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“Acuerdo nacional es para tranquilizar ánimos y estrategia útil, pero no sirve mucho”: Gaona

Así lo dijo el abogado Mauricio Gaona durante el lanzamiento de su libro La Constitución soy yo el pasado viernes en Medellín. Habló sobre la elección presidencial de este 31 de mayo.

  • Mauricio Gaona se hizo conocido en Colombia cuando alertó que Petro impulsó una consulta popular en junio de 2025. FOTO EL COLOMBIANO
    Mauricio Gaona se hizo conocido en Colombia cuando alertó que Petro impulsó una consulta popular en junio de 2025. FOTO EL COLOMBIANO
  • “Acuerdo nacional es para tranquilizar ánimos y estrategia útil, pero no sirve mucho”: Gaona
  • “Acuerdo nacional es para tranquilizar ánimos y estrategia útil, pero no sirve mucho”: Gaona
  • “Acuerdo nacional es para tranquilizar ánimos y estrategia útil, pero no sirve mucho”: Gaona
  • “Acuerdo nacional es para tranquilizar ánimos y estrategia útil, pero no sirve mucho”: Gaona
  • “Acuerdo nacional es para tranquilizar ánimos y estrategia útil, pero no sirve mucho”: Gaona
Luz María Sierra

Directora de EL COLOMBIANO.

hace 46 minutos
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Como una advertencia sobre lo que se juega Colombia este año en las elecciones presidenciales, el académico y abogado Mauricio Gaonapresentó el viernes pasado su libro La Constitución soy yo (Planeta), donde recoge la investigación comparada que ha hecho durante varios años sobre países que han perdido la democ racia: no bajo la bota militar, sino con atajos legales para desmontar las instituciones desde adentro del poder.

Gaona —hijo del magistrado Manuel Gaona, asesinado durante la toma del Palacio de Justicia por el M-19 en 1985— se ha convertido en una piedra en el zapato para los devaneos autocráticos del presidente Gustavo Petro.

En diálogo con EL COLOMBIANO habló sobre la tesis de su obra, que alerta el peligro de que “la norma es el arma que desmantela la democracia” y de que es “una advertencia histórica”. Así mismo, se refirió a la insistencia del presidente Gustavo Petro en querer hacer una Asamblea Constituyente y lo comparó con Venezuela cuando modificaron el orden constitucional en tiempos de Hugo Chávez y luego con Nicolás Maduro.

Le puede interesar: “La Constitución se cambia por necesidad histórica, no por capricho”: Mauricio Gaona.

¿Por qué publica este libro justo ahora, a 15 días de la primera vuelta electoral?

“Yo sentí esa necesidad cuando lo estaba escribiendo. De hecho, hubiera podido seguir escribiendo, pero en la parte final del libro dice: ‘Una advertencia histórica’. Y cuando yo lo estaba escribiendo dije: ‘Si me demoro más, va a ser una historia’. Todavía se puede advertir. Espero que las cosas, faltando una semana, den un giro”.

¿Iba a ser un epitafio de la democracia?

“Esa sería una una reflexión importante. Yo sentí esa necesidad por la forma en que los acontecimientos se están desarrollando. De todos modos, como te conté en ese momento, yo vi unas cifras y siguen apuntando hacia allá. Mi preocupación es simplemente que veo una situación en Colombia y en particular de la oposición que no es la ideal para el reto institucional y constitucional que enfrenta el país. Me pareció que el riesgo es inminente, que es importante y que espero que se resuelva positivamente, pero cada uno tenemos que hacer algo y uno como académico lo que hace es dictar clase, investigar o escribir un libro. Y ahí está mi grano de arena”.

¿De dónde salen las reflexiones de ese libro?

“Inicialmente, como yo desarrollé gran parte de mi vida académica fuera de Colombia, la mayoría de mis publicaciones están en otros idiomas. Entonces la publicación que se llama Democratic Blending, que es el corazón de la tesis del libro, se hizo con la Universidad de Nueva York y la Universidad de Columbia en un journal de asuntos internacionales que ellos tienen.

El libro fue escrito para todo el mundo. No hay que ser abogado. La idea es que le llegue a la gente y las voces no son las de Mauricio Gaona, las voces son las de la historia. Es un viaje a través del tiempo, incluso nuestra historia republicana: la batalla entre la espada y la pluma, entre Bolívar y Santander, que no era tan distinta a la de hoy, pero con unos matices diferentes. Y lo aterrizo en toda América Latina y en otros países que de los cuales vienen estas enseñanzas. Le explico a la gente que suele presentarse como una narrativa de la derecha decir que es el castrochavismo, que es como tratan de caracterizar la situación. Eso no viene de ahí. Es una tendencia que está en el mundo”.

