Jesús Tobón interpreta su saxofón a más de 4.800 metros sobre el nivel del mar en el Nevado del Ruiz. Sus notas retumban en el glaciar, el eco rodea a la gente, le pone la piel de gallina a más de uno y a otros les roba una lágrima, porque las notas los llevan a la reflexión.
Todo comienza en el paso de la noche al amanecer. Son las cuatro de la mañana y un bus lleno de personas que tienen sueño y ansiedad, se dirige hacia las estrellas, hacia la luna llena.
Unos 40 minutos más tarde un letrero en la carretera informa que el Nevado del Ruiz está a 35 kilómetros, llenando de emoción a los visitantes que partieron a las 10 de noche del día anterior desde Medellín. El bus comienza a subir la montaña, algunos van dormidos.
De repente en medio de la oscuridad, Carlos Alberto Vélez, el guía, aconseja abrir las ventanas del bus para recibir el frío a 3.200 metros de altura, "entre más capotiemos el frío, mejor nos va", afirma él para desperezarnos un poco. No hay necesidad de encender las luces del bus, la luna se encarga de iluminar y mostrar el paisaje de postal que solo se ve allí.
En las partidas de Murillo a 3.960 metros sobre el nivel del mar, Carlos nos invita a bajar del bus y a respirar el aire fresco mientras que nos cuenta que desde ese punto y tomando el camino a la izquierda está a 96 kilómetros el recordado y trágico Armero.
Sigue la otra estación, Brisas, a 4.050 msnm. Allí está la entrada principal del Nevado. Los guías del Parque Nacional dan instrucciones para poder entrar a la montaña y cuentan con un poco de tristeza que en unos 20 o 30 años desaparecerá el glaciar, como ha pasado con otros.
El recorrido sigue, y a más altura, el aire se vuelve más comprimido, la respiración se dificulta y los movimientos deben ser más lentos. Carlos, nos aconseja respirar como bebes (con el estómago), y nos recuerda que no sabemos respirar, "se respira con el estómago, no con el diafragma".
Hay una nueva estación en Aguacerales a 4.070 metros, un guía del Nevado nos cuenta que el parque es el único en Colombia con la carretera más alta para subir en carro. La parada es para aclimatar (adaptar el cuerpo a ese cambio climático que es más frío) y para enseñarnos más sobre el páramo.
El viaje avanza y la próxima estación es inolvidable. Allí Carlos Alberto Duque, o Cabeto como es llamado este guía de alta montaña, invita a los turistas a formar un círculo para demostrar que la energía existe.
Es increíble, con la unión de todos los visitantes, el frío es más llevadero y se siente un ligero calorcito. Estando así, Jesús, quien hace 17 años toca el saxofón frente a la imponente montaña desafiando la dificultad para respirar, empieza a llenar el espacio con la música. Con la primera interpretación le rinde un homenaje a quienes se fueron: es que estando allí es más fácil sentir que se está en las alturas.
El de la idea de los conciertos de luna llena fue Cabeto. "Los muertos trascendentales no se entierran, se siembran", cuenta con un tono místico.
El concierto sobre el gigante blanco, es un espacio de reflexión, la armonía llega con las notas del saxofón, la emoción es inevitable, las lágrimas de los visitantes aparecen pero se esfuman para seguir caminando y disfrutar de esa majestuosidad que nos regala la naturaleza, es un lugar al que cualquiera no puede llegar y el privilegio de poder estar allí invita a darle gracias a la vida por tremendo regalo.
El saxo queda atrás y el camino se acerca a la cima, a la cumbre más alta de la cordillera central que tiene un copo de nieve. Es un lugar mágico. Allí el frío se olvida. Lo único que existe son los ojos para disfrutar.
Es hora de descender pero el viaje no termina ahí. Para compensar tremendo frío el bus se dirige a los termales de Otoño, en Manizales, en la Serranía de Tesorito. Nada mejor para descansar y prepararse para un regreso cargado de recuerdos para atesorar.
Pico y Placa Medellín
viernes
3 y 4
3 y 4