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Cuando saludar se vuelve noticia

21 de mayo de 2010
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Un simple saludo puede ser mágico: con uno de los conductores de la ruta 174 de Belén, Jhon Osorio aprendió que la cortesía es contagiosa.

Hace una semana Jhon paró la buseta de Belén, a dos cuadras del San Vicente. Y lo que parecía un recorrido rutinario, se convirtió en un momento de reflexión y paz.

Al subir al vehículo, escuchó que alguien le decía algo, pero siguió derecho y después de pagar su pasaje se sentó unas dos sillas detrás del conductor.

Comenzó el recorrido y a lo largo de la avenida Oriental, el chofer se detuvo un par de veces. Fue ahí cuando Jhon descubrió que a cada persona le decía "buenas noches".

"Eso fue lo que a mí me dijo al subirme y no le respondí nada".

El conductor siguió saludando a todo el que entraba y una señora que se sentó al lado de Jhon con cara de sorpresa, dijo: "ese señor lo saluda a uno".

Juntos miraron al conductor que parecía tener entre 40 y 45 años. Sin saberse observado seguía con el ritual de bienvenida sin ninguna pretensión o pose.

Quienes se subían no sabían cómo responderle, era una situación inusual, ya que las quejas a los conductores y sus modales son como una regla tácita que no deja esperar acciones corteses de ninguno de estos empleados.



El contagio
"La buseta dejó de ser un carro para convertirse en el primer espacio diferente (...) Todos nos volvimos cómplices de la buena energía del señor".

Extrañamente quienes se bajaban del vehículo no lo hacían por la puerta de atrás, sino que, con toda la calma, la decencia y cultura, decían: "me deja en la esquina por favor". El señor se detenía y, mirándolo, terminaban dándole las gracias.

Fue un momento lleno de honestidad para los pasajeros que, sin saber cuáles eran los motivos de conductor para saludar a cada uno, fueron cambiando de cara.

"Casi todos padecemos el viajar en unos buses que parecen pesebres, con música que no nos gusta, a un volumen que aturde, donde el que maneja es una parte más de la máquina, que no le interesa sino que pases la registradora, pagues con menuda y te corras para atrás para seguir llenando el cupo".

Sin embargo, los pasajeros con destino final Belén encontraron un oasis. A pesar del cansancio, se les cambió el rostro esa noche de viernes.

Camino a su casa, Jhon quiso hacer un experimento: empezó a compartir sus "buenas noches". Las primeras fueron unas señoras que lo miraron con cara de "este loco", pero sin sentirse vencido, siguió.

Muchos se quedaron mirando, igual que él y los pasajeros del bus.

Pero, sin preocupaciones e intoxicado con esta nueva actitud, Jhon continuó su camino, pensando: "la semilla de este conductor ya empezó a dar frutos".

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