¿En qué momento usted dijo que había un patrón en todas estas dictaduras y que era lo que está pasando en Colombia?

“Hay un punto de quiebre. La primera era el uso del populismo para acceder al poder. Yo vi todas las propuestas simples para problemas complejos. Por ejemplo, el tren del Darién que nunca se construyó y el túnel que iba a ir hasta Nueva York. La segunda situación fue ver personas con cierta credibilidad social e institucional, apoyando ese proyecto. Ahí dije: ‘Estamos en un nivel donde la alteración de la percepción del votante ha tenido éxito’. Entonces tuvieron éxito la narrativa de la historia: ‘Esto nunca ocurrió, nosotros somos víctimas, como ustedes hemos sido víctimas, ellos son los malos, esta es la solución simple y el problema no es complejo’”.

¿A quiénes se refiere con esas personas con credibilidad?

“Lo vi en todos los ramos: lo vi en la academia, en el gobierno y en los medios. Personas respetables con una credibilidad, independientemente de su ideología. El libro no es un examen contra la izquierda. Es decir, la izquierda colombiana es particular porque es una izquierda violenta, viene de la guerrilla, de la violación del Estado, pero la historia de la izquierda en otras partes del mundo es diferente. Por lo menos en Francia y en Canadá, hay otro tipo y trabajan incluso con la derecha”.

Tal vez la izquierda violenta no ha dejado ser a la verdadera izquierda...

“Exactamente aquí. Esta es una izquierda oportunista, no ideológica. Y la otra izquierda ideológica radical, es la más peligrosa, naturalmente, para cualquier nación en el mundo. Esto es una defensa de la Constitución, independientemente de quien la está atacando: la Constitución y la ley se respeta y todos la tienen que respetar. Ese era el mensaje original, pero comencé a ver cuando el votante comenzó a despertarse y se restableció.

Eso ocurrió cuando la complejidad de los problemas comenzó a salir por todas partes y la simplicidad de la propuesta no servía. Lo vi cuando inició el ciclo de culpas que se describe en el libro, que es cuando la gente se da cuenta que lo que prometieron no va a ocurrir. La prensa es la primera que se da cuenta y le recuerda: ‘Pero usted dijo esto y estos son los resultados’. Y señalan que la culpa es de la prensa y que la crítica es la que está mal. También que la culpa es de las cortes porque no dejan hacer, de los congresos porque son el bloqueo, de la oposición porque no me dejaron pasar mis proyectos. O de la Constitución y entonces hay que cambiarla”.

En los países que usted ha evaluado, ¿cuales son de derecha y cuáles son de izquierda?

“Analizo casos como el de El Salvador, que es de derecha. Siendo objetivo y diciendo que hay unos resultados de seguridad muy eficientes que son incuestionables, pero también hay un tema de derechos humanos muy complicado y él hizo un democratic blending, por lo menos para asegurarse que lo reeligieran indefinidamente como presidente. El otro es el de Filipinas.

El libro analiza la paradoja que existe entre decir que la culpa es de la Constitución, cuando fue la Constitución la que les permitió llegar al poder y cuando tomaron posesión el juramento era respetarla y defenderla, no cambiarla. Y muchos hacen promesas de que no la van a cambiar y lo terminan haciendo. Como en lo casos lejanos de Sri Lanka o las Filipinas, donde han sido regímenes de derecha.

Entonces no tiene que ser necesariamente izquierda o derecha, aunque al tratar de eliminar la fuerza ideológica y doctrinal del argumento, utilizan la palabra castrochavismo. Y de todos modos ahí también pierden porque eso no es una teoría. ¿Cuál es el país más pobre del hemisferio? Haití y Cuba. ¿Y qué pasó en Cuba?”.

Anoche estaban rebotados todos los cubanos, salieron e incendiaron cosas...

“Yo defino la historia de Cuba en una frase: bajo la promesa de distribuir riqueza, terminaron distribuyendo pobreza y acabaron con la nación y la gente vive en condiciones de miseria. Cualquier persona puede viajar a Cuba y verlo.

