Con siete y once años, respectivamente, María Rosa y María Manuela, tienen mucho en común con su abuelo, Óscar Velásquez, impresor y escultor, de 65 años.
Van cogidos de la mano, para señalar una alianza que pasó de ser familiar, a ser artística. Ellos comparten una paleta de colores, el juego, los viajes de fin de año y como si nada de lo anterior fuera suficiente, la música.
Lo hacen visible en la exposición Generaciones que se inauguró anoche, en la Biblioteca Pública Piloto, y que estará abierta, con la exhibición pictórica, hasta el 21 de abril.
Al piano -durante la inauguración-, María Rosa Velásquez Henao, una pequeña de siete años, extiende sobre el teclado sus manos para recrear algunos minuetos de Mozart y Bach.
A su edad, ha sido concertista en la Luis Ángel Arango, y en vez de la costumbre del televisor, tiene la disciplina del piano. ¿Cuántas horas? "¡Ay!, pues muchas", dice.
En las salas de arte, cuadros de gran formato. Un gorrión americano encerrado en una botella, cucarrones volando sobre un fondo blanco y hasta perros con una capa de superhéroe.
Son las formas que salen de la imaginación de María Manuela. Ella pinta varias veces en la semana y no le gusta dejar nada empezado. Su madre, María del Pilar, asegura que su abuelo guarda 350, el total de su obra, hasta ahora.
También toca piano y guitarra, y entre clases y estudio, termina el día, no sin dejar de llamar al abuelo para rezar juntos por teléfono, antes de dormir.
Su arte habla más que ella y solo anticipa a decir que sin su pintura "estaría triste". Y también lo estaría sin esa especie de acólito del mundo de la creatividad, Óscar, su abuelo, a quien visita en el taller de esculturas desde que tenía 4 años. En ese entonces, las instalaciones eran el campo de juego.
Como ahora sucede con la serie de Óscar, llamada Campo energético y medición, que señala una manera particular de expresar las ataduras que constriñen.
Esas que son inevitables y que hay que saltar de vez en cuando, tal como lo hacen María Manuela y María Rosa, a quienes se les han dado alas e instrumentos para que hagan y sean lo que quieran en su vida.
Ellas, por ahora, han elegido ser artistas.
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