El dilema entre favorecer con su voto a su país natal, Colombia, o la tierra que la acogió hace seis años, Estados Unidos, lo resolvió fácilmente Luisa Fernanda Collins cuando estalló el escándalo de la crisis financiera.
Luisa lo dice con la cabeza fría de quien lo ha meditado bastante. Sabe que John McCain hubiera hecho más por Suramérica, pero confía en que Barack Obama enfocará su administración en resolver los problemas internos del país: "y esa es la prioridad, los temas de inmigración y de acuerdos internacionales pueden pasar a un segundo plano".
Mientras Luisa ve en Obama una tabla de salvación, sus compatriotas colombianos ven un alto en el camino para materializar el Tratado de Libre Comercio (TLC), que permanece en vilo junto con los de Panamá y Corea del Sur.
Panorama para Colombia
Obama expresó abiertamente durante toda la carrera presidencial su oposición al Tratado de Libre Comercio (TLC) con Colombia.
Para el Presidente electo, mientras Colombia no respete los derechos humanos y continúe la violencia contra los sindicalistas no cambiará de opinión. Incluso afirmó que el TLC con México, vigente hace 15 años, requiere una revisión.
Ésta es solo una de las trabas que se encontrará el proyecto para avanzar. Al quedar el Congreso con amplia mayoría demócrata el panorama se complicará aún más, de allí que no fuera posible su aprobación en la administración del presidente saliente, George W. Bush, por el rechazo del órgano legislativo.
Para la profesora de ciencias políticas de la Universidad de los Andes, Sandra Patricia Borda Guzmán, el Plan Colombia también sufrirá modificaciones con el nuevo gobierno: "Creo que tendrá más condicionamientos y la ayuda que obtengamos de E.U. hará menos énfasis en lo militar y mucho más en temas de carácter social. Además, con crisis económica a bordo es muy posible que la cantidad de dinero se reduzca considerablemente".
Martha Ardila, experta en asuntos hemisféricos e investigadora de la Universidad Externado de Colombia, está de acuerdo con Sandra y prevé una disminución en los recursos por la actual situación económica.
Sin embargo, es más optimista y resalta que la elección de Obama traerá a colación temas relegados durante años y que son asuntos sensibles a nivel internacional como el fortalecimiento de la democracia y el medio ambiente.
El único alivio concreto que se plantea en este contexto es que el plan de preferencias arancelarias Aptdea tendrá vigencia por doce meses más, tiempo que servirá para continuar acercamientos y demostrarle, esta vez a Obama, los avances en materia de derechos humanos mientras se mantienen los beneficios arancelarios.
Y es que las exportaciones colombianas a E.U. van en aumento. Según cifras del Ministerio de Comercio, las ventas en ese país han aumentado 55,6 por ciento respecto al año anterior, para una cifra de 10.074 millones de dólares.
Si bien la perspectiva no es fácil para Colombia tampoco es misión imposible. El reto es demostrar avances en seguridad democrática y defensa de los d.h., y conservar las buenas relaciones con la primera potencia del mundo.
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