¿Qué ocurrió en Venezuela? Eso no es la tesis del castrochavismo. Hay una forma muy fácil de probarlo: no miren mi libro, veamos los reportes de la Agencia de Naciones Unidas de Refugiados. Son ocho y medio millones de venezolanos caminando por el mundo buscando un hogar. Yo creo que hay ocho y medio millones de testimonios que nos dicen que algo no salió bien, porque si la tercera parte de la población se fue por entrar en un régimen, entonces ya no son ideas.

Yo tuve la oportunidad de entrenar por invitación del Gobierno de Francia a fiscales venezolanos en Caracas durante el régimen de Chávez. Me acuerdo que la frase que la gente decía cuando yo estaba allá era que ‘eso aquí no va a pasar nunca’, ‘esto no es Cuba’ y después cuando Maduro dio el golpe de Estado, era lo mismo. ‘Aquí no va a pasar’ y cuando pasó, la gente salió a las calles y así salieron los militares a pararlos. Lo he visto en el terreno, en la academia, en la investigación y a través del mundo”.

En Colombia con lo que han hecho las Cortes, el Congreso, la Fiscalía, la Registraduría y los medios, ¿cree que todavía hay algo de esperanza o eso es muy fácil de derrotar rápido con un eventual segundo gobierno del petrismo?

“Si lo miramos desde el punto de vista del libro, estamos en esa etapa que se llama la metamorfosis de la voluntad, cuya ecuación consiste en sustituir el imperio de la ley por el imperio de la voluntad del gobernante y utilizando el disfraz del pueblo. Cuando Hugo Chávez lo dijo en marzo de 2006 y después Maduro en 2013, en Miraflores se había utilizado la misma expresión de la línea de ‘yo soy el pueblo’, ‘yo represento al pueblo’ o ‘el pueblo me puso acá, yo estoy haciendo lo que el pueblo quiere’. La ciencia que se ha establecido sobre esa tesis dice que esos actos reflejan al pueblo, no la voluntad de los dictadores.

Entonces esa narrativa populista comienza a combinarse con la autoritaria que ahora, si nos movemos a la segunda fase, que es la metamorfosis de la Constitución y aquí es la sustitución de la norma de normas por la voluntad del dictador, se trata simplemente de eliminar los límites. Estos son, por ejemplo, cuando la Corte Constitucional le dice no a un decreto de emergencia económica, le dice al presidente que eso no se puede porque es inconstitucional o el Consejo de Estado dice que algo no se puede porque es ilegal. En ese caso, los magistrados están cumpliendo con la con lo que la Constitución de 1991 les dijo que tenían que hacer.

Acá el Gobierno quería pasar una consulta popular y el Senado dijo no, pero trataron de sacar un decreto saltándose al Senado, utilizando un disfraz de una jurisprudencia clásica de los Estados Unidos. Con eso se logró desmantelar cuál era la intención real detrás de la consulta popular. Eso no tiene nada que ver con ninguna consulta popular y me di cuenta que iban es por una Asamblea (Nacional Constituyente)”.

Que fue parecido a lo que pasó en Venezuela con la Constituyente de Maduro en 2017, ¿no?

“Esa es mi preocupación. En 2017 Maduro era un presidente legítimamente constituido, al menos la primera elección. Pero para la segunda sabía que no tenía el caudal político para ganar, sobre todo porque el Congreso en Venezuela lo controlaba la oposición. Entonces él encontró también ese bloqueo y la Corte Suprema de Justicia de Venezuela no le estaba dando paso al referendo de la forma en que ellos querían. Colocaba una serie de requisitos que ellos no cumplían. Y lo que hicieron fue cambiarla y llamarla Tribunal Superior de Justicia y, a través del poder de nominación, fueron metiendo magistrados leales al Gobierno. Y cuando tenía el suficiente número, sacaron una jurisprudencia reformando la Constitución por vía de una sentencia diciéndole que sí podía hacer todo lo que quería y le dieron vía libre a que convocara la Asamblea Nacional Constituyente.

Esa Constituyente le dio poderes originarios, como la que quiere este gobierno (en Colombia). Entonces pueden cambiar todo: reelecciones inmediatas y eliminar los controles: para afuera la Corte y cerraron el Congreso. Eso no es castrochavismo. Eso es dictadura y está ahí. Hace parte del récord histórico. No es una imaginación: eso ocurrió y al cerrar el Congreso se abrogaron todos los poderes para hacerlo con leyes contra el odio y contra la libertad de prensa, con las que comenzaron a cerrar medios de comunicación y arrestaron periodistas nacionales e internacionales”.

¿Usted que el Gobierno Petro se ha inspirado en lo que hicieron en Venezuela para hacer lo que está haciendo?

