grado de conocimiento y las habilidades requeridas para actuar o recrear elementos concretos del patrimonio cultural inmaterial”.
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Él, sin embargo, es un nonagenario que no se ufana de nada y cuando se le pregunta por esas obras que lo coronan como “héroe”, acota que no lideró nada, que “fue la gente la que hizo eso”, que él si acaso acompañó y que su gran fortuna fue haber estado bajo la sombra de “párrocos muy queridos y dinámicos” que le enseñaron y lo empujaron.
Hombre de renacimientos
El padre Pacho nació el 16 de septiembre de 1935 en la vereda El Valle de María, de El Santuario. A los 13 años, su papá, que tenía 45, murió, quedando él, su hermano menor y su mamá solos para sobrevivir de la tierrita que heredaron. En tercero de bachillerato (hoy octavo) en el colegio local, el sacerdote Rodolfo Gómez, que era el rector, le preguntó qué iba a hacer y le respondió que “coger el azadón para cultivar papas”, pero esa no fue su suerte, porque le consiguieron una beca para el seminario.
El padre Pacho sostiene con sorna que se volvió experto en clausuras y que la primera fue la sede del seminario que quedaba en Villanueva (centro de Medellín). Este lugar lo cerraron al hacer la sede para preparación de sacerdotes en la vía a Santa Elena. A él le tocó ordenarse como dependiente de la recién creada diócesis Sonsón-Rionegro junto a otros dos. Eso fue en 1961. La ceremonia fue en la iglesia de Sonsón y significó otro cierre porque este templo lo tumbaron justo después por los daños que tuvo en dos terremotos (1961 y 1962).
El primer encargo de Francisco Ocampo fue como coadjutor en Marinilla (un año), pasó a Guarne (4 meses) y Abejorral (un año). Donde llegaba montaba un programa de alfabetización para campesinos y se vinculaba a una cooperativa; donde no había, la creaba. Sus fuentes de inspiración eran los mensajes papales previos al Concilio Vaticano II, la encíclica Populorum Progressio (1967) y el entusiasmo después de escuchar al Pablo VI en 1968, en el primer viaje de un papa al país.
El año 1964 fue trascendental porque al joven sacerdote lo asignaron a la parroquia de El Peñol, justo cuando se empezaba a hablar de construir una hidroeléctrica inundando parte del pueblo. Otra muerte y renacimiento que le tocaba.
Hoy día es normal hablar de que los megaproyectos tengan una compensación y todo un plan para restablecer la economía y el tejido social que se pierden, pero en ese tiempo no, por eso nació un movimiento cívico que desembocó al final de esa década en una negociación sobre los términos para fundar el nuevo El Peñol y en la formulación del primer plan decenal de desarrollo. Otra conquista fue la norma que ordena que el 4% del valor de la energía eléctrica que se venda vaya a manejo de cuencas e infraestructura social, con lo cual se pudo fundar en 1983 Cornare.
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El periodista Óscar Castaño cuenta que el padre Pacho jamás validó la violencia, aunque siempre estaba al frente de las marchas, que muchas veces fueron reprimidas.
—¿Alguna vez lo amenazaron?, le pregunto al sacerdote.
—Demás que sí, pero yo no me di cuenta, responde él con toda naturalidad y trae a cuento que el obispo Flavio Calle lo trasladó para Rionegro porque tenía información de que lo estaban siguiendo.
El padre Pacho retornó luego a El Peñol como párroco y sostuvo durante 24 años un hogar campesino para que los jóvenes rurales pudieran hacer el bachillerato, pero después se le ocurrió que era mejor llevar el estudio a las mismas veredas. Así, poco a poco se configuró la idea de Coredi, que tomó vida legal en 1992 y actualmente hace presencia en 36 municipios con primaria, bachillerato y 12 programas de formación en áreas tecnológicas.
En 1983 el padre fue comisionado para revivir el proyecto de hacer un templo para la Divina Pastora debajo de una roca gigante denominada El Marial, en zona rural de El Peñol, que es visitado por cientos de feligreses. Hace un año nombraron a otro sacerdote con el que se rotan las misas día por medio.
—Ya estamos culipesados, anota el padre Pacho.
En la actualidad, literalmente solo tiene ese compromiso pastoral al que por lo general acude en la buseta de línea desde el hogar de retiro para sacerdotes donde vive, en Rionegro, y le queda el resto de su tiempo para hacer ejercicio y salir a hablar con los amigos, pero no baja la guardia del todo porque continúa como integrante vitalicio de la junta de Coredi, lo mismo que de una financiera mutual anexa, y participa como el miembro más escuchado de un comité cívico que impulsa la construcción de una nueva vía de Marinilla a El Peñol y Guatapé.
Dice en tono burlesco que ya solo quedan dos sacerdotes de la camada de 13 que se ordenaron en 1961 y están esperando a ver a cuál de los dos le toca cerrar la puerta de su generación.
Preguntas frecuentes
1. ¿Quién es el padre Francisco Ocampo Aristizábal y por qué es una figura tan importante en el Oriente antioqueño?
El padre Francisco Ocampo Aristizábal, conocido como el padre Pacho, es un sacerdote de 90 años reconocido por su liderazgo religioso, social y comunitario en el Oriente antioqueño. Además de su labor pastoral durante más de seis décadas, fue protagonista en procesos históricos como la negociación para la reubicación de El Peñol tras la construcción del embalse, impulsó la creación de Cornare y fundó Coredi, una institución educativa que hoy beneficia a miles de estudiantes rurales.
2. ¿Qué papel tuvo el padre Pacho en la construcción del nuevo municipio de El Peñol?
El padre Francisco Ocampo fue uno de los principales líderes del movimiento cívico que representó a la comunidad durante la construcción del embalse de El Peñol. Participó en las negociaciones con Empresas Públicas de Medellín (EPM) para garantizar compensaciones a los habitantes afectados por la inundación del antiguo casco urbano y ayudó a promover el primer plan decenal de desarrollo del municipio.
3. ¿Qué es Coredi y cuál fue el aporte del padre Francisco Ocampo a su creación?
Coredi (Corporación Educativa para el Desarrollo Integral) es una institución sin ánimo de lucro creada en 1992 para llevar educación a las zonas rurales del Oriente antioqueño. El padre Francisco Ocampo impulsó su fundación con el propósito de evitar que los jóvenes campesinos abandonaran sus estudios por falta de acceso a instituciones educativas. Actualmente, Coredi tiene presencia en 36 municipios y atiende cerca de 10.000 estudiantes.