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A Onfray (de nuevo)

  • José Guillermo Ánjel R. | José Guillermo Ánjel R.
    José Guillermo Ánjel R. | José Guillermo Ánjel R.
14 de octubre de 2011
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Querido, repudiado, leído, eructado, Michel. Usted es una de esas personas con la que se va a favor y en contra. En ocasiones deslumbra y asombra y en otras es motivo de burla (y para algunos de desprecio). En este sentido es un real posmoderno que se enfrenta a lo establecido como uno de esos robots de las fábulas de Stanislav Lem que atacan, se desarman (vuelan tornillos y tuercas, conexiones y enchufes) y de repente cobran cuerpo de nuevo creando terror entre los intelectuales y los académicos, tan cómodos en la inmutabilidad de los teóricos y teorías que comunican. Y que no admiten que, como dice Habermas, esté en lo posible que el otro tenga la razón. Y en esto hay que ser claros: todo lo que se tiene como bien cimentado, por buenos anclajes que tenga, tiene puntos débiles que, tocados, llevan a que se tambalee o se caiga. Pasó con el Coloso de Rodas, con el talón de Aquiles y la espalda de Sigfrido. Y con tantas cosas que cargan moho, óxido u orín.

En el mundo intelectual y científico que nos toca (en esto que enseñamos y funciona o parece funcionar), todo es convencional, es decir, está conformado por verdades normativas que nos permiten ver los resultados que queremos ver y buscar (y que no por deseados son los ciertos), pero que en ninguna forma son una verdad absoluta. De verdades absolutas está plagada la historia y hoy no sirven para nada que no sea arqueología y genealogía del saber (en términos foucoltianos). Por esto todo lo que sabemos tiene brechas y de esos vacíos se vale usted, Michel, para cuestionar lo establecido y fijo, creando el desorden o al menos prendiendo las luces de alarma. Y creo que esto es bueno, pues la confrontación nos obliga a mirar el sitio en el que estamos acomodados, que puede tener podridos sin darnos cuenta.

El último de sus libros, Freud, el crepúsculo de un ídolo , ha creado un buen escándalo en el cotarro psicoanalítico, Michel Onfray. La reacción ha sido parecida a la de cuando publicó el Manual de Ateología . Así que, según usted, ya ni D's ni libido, ni trascendencia ni pulsión. En otras palabras, la cultura ha muerto y volvemos a quedar en el caos inicial sin más direcciones que la contradicción. Mirando su propuesta sin que medien intereses ni prejuicios, es posible que no esté tan errado. De lo que teníamos como basamento de lo humano ya no queda sino tierra seca que en lugar de regar para que al menos nazca una planta o un brote, saqueamos igual que los vándalos de Alarico, que se llevaron cosas que no entendían y para entenderlas las mezclaron con la basura. Sí, la confrontación es sana.

Michel Onfray, intelectual francés, amigo de picar donde más duele, que es donde más enfermos estamos. Es doctor en filosofía, lo que no asegura que crea en ella. En especial cuando lo que sabemos se convierte en un totalitarismo: pasa con las ciencias, por ejemplo. Onfray fundó la Universidad Popular de Caen. Y ahí va, dando la cara.

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