“Estamos en ese punto de inflexión similar, donde vamos a ver si llegan hasta allá, pero nosotros estamos más avanzados porque aquí hay una propuesta de Asamblea Constituyente clara en lo que dice. Eso no es que uno se imagine, la pueden mirar en la página de la Presidencia. Esa propuesta es similar a lo que se hizo en Venezuela y los momentos son similares. Pero defiendan su democracia: cada uno de ustedes tome la frase que más le inspira y compártala, porque tenemos diecisiete días para tener esta República.

La libertad tiene un costo muy grande y el límite ontológico y natural del poder es la libertad. Entiendo que hay muchas personas que están gozando de los beneficios que el populismo les ha dado, eso también ocurrió en Venezuela, como con el incremento del salario mínimo antes de elecciones. Esos incrementos ayudaron a los votos, pero seis meses después el Bolívar se devaluó 1.000 %”.

¿Qué fue lo que pasó en Bolivia, que usted señala que no fueron hasta el final?

“Porque el caso boliviano encontró resistencia en las Cortes y la prensa también hizo su rol junto con la internacional. Allá la sentencia de una de las altas cortes decía que si a Evo Morales no se le permitía la reelección se le violaban los derechos humanos. Pero el país resistió. El libro habla en el capítulo tercero de disenso constitucional, que es de dos tipos: el institucional, que es la oposición, y el social, que es la libertad de prensa. Si no se tienen esos dos, que son parte del sistema inmunológico de la democracia y que alertan al sistema constitucional, algo está en peligro”.

El candidato Iván Cepeda dice que no le interesar la Constituyente, sino un “acuerdo nacional”. ¿Ve ese acuerdo nacional como una forma de llegar al mismo punto?

“Es un tema de percepción de la realidad y el político más hábil sabe categorizar frases que ocultan realmente el proyecto político. La frase el acuerdo nacional es una forma de tranquilizar los ánimos y una estrategia muy útil, pero no sirve mucho cuando las acciones revelan la intención y las palabras solo sirven para disfrazarla. Si vamos a hacer ese acuerdo nacional, no debería haberse hecho antes de inscribir una Constituyente, porque el primer acuerdo es si cambiamos o no la Constitución. La victoria que han tenido aquellos que hacen estos procesos de democratic blending es controlar la narrativa de la historia, contar una historia que no ocurrió para impedir que el presente se desarrolle en forma diferente”.

¿Siente que es paradójico que la historia lo traiga de nuevo a Colombia para dar una batalla fuerte ante a un Gobierno, como la que dio su padre (magistrado Manuel Gaona) ante el narcotráfico?

“Si fuera el caso, le pediría a los jóvenes que las ideas quedan ahí. Yo me puedo ir, pero las ideas quedan, pero no voy a dejar de decir lo que tengo que decir ni tengo miedo. Tampoco soy la única voz que está hablando, pero sí me gustaría que más gente comenzara a hablar. Así como en el momento en que el populismo convenció a muchos colombianos de que esa era la ruta y los hechos nos están mostrando que no era, llega un momento en que los adultos tienen que salir y decir que está bien y qué está mal. Le pido a los exconstituyentes, a los constitucionalistas y a las personas que conocen el derecho constitucional que es el momento de hacer respetar la Constitución y la ley.

La preocupación que tengo es que no podemos dejar que sigan secuestrando la historia y con ello también el futuro. Llegó el momento de comenzar a decir las cosas como son y tenemos 17 días los colombianos para defender su democracia y su República”.

¿Cómo decirle “no” (con la Constituyente) a una persona que, como Gustavo Petro, toda la vida ha luchado contra los “no” (a sus aspiraciones a congresista, alcalde y presidente)?

“Una persona que en algún momento de su vida pensó que las armas eran la solución de los problemas, muestra algo en su carácter. No creo que él tenga estatura moral, constitucional e institucional y creo que el lugar que le corresponde es el que le entregará a la historia: el de la infamia. Cuando se hizo el diseño arquitectónico y constitucional de las democracias alrededor del mundo, eso lo hicieron hombres honorables. Existía una forma, una necesidad, una lucha y una idea de la libertad que invocaba precisamente esos momentos. Es muy fácil identificar cuando un líder es una persona honorable. Lo que usted ve es desarrollo y cuando no lo es, lo que usted ve es pobreza, crisis y simplemente la obsesión de ese líder no es resolver los problemas, sino quedarse en el poder por el poder, que eso es lo que estamos discutiendo acá”.

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