La limitación a la libertad de prensa se ha convertido en una práctica común entre los anunciantes. El peligro más grande para los lectores hoy, no es solamente que los gobiernos intimiden a los medios de comunicación. No. Ese riesgo está ampliado a una esfera mucho mayor que radica en los temas sensibles para las grandes empresas y corporaciones.
Hace un tiempo, por ejemplo, se publicaron varias entrevistas con el banquero Luis Carlos Sarmiento Angulo con motivo de la celebración de los 50 años de la fundación de su primera empresa y el premio que le otorgaron a la Vida y Obra. Las interesantes notas y artículos nunca hablaron de la pelea que el empresario tiene con su ex yerno Pablo Albir por un supuesto hurto. Albir se desempeñó durante 18 años como presidente del Fondo de Pensiones y Cesantías Porvenir, perteneciente al Grupo Aval, y estaba casado con su hija María Claudia Sarmiento.
Después de la separación de estos dos, un juez de Control de Garantías de Bogotá, sorpresivamente, profirió medida de aseguramiento y orden de captura contra Albir, por un millonario desfalco descubierto en esa empresa. Presuntos pagos de gastos personales con tarjetas corporativas y compra de vehículos de alta gama, son algunas de las conductas que se le imputan a Albir. El ejecutivo se encuentra en su país de nacimiento, Nicaragua, y no ha tenido oportunidad de defenderse ante la opinión pública, ya que para un medio publicar sus declaraciones sería enemistarse con el banquero Sarmiento Angulo.
Comprobar si son ciertos o no los hechos, es un problema de la justicia. Pero el hecho de que ese tema, como muchos otros en Colombia, esté vetado para la mayoría de los medios de comunicación porque van en contra de los intereses de uno de los grupos económicos más grandes del país es una situación realmente preocupante.
Quizá no hay ningún gerente de un medio de comunicación que se quiera enemistar con el banquero más influyente de este país, ya que todos temen, con cierta lógica, que un disgusto de Sarmiento Angulo posiblemente terminaría por generar la pérdida de toda la pauta publicitaria del Grupo Aval. De esta manera es difícil que el público se informe sobre eventos con los que tiene directa relación, como el escándalo ocurrido al interior del departamento de mercadeo de Bavaria, y el desfalco que habría causado la silenciosa salida del ex presidente de Comcel, Adrián Hernández.
Pareciera que, en algunos medios, mientras más pauta publicitaria ponen las empresas, más dueñas son de la información y más control tienen de lo que se imprime y de lo que se deja de publicar. Más ahora cuando se anuncia el cambio de Cambio que, bajo la dirección de Rodrigo Pardo, estaba haciendo un respetable trabajo de periodismo investigativo pese a que muchas de sus denuncias iban en contra de los intereses económicos y políticos de la casa editorial para la que hace parte. ¿Habrá tenido eso algo que ver? Un tema preocupante para el lector y para la libertad de expresión.
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