En el medio escolar, el bullying ya no resulta ser un término desconocido ni un tema al que se presta poca atención. Sin embargo, actuar frente a esta situación no es labor exclusiva de los colegios, es un trabajo que debe hacerse también desde la familia.
Hay que empezar entonces por definir qué es el bullying o acoso escolar, como también es conocido. De acuerdo con Natalia Cárdenas Zuluaga, coordinadora de extensión académica y del Centro de Psicología Empresarial del CES, el bullying es todo abuso físico y emocional que se ejerce entre los escolares y tiene tres características.
Es intencional, es decir que el objetivo del acosador es herir a la otra persona. Es repetitivo y siempre hay una desigualdad de poder, lo que significa que el acosador siempre escoge la víctima que percibe como vulnerable.
Frente a este tipo de maltrato, hay algunas manifestaciones a las que tanto padres como profesores deben estar atentos. En el aspecto físico, la víctima puede ser objeto de puños, patadas o empujones. Verbalmente, puede recibir continuos gritos, apodos o insultos. Existen también otras formas de abuso que se hacen de forma indirecta, entre las que están ignorar, excluir, generar chismes o decir mentiras de la otra persona.
¿Cómo identificarlo?
Padres, si ustedes sospechan que su hijo es víctima del bullying o que tal vez es él quien lo ejerce sobre sus compañeros, preste especial atención a las señales de las que habla Natalia Cárdenas.
Si sobre su hijo recae este tipo de acoso esto es lo que se puede presentar: daños y/o pérdida inesperada en ropa y cosas personales, marcas en el cuerpo, pérdida de amigos y cambio de amistades, resistencia a participar en actividades grupales, pérdida de interés en sus actividades favoritas, repentinos cambios de humor, problemas de alimentación, de sueño u otras quejas físicas. Cambio en el rendimiento académico y pensamientos de suicidio.
Por su parte, los padres pueden identificar que sus hijos son acosadores cuando presentan: mal humor, son inflexibles, autoconfidentes, no les gusta seguir las reglas, pueden cortar la empatía y disfrutar generando dolor en el otro, actuar agresivamente ante situaciones tranquilas, tener creencias que apoyen la violencia y les gusta controlar a los